/ jueves 12 de septiembre de 2019

AMLO, discurso bipolar

El afán del ser humano por comunicar lo llevó a crear mecanismos de todo tipo para dar a conocer sus ideas a los demás, desde la escritura, que fue un parteaguas en la historia de mensajería instantánea.

Cada día los gobiernos generan y emplean una gran cantidad de información digital, por lo que es obligatorio implementar soluciones con tecnología de punta que garanticen seguridad y eficiencia en el manejo de los datos.

La gran promesa del gobierno de AMLO fue el cambio de régimen, la 4T, conducido desde su liderazgo personalizado.

Pero, ¿sabemos realmente en qué consiste? ¿Cuál es su perfil ideológico y programático y cuál es la ruta estratégica para lograrlo?

Quizás el rasgo más claro del cambio de régimen sea su política de comunicación social, que es un nuevo estilo personal de gobernar.

El presidente da la cara todos los días; ocupa permanentemente el espacio público, colocándose cerca de la gente y ello le da un enorme margen para fijar la agenda pública y también para definir cómo deben interpretarse los acontecimientos.

Esta aprobación asimétrica del espacio público ha mostrado a un presidente trabajador y comprometido con fijar sus posturas, pero intolerante frente a la crítica y algunos de sus legisladores de sus partidos satélites ya tomaron nota.

Un diputado propuso hace días que se regule la libertad de expresión para ponerle frenos a los medios que responden a intereses privados y de derecha.

¿Eso es separar lo público y lo privado?

¿Así se quiere definir al gobierno como de izquierda?

Proponer reglamentar la censura para domesticar a la prensa está frontalmente reñido con la libertad de expresión.

Puede ser que no se preopere esta grotesca iniciativa, pero queda abierta la pregunta si la incomodidad del gobierno con el periodismo crítico está modulando "al nuevo régimen".

El 62% de aprobación con la que hoy cuenta AMLO muestra el gran respaldo que tiene la promesa del cambio de régimen.

Valdría la pena que se aprovechara para ofrecernos mayor claridad sobre el perfil del "nuevo régimen".

La cita de AMLO confirma que la agenda para avanzar en uno u otro sentido, para conservar "la virtud y fortuna" de la que hablaba Nicolás Maquiavelo es corta y precisa: garantizar la seguridad, la pública y la jurídica; impulsar las inversiones nacionales y extranjeras, y lograr que el crecimiento sea lo suficientemente fuerte como para garantizar sus programas sociales sin devorar con ellos el presupuesto nacional.

Con estas tres premisas, más allá de diferencias políticas e ideológicas, se puede trabajar sobre una base común con la enorme mayoría de los mexicanos.

La nueva administración tendrá que tomar en serio lo que pasó de largo para muchos.

Pero se nos encendió una intensa luz roja, algunos han señalado que se desmanteló una parte operativa muy importante del SAT.

Es probable que en el tercer trimestre del año todavía tengamos un desempeño económico peor en el segundo trimestre, cuando el crecimiento fue cero.

No hay que perder de vista que la economía es como un gran ferrocarril donde se toman acciones para incentivar la actividad, tardará un tiempo en tener efecto.

Echar a andar o frenar a un tren lleva su tiempo.

Hay que ir pronto por una reforma fiscal antes de que la cuarta transformación vaya a descarrilarse y a naufragar.

Nadie espera que un presidente de la República resuelva con éxito la principal promesa de su campaña en apenas nueve meses.

La gente espera señales de compromiso y un plan de navegación.

Sería magnífico que los dichos de AMLO fueran ciertos, pero es evidente que no es así y por eso resulta preocupante aseverar que en México ya hay un pleno Estado de derecho y se ha terminado la corrupción y la impunidad.

El afán del ser humano por comunicar lo llevó a crear mecanismos de todo tipo para dar a conocer sus ideas a los demás, desde la escritura, que fue un parteaguas en la historia de mensajería instantánea.

Cada día los gobiernos generan y emplean una gran cantidad de información digital, por lo que es obligatorio implementar soluciones con tecnología de punta que garanticen seguridad y eficiencia en el manejo de los datos.

La gran promesa del gobierno de AMLO fue el cambio de régimen, la 4T, conducido desde su liderazgo personalizado.

Pero, ¿sabemos realmente en qué consiste? ¿Cuál es su perfil ideológico y programático y cuál es la ruta estratégica para lograrlo?

Quizás el rasgo más claro del cambio de régimen sea su política de comunicación social, que es un nuevo estilo personal de gobernar.

El presidente da la cara todos los días; ocupa permanentemente el espacio público, colocándose cerca de la gente y ello le da un enorme margen para fijar la agenda pública y también para definir cómo deben interpretarse los acontecimientos.

Esta aprobación asimétrica del espacio público ha mostrado a un presidente trabajador y comprometido con fijar sus posturas, pero intolerante frente a la crítica y algunos de sus legisladores de sus partidos satélites ya tomaron nota.

Un diputado propuso hace días que se regule la libertad de expresión para ponerle frenos a los medios que responden a intereses privados y de derecha.

¿Eso es separar lo público y lo privado?

¿Así se quiere definir al gobierno como de izquierda?

Proponer reglamentar la censura para domesticar a la prensa está frontalmente reñido con la libertad de expresión.

Puede ser que no se preopere esta grotesca iniciativa, pero queda abierta la pregunta si la incomodidad del gobierno con el periodismo crítico está modulando "al nuevo régimen".

El 62% de aprobación con la que hoy cuenta AMLO muestra el gran respaldo que tiene la promesa del cambio de régimen.

Valdría la pena que se aprovechara para ofrecernos mayor claridad sobre el perfil del "nuevo régimen".

La cita de AMLO confirma que la agenda para avanzar en uno u otro sentido, para conservar "la virtud y fortuna" de la que hablaba Nicolás Maquiavelo es corta y precisa: garantizar la seguridad, la pública y la jurídica; impulsar las inversiones nacionales y extranjeras, y lograr que el crecimiento sea lo suficientemente fuerte como para garantizar sus programas sociales sin devorar con ellos el presupuesto nacional.

Con estas tres premisas, más allá de diferencias políticas e ideológicas, se puede trabajar sobre una base común con la enorme mayoría de los mexicanos.

La nueva administración tendrá que tomar en serio lo que pasó de largo para muchos.

Pero se nos encendió una intensa luz roja, algunos han señalado que se desmanteló una parte operativa muy importante del SAT.

Es probable que en el tercer trimestre del año todavía tengamos un desempeño económico peor en el segundo trimestre, cuando el crecimiento fue cero.

No hay que perder de vista que la economía es como un gran ferrocarril donde se toman acciones para incentivar la actividad, tardará un tiempo en tener efecto.

Echar a andar o frenar a un tren lleva su tiempo.

Hay que ir pronto por una reforma fiscal antes de que la cuarta transformación vaya a descarrilarse y a naufragar.

Nadie espera que un presidente de la República resuelva con éxito la principal promesa de su campaña en apenas nueve meses.

La gente espera señales de compromiso y un plan de navegación.

Sería magnífico que los dichos de AMLO fueran ciertos, pero es evidente que no es así y por eso resulta preocupante aseverar que en México ya hay un pleno Estado de derecho y se ha terminado la corrupción y la impunidad.

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