/ viernes 21 de febrero de 2020

¿Corrupción dentro de la UV?

“¡El nueve, ninguna se mueve!”, escribió este jueves, contundente, la rectora Sara Ladrón de Guevara en su cuenta de Twitter, para anunciar, aguerrida, que la Universidad Veracruzana se sumará al paro nacional por la “creciente violencia” contra las mujeres.

Su declaración creció como espuma y entre los capitalinos se recordó a la académica que a finales del sexenio de Javier Duarte de Ochoa tomaba las calles y la plaza Lerdo para protestar en contra de la violencia que ya azotaba la entidad.

En ese tiempo, la apasionada antropóloga buscaba entregarse al proyecto de quien veía ya como gobernador, el panista Miguel Ángel Yunes Linares.

En ese bienio, doña Sara guardó silencio. Se quedó en el claustro y perdió el ímpetu social que le había caracterizado, pues sabía perfectamente cómo reaccionaba a la deslealtad institucional el entonces jefe político de Veracruz.

Cuando llegó Cuitláhuac García Jiménez —un académico universitario— la rectora tuvo sus desencuentros y el más sentido —nos dicen fuentes que presenciaron el desaguisado— fue quizá cuando el mandatario le pidió ajustar el salario a su Ley de Austeridad. —Usted tiene que ganar menos que el gobernador del estado, le dijo. —Sí, pero recuerde que la universidad es autónoma y nosotros nos ajustamos al tabulador nacional, le habría contestado.

A partir de entonces, aunque la rectora buscó acercamiento y simpatía en otros encuentros, el gobernador García Jiménez le hizo sentir su distancia, mostrando su molestia.

A pesar de eso, por su compromiso con la comunidad universitaria, el gobernador no ha dejado de lado el apoyo que le ha brindado a la Máxima Casa de Estudios, autorizando al secretario de Finanzas, José Luis Lima Franco, partidas presupuestales millonarias para que la UV sanee sus adeudos fiscales y pueda seguir brindando educación de calidad.

Sin embargo, al llamado de guerra de este jueves, que podría ser entendible porque el clamor popular lo exige, podría complicarle las cosas a la rectora, por decisiones apresuradas y con ciertos intereses que ha tomado en los últimos meses.

Una, como botón de muestra, sería la decisión de adjudicar de manera directa, el pasado 31 de diciembre, a puerta cerrada y con toda la discrecionalidad, un paquete de obras por más de 500 millones de pesos.

A puerta cerrada, sin licitaciones de por medio como lo marca la ley, según trascendió, el doctor Octavio Agustín Ochoa Contreras, secretario de Desarrollo Institucional, se habría despachado con la cuchara grande y habría entregado obras aquí, allá y acullá.

Este maremágnum de obras complicó en algunas unidades universitarias el inicio de clases. De Xalapa, por ejemplo, tenemos reportes de la Unidad de Humanidades y de la Facultad de Artes, en donde sin avisar se han tenido que suspender clases para que las empresas contratadas acaben lo más pronto posible los trabajos.

Este flujo de dinero fresco —tan escaso en los últimos meses en Veracruz entre los constructores— ha despertado envidias y reacciones naturales de quienes no fueron beneficiados.

Un caso significativo es el del empresario José Ángel Arandia Gutiérrez, dueño de un consorcio de empresas, entre las que se encuentra “Replanteo y Conservación, SA de CV”.

Arandia Gutiérrez, constructor que lleva el proyecto de remodelación de la Iglesia de Otatitlán, habría amenazado a Octavio Agustín Ochoa Contreras y a la rectora Sara Ladrón de Guevara, con destapar el oscuro procedimiento de esos 500 millones de pesos si no se le entregaba un paquete de obras decoroso.

En las negociaciones, se asegura, se le habría ofrecido un paquete jugoso pero hasta marzo o abril, con tal de que se calmara.

Por el momento llegó la calma, aunque seguirán las molestias entre la comunidad universitaria; como dice el lema de siempre, “son molestias temporales, por beneficios permanentes”.

¿Qué dirán el gobernador Cuitláhuac García Jiménez y el presidente Andrés Manuel López Obrador, ahora que la rectora Sara Ladrón de Guevara se envalentonó, para criticar una situación lamentable de violencia hacia las mujeres y feminicidios que los gobiernos de la Cuarta Transformación no han logrado resolver?

Ya veremos qué sucede con el curso de los días.

“¡El nueve, ninguna se mueve!”, escribió este jueves, contundente, la rectora Sara Ladrón de Guevara en su cuenta de Twitter, para anunciar, aguerrida, que la Universidad Veracruzana se sumará al paro nacional por la “creciente violencia” contra las mujeres.

Su declaración creció como espuma y entre los capitalinos se recordó a la académica que a finales del sexenio de Javier Duarte de Ochoa tomaba las calles y la plaza Lerdo para protestar en contra de la violencia que ya azotaba la entidad.

En ese tiempo, la apasionada antropóloga buscaba entregarse al proyecto de quien veía ya como gobernador, el panista Miguel Ángel Yunes Linares.

En ese bienio, doña Sara guardó silencio. Se quedó en el claustro y perdió el ímpetu social que le había caracterizado, pues sabía perfectamente cómo reaccionaba a la deslealtad institucional el entonces jefe político de Veracruz.

Cuando llegó Cuitláhuac García Jiménez —un académico universitario— la rectora tuvo sus desencuentros y el más sentido —nos dicen fuentes que presenciaron el desaguisado— fue quizá cuando el mandatario le pidió ajustar el salario a su Ley de Austeridad. —Usted tiene que ganar menos que el gobernador del estado, le dijo. —Sí, pero recuerde que la universidad es autónoma y nosotros nos ajustamos al tabulador nacional, le habría contestado.

A partir de entonces, aunque la rectora buscó acercamiento y simpatía en otros encuentros, el gobernador García Jiménez le hizo sentir su distancia, mostrando su molestia.

A pesar de eso, por su compromiso con la comunidad universitaria, el gobernador no ha dejado de lado el apoyo que le ha brindado a la Máxima Casa de Estudios, autorizando al secretario de Finanzas, José Luis Lima Franco, partidas presupuestales millonarias para que la UV sanee sus adeudos fiscales y pueda seguir brindando educación de calidad.

Sin embargo, al llamado de guerra de este jueves, que podría ser entendible porque el clamor popular lo exige, podría complicarle las cosas a la rectora, por decisiones apresuradas y con ciertos intereses que ha tomado en los últimos meses.

Una, como botón de muestra, sería la decisión de adjudicar de manera directa, el pasado 31 de diciembre, a puerta cerrada y con toda la discrecionalidad, un paquete de obras por más de 500 millones de pesos.

A puerta cerrada, sin licitaciones de por medio como lo marca la ley, según trascendió, el doctor Octavio Agustín Ochoa Contreras, secretario de Desarrollo Institucional, se habría despachado con la cuchara grande y habría entregado obras aquí, allá y acullá.

Este maremágnum de obras complicó en algunas unidades universitarias el inicio de clases. De Xalapa, por ejemplo, tenemos reportes de la Unidad de Humanidades y de la Facultad de Artes, en donde sin avisar se han tenido que suspender clases para que las empresas contratadas acaben lo más pronto posible los trabajos.

Este flujo de dinero fresco —tan escaso en los últimos meses en Veracruz entre los constructores— ha despertado envidias y reacciones naturales de quienes no fueron beneficiados.

Un caso significativo es el del empresario José Ángel Arandia Gutiérrez, dueño de un consorcio de empresas, entre las que se encuentra “Replanteo y Conservación, SA de CV”.

Arandia Gutiérrez, constructor que lleva el proyecto de remodelación de la Iglesia de Otatitlán, habría amenazado a Octavio Agustín Ochoa Contreras y a la rectora Sara Ladrón de Guevara, con destapar el oscuro procedimiento de esos 500 millones de pesos si no se le entregaba un paquete de obras decoroso.

En las negociaciones, se asegura, se le habría ofrecido un paquete jugoso pero hasta marzo o abril, con tal de que se calmara.

Por el momento llegó la calma, aunque seguirán las molestias entre la comunidad universitaria; como dice el lema de siempre, “son molestias temporales, por beneficios permanentes”.

¿Qué dirán el gobernador Cuitláhuac García Jiménez y el presidente Andrés Manuel López Obrador, ahora que la rectora Sara Ladrón de Guevara se envalentonó, para criticar una situación lamentable de violencia hacia las mujeres y feminicidios que los gobiernos de la Cuarta Transformación no han logrado resolver?

Ya veremos qué sucede con el curso de los días.

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