/ jueves 5 de septiembre de 2019

Caso Winckler: a bayoneta calada

Hace apenas unos días aparentaron “fumar la pipa de la paz”, de hecho, en distintos espacios y ante medios de comunicación, tanto el gobernador Cuitláhuac García como el “hoy suspendido” fiscal Jorge Winckler afirmaron que trabajaban bien, de manera coordinada; presumieron que sólo faltaban detalles para resolver la terrible masacre en Coatzacoalcos. Iban de la mano. Mentiras.

El gobernador García incluso dijo en conferencia de prensa que aunque existían evidentes diferencias políticas con Winckler (en las cuales él se sostenía), los veracruzanos estaban por encima de ellas, y ante eso, lo que seguía era trabajar, sin distraerse en otros asuntos. Otra falsedad.

Hoy, en el marco de casi 700 ejecutados en nueve meses, y con un primer lugar a nivel nacional en feminicidios, además de las barbaries en Minatitlán y Coatzacoalcos, diputados locales de Morena, a través de la Diputación Permanente (sin pasar por el Pleno) suspendieron temporalmente al fiscal Winckler, argumentando que no había actualizado su certificado de control y confianza.

Dejando de lado quién tiene o no la razón, ¿era realmente necesario, en medio de la crisis de inseguridad que vive Veracruz, hacer efectiva la disputa política del gobierno estatal con el fiscal incómodo (y uno de los últimos hombres fuertes de Miguel Yunes) destituyéndolo “a bayoneta calada”, aunque sea de manera “temporal”?, ¿era indispensable? No sé, pero pudieron más el orgullo y las cuentas pendientes.

Los diputados de Morena en el Congreso de Veracruz lógicamente no se mandan solos. Recibieron la anuencia del Ejecutivo estatal para proceder, quien a su vez obtuvo el visto bueno del presidente López Obrador. “Los fiscales a modo obstruyen la justicia, fueron propuestos por gobernadores para garantizar impunidad”, dijo AMLO en La Mañanera, refiriéndose al caso de Veracruz.

Así como Winckler podría haber sido una pieza a modo en el gobierno de Yunes Linares, igual ocurriría (en caso de quedarse) con Verónica Hernández Giadans, quien hasta hace unos días (según los datos) despachaba como directora jurídica de la Secretaría de Gobernación. Si de eso se trata, tan condenable lo de Winckler (en su momento), como lo de la nueva fiscal, en el presente. Misma argucia, distintos tiempos. Todo igual.

Cuando en un estado donde a través de un incendio provocado asesinan a 30 personas (o matan a un menor de edad a balazos en una palapa durante una fiesta), y a pesar de ello, de lo que más se habla (o no deja de hablarse) es de la disputa política entre un gobernador y un fiscal, algo está auténticamente descompuesto. Así se vive en Veracruz.

De manera por demás inédita, y después del “madruguete” a Winckler, cientos de elementos de seguridad estatales (con incrustaciones de la Guardia Nacional), acordonaron las instalaciones de la Fiscalía Estatal. ¡Qué buena falta haría la mitad de estos policías en Coatzacoalcos! Supongo que en el gobierno estatal pensaron que, un puñado de diputados panistas inconformes, serían más peligrosos que la delincuencia en el sur de Veracruz.

Al final del día, en este momento tenemos dos fiscales: uno, (temporalmente suspendido), que no encaja con el gobierno estatal morenista, es decir, “no carnal”, y una encargada de despacho de la 4T, es decir, “carnala”. Todo, por supuesto, enmarcado en una franca disputa política públicamente conocida, mientras los veracruzanos siguen muriendo por la inseguridad desatada.

Por cierto, si Winckler no regresa, ¿a quién culpará frecuentemente el gobernador García?, ¿al pasado? Ya veremos.

alejandroaguirre77@gmail.com

Hace apenas unos días aparentaron “fumar la pipa de la paz”, de hecho, en distintos espacios y ante medios de comunicación, tanto el gobernador Cuitláhuac García como el “hoy suspendido” fiscal Jorge Winckler afirmaron que trabajaban bien, de manera coordinada; presumieron que sólo faltaban detalles para resolver la terrible masacre en Coatzacoalcos. Iban de la mano. Mentiras.

El gobernador García incluso dijo en conferencia de prensa que aunque existían evidentes diferencias políticas con Winckler (en las cuales él se sostenía), los veracruzanos estaban por encima de ellas, y ante eso, lo que seguía era trabajar, sin distraerse en otros asuntos. Otra falsedad.

Hoy, en el marco de casi 700 ejecutados en nueve meses, y con un primer lugar a nivel nacional en feminicidios, además de las barbaries en Minatitlán y Coatzacoalcos, diputados locales de Morena, a través de la Diputación Permanente (sin pasar por el Pleno) suspendieron temporalmente al fiscal Winckler, argumentando que no había actualizado su certificado de control y confianza.

Dejando de lado quién tiene o no la razón, ¿era realmente necesario, en medio de la crisis de inseguridad que vive Veracruz, hacer efectiva la disputa política del gobierno estatal con el fiscal incómodo (y uno de los últimos hombres fuertes de Miguel Yunes) destituyéndolo “a bayoneta calada”, aunque sea de manera “temporal”?, ¿era indispensable? No sé, pero pudieron más el orgullo y las cuentas pendientes.

Los diputados de Morena en el Congreso de Veracruz lógicamente no se mandan solos. Recibieron la anuencia del Ejecutivo estatal para proceder, quien a su vez obtuvo el visto bueno del presidente López Obrador. “Los fiscales a modo obstruyen la justicia, fueron propuestos por gobernadores para garantizar impunidad”, dijo AMLO en La Mañanera, refiriéndose al caso de Veracruz.

Así como Winckler podría haber sido una pieza a modo en el gobierno de Yunes Linares, igual ocurriría (en caso de quedarse) con Verónica Hernández Giadans, quien hasta hace unos días (según los datos) despachaba como directora jurídica de la Secretaría de Gobernación. Si de eso se trata, tan condenable lo de Winckler (en su momento), como lo de la nueva fiscal, en el presente. Misma argucia, distintos tiempos. Todo igual.

Cuando en un estado donde a través de un incendio provocado asesinan a 30 personas (o matan a un menor de edad a balazos en una palapa durante una fiesta), y a pesar de ello, de lo que más se habla (o no deja de hablarse) es de la disputa política entre un gobernador y un fiscal, algo está auténticamente descompuesto. Así se vive en Veracruz.

De manera por demás inédita, y después del “madruguete” a Winckler, cientos de elementos de seguridad estatales (con incrustaciones de la Guardia Nacional), acordonaron las instalaciones de la Fiscalía Estatal. ¡Qué buena falta haría la mitad de estos policías en Coatzacoalcos! Supongo que en el gobierno estatal pensaron que, un puñado de diputados panistas inconformes, serían más peligrosos que la delincuencia en el sur de Veracruz.

Al final del día, en este momento tenemos dos fiscales: uno, (temporalmente suspendido), que no encaja con el gobierno estatal morenista, es decir, “no carnal”, y una encargada de despacho de la 4T, es decir, “carnala”. Todo, por supuesto, enmarcado en una franca disputa política públicamente conocida, mientras los veracruzanos siguen muriendo por la inseguridad desatada.

Por cierto, si Winckler no regresa, ¿a quién culpará frecuentemente el gobernador García?, ¿al pasado? Ya veremos.

alejandroaguirre77@gmail.com

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