/ miércoles 3 de julio de 2019

Cambio de paradigmas

En uno de mis cotidianos traslados por la ciudad, detenido en un céntrico crucero mientras esperaba la luz verde, de pronto cayó una lluvia de rosas cubriendo la calle. Hermosas rosas de color rosa pálido que enmarcaban con encanto el paso de una atractiva transeúnte. El suceso llamó momentáneamente mi atención, pues en ese instante el semáforo cambio la luz roja por la verde y tuve que continuar mi camino.

El complicado tráfico relegó de mi conciencia aquel sorprendente acontecimiento y no fue sino hasta horas después que reflexioné sobre aquel insólito evento. ¿Lluvia de rosas en pleno centro de Xalapa? Todo debió ser obra de mi estrambótica imaginación, o bien obra de mi maltrecho cerebro que confunde realidad con ficción. Puesto que no es posible que en este mundo tan ordenado y regular, regularidad muy bien descrita por las ciencias naturales y las exactas, puedan tener lugar fenómenos como el descrito.

—Pero Mané, todavía no entiendes que las ciencias nunca podrán proporcionar una descripción completa de la realidad pues, según los grandes físicos contemporáneos, el universo es cualitativamente infinito; constantemente está creando nuevas realidades y la experiencia humana es limitada, por lo que nunca podrá abarcarlo todo. La realidad siempre desborda el conocimiento, por muy científico que éste sea.

—¡Don´t panic, carnal!— replica tranquilamente Mané, mientras se mete entre pecho y espalda un sorbo de su helado de pistache y nuez. En nuestro mundo cotidiano, éste que hace posible nuestra existencia, no es el único posible, ¿qué no has oído de las teorías que postulan la existencia de universos paralelos? En uno de ellos Mané está aquí conversando contigo, pero hay otros que surgen de las bifurcaciones constantes por las que transita el mundo. Una de esas posibles bifurcaciones en mi vida se dio cuando fui invitado por la flota a consumir peyote y, por circunstancias ajenas a mi voluntad, no pude asistir al encuentro con la planta sagrada, pero el otro Mané, que siguió el sendero de su vida en otro universo paralelo a éste, si consumió el brebaje y quién sabe que será de él en ese otro universo paralelo en que le tocó vivir. En lugar de helado de pistache quién sabe qué estará consumiendo.

Lo más trascendente en nuestra imagen científica del universo es cuando se produce un cambio de paradigma, cuando el marco epistémico y nuestra concepción misma del universo sufre un vuelco. Algunos denominan a estos cambios paradigmáticos “revoluciones científicas”. Así por ejemplo, el paradigma aristotélico sobre el mundo, que consideraba al universo dividido en dos: el mundo terrenal y el celestial, donde regían diferentes tipos de “leyes”. La ciencia moderna rompe con esta concepción del mundo y, en su paradigma inicial —mecanicista y determinista— postula el principio de que las leyes físicas que rigen el comportamiento de la materia son las mismas en cualquier punto del universo y que el espacio es isotrópico (con las mismas propiedades en todas direcciones) y el tiempo homogéneo a lo largo y ancho del mundo existente, de manera que tiene sentido hablar del estado del universo en este instante. Toda causa tiene un efecto, y nada surge de la nada; la materia está en continua transformación, añadiendo que hay dos “sustancias” que componen el mundo material: materia y energía. Más aún este mundo es cognoscible y evoluciona de manera determinista: el futuro estado de un sistema material puede predecirse sin error a partir del conocimiento de su estado presente y las ecuaciones que describen su evolución. Uno de los aportes fundamentales que noquearon el paradigma determinista fue el descubrimiento de que el devenir del universo es incierto; hay una incertidumbre intrínseca en los procesos físicos. De tal modo que ya no es posible predecir con total precisión el futuro estado de un sistema físico, más que bajo condiciones muy restringidas.

—¡Qué gruecso, Mané!, ¿Y ahora, cómo va la cosa?

En todo momento, en las diversas ciencias, hay varios paradigmas en competencia como en un ecosistema, actuando sobre ésta una especie de selección natural.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

En uno de mis cotidianos traslados por la ciudad, detenido en un céntrico crucero mientras esperaba la luz verde, de pronto cayó una lluvia de rosas cubriendo la calle. Hermosas rosas de color rosa pálido que enmarcaban con encanto el paso de una atractiva transeúnte. El suceso llamó momentáneamente mi atención, pues en ese instante el semáforo cambio la luz roja por la verde y tuve que continuar mi camino.

El complicado tráfico relegó de mi conciencia aquel sorprendente acontecimiento y no fue sino hasta horas después que reflexioné sobre aquel insólito evento. ¿Lluvia de rosas en pleno centro de Xalapa? Todo debió ser obra de mi estrambótica imaginación, o bien obra de mi maltrecho cerebro que confunde realidad con ficción. Puesto que no es posible que en este mundo tan ordenado y regular, regularidad muy bien descrita por las ciencias naturales y las exactas, puedan tener lugar fenómenos como el descrito.

—Pero Mané, todavía no entiendes que las ciencias nunca podrán proporcionar una descripción completa de la realidad pues, según los grandes físicos contemporáneos, el universo es cualitativamente infinito; constantemente está creando nuevas realidades y la experiencia humana es limitada, por lo que nunca podrá abarcarlo todo. La realidad siempre desborda el conocimiento, por muy científico que éste sea.

—¡Don´t panic, carnal!— replica tranquilamente Mané, mientras se mete entre pecho y espalda un sorbo de su helado de pistache y nuez. En nuestro mundo cotidiano, éste que hace posible nuestra existencia, no es el único posible, ¿qué no has oído de las teorías que postulan la existencia de universos paralelos? En uno de ellos Mané está aquí conversando contigo, pero hay otros que surgen de las bifurcaciones constantes por las que transita el mundo. Una de esas posibles bifurcaciones en mi vida se dio cuando fui invitado por la flota a consumir peyote y, por circunstancias ajenas a mi voluntad, no pude asistir al encuentro con la planta sagrada, pero el otro Mané, que siguió el sendero de su vida en otro universo paralelo a éste, si consumió el brebaje y quién sabe que será de él en ese otro universo paralelo en que le tocó vivir. En lugar de helado de pistache quién sabe qué estará consumiendo.

Lo más trascendente en nuestra imagen científica del universo es cuando se produce un cambio de paradigma, cuando el marco epistémico y nuestra concepción misma del universo sufre un vuelco. Algunos denominan a estos cambios paradigmáticos “revoluciones científicas”. Así por ejemplo, el paradigma aristotélico sobre el mundo, que consideraba al universo dividido en dos: el mundo terrenal y el celestial, donde regían diferentes tipos de “leyes”. La ciencia moderna rompe con esta concepción del mundo y, en su paradigma inicial —mecanicista y determinista— postula el principio de que las leyes físicas que rigen el comportamiento de la materia son las mismas en cualquier punto del universo y que el espacio es isotrópico (con las mismas propiedades en todas direcciones) y el tiempo homogéneo a lo largo y ancho del mundo existente, de manera que tiene sentido hablar del estado del universo en este instante. Toda causa tiene un efecto, y nada surge de la nada; la materia está en continua transformación, añadiendo que hay dos “sustancias” que componen el mundo material: materia y energía. Más aún este mundo es cognoscible y evoluciona de manera determinista: el futuro estado de un sistema material puede predecirse sin error a partir del conocimiento de su estado presente y las ecuaciones que describen su evolución. Uno de los aportes fundamentales que noquearon el paradigma determinista fue el descubrimiento de que el devenir del universo es incierto; hay una incertidumbre intrínseca en los procesos físicos. De tal modo que ya no es posible predecir con total precisión el futuro estado de un sistema físico, más que bajo condiciones muy restringidas.

—¡Qué gruecso, Mané!, ¿Y ahora, cómo va la cosa?

En todo momento, en las diversas ciencias, hay varios paradigmas en competencia como en un ecosistema, actuando sobre ésta una especie de selección natural.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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