/ jueves 16 de enero de 2020

Consejos de Maquiavelo a dadivosos y austeros

Entre los aficionados a la fiesta brava en el medio taurino y entre los toreros, existe una máxima bien aprendida que dice:

En cada corrida, hay que buscar la vuelta al ruedo, la salida en hombros y la oreja y rabo; porque de lo contrario el torero tendrá que enfrentar rechiflas y abucheos del público, y salir por la puerta trasera para esconder su vergüenza.

En la política, en un símil con los toreros, los políticos de la dimensión que sea desde el presidente de la República hasta el último regidor municipal, pasando por secretarios del gabinete, gobernadores, autoridades estatales y presidentes municipales, todos invariablemente, tienen la obligación de desempeñar fiel y patrióticamente los cargos que el pueblo les ha confiado, y terminar con una rendición de cuentas aprobada por las instancias de fiscalización, evitando el engaño, el fraude, el abuso de autoridad e incumplimiento del deber legal.

Solo un político honesto saldrá con el reconocimiento del pueblo por su labor y quedará en la memoria de sus contemporáneos la honorabilidad de su desempeño oficial.

De lo contrario, el político que le falle al pueblo será severamente fustigado por la sociedad y tendrá que huir por la puerta trasera. Y si su conducta encuadra en los delitos que se cometen por el ejercicio de funciones públicas, además de la condena popular que es de orden moral, recibirá el castigo que en cada caso dispongan las leyes penales.

A los monarcas, recomendaba Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe”, no tratar de “hacerse amar” por el pueblo, acostumbrándolo a la dádiva, es decir a prodigarle beneficios materiales a los que cualquier humano fácilmente se acostumbra, porque las necesidades del pueblo son apremiantes y aumentan día con día y en cambio los recursos del monarca se agotan más rápido que la demanda ciudadana. Así en cuanto el monarca quede sin recursos, dejará de ser amado y pasará a ser repudiado.

De la misma manera Maquiavelo aconsejaba a los monarcas darse a respetar por el pueblo y hasta hacerse temer con la aplicación estricta de las leyes, pero también decía en la misma obra, que cuidaran de no excederse en atemorizar al pueblo, como al parecer hoy se pretende con las reformas penales anunciadas por Gertz Manero, Alfonso Durazo, el Senador Monreal y el diputado Mario Delgado, porque podrían lastimar tanto al pueblo, que causarían un repudio generalizado a la 4ª Transformación.

Entre los aficionados a la fiesta brava en el medio taurino y entre los toreros, existe una máxima bien aprendida que dice:

En cada corrida, hay que buscar la vuelta al ruedo, la salida en hombros y la oreja y rabo; porque de lo contrario el torero tendrá que enfrentar rechiflas y abucheos del público, y salir por la puerta trasera para esconder su vergüenza.

En la política, en un símil con los toreros, los políticos de la dimensión que sea desde el presidente de la República hasta el último regidor municipal, pasando por secretarios del gabinete, gobernadores, autoridades estatales y presidentes municipales, todos invariablemente, tienen la obligación de desempeñar fiel y patrióticamente los cargos que el pueblo les ha confiado, y terminar con una rendición de cuentas aprobada por las instancias de fiscalización, evitando el engaño, el fraude, el abuso de autoridad e incumplimiento del deber legal.

Solo un político honesto saldrá con el reconocimiento del pueblo por su labor y quedará en la memoria de sus contemporáneos la honorabilidad de su desempeño oficial.

De lo contrario, el político que le falle al pueblo será severamente fustigado por la sociedad y tendrá que huir por la puerta trasera. Y si su conducta encuadra en los delitos que se cometen por el ejercicio de funciones públicas, además de la condena popular que es de orden moral, recibirá el castigo que en cada caso dispongan las leyes penales.

A los monarcas, recomendaba Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe”, no tratar de “hacerse amar” por el pueblo, acostumbrándolo a la dádiva, es decir a prodigarle beneficios materiales a los que cualquier humano fácilmente se acostumbra, porque las necesidades del pueblo son apremiantes y aumentan día con día y en cambio los recursos del monarca se agotan más rápido que la demanda ciudadana. Así en cuanto el monarca quede sin recursos, dejará de ser amado y pasará a ser repudiado.

De la misma manera Maquiavelo aconsejaba a los monarcas darse a respetar por el pueblo y hasta hacerse temer con la aplicación estricta de las leyes, pero también decía en la misma obra, que cuidaran de no excederse en atemorizar al pueblo, como al parecer hoy se pretende con las reformas penales anunciadas por Gertz Manero, Alfonso Durazo, el Senador Monreal y el diputado Mario Delgado, porque podrían lastimar tanto al pueblo, que causarían un repudio generalizado a la 4ª Transformación.