/ martes 29 de diciembre de 2020

Cuando el poder es ciego y sordo

El próximo año, en abril, se cumplirán 100 años del natalicio de un ilustre veracruzano y mexicano, impulsor de la democracia, al que la historia reciente no le ha dado el lugar que merece.

Sí, en abril, se cumplirán 100 años de que nación el tuxpeño Reyes Heroles, quien trascendió en la función pública, la política, la academia y a cultura.

En ese sentido, políticos actuales que no son mezquinos, por una parte nos recuerdan a grandes rasgos quien fue este veracruzano a su paso por el servicio público y la política:

Fue abogado por la UNAM, en donde después de egresado ejerció como catedrático. En 1958, siendo presidente Adolfo López Mateos, fue nombrado subdirector general técnico del IMSS y en 1961 fue diputado federal. El presidente Gustavo Díaz Ordaz lo tuvo todo su gobierno como director de Petróleos Mexicanos (Pemex) de 1964 a 1970.

En el periodo de Luis Echeverría fungió, de 1970 a 1972, como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y terminó, de 1975 a 1976, como director general del IMSS.

José López Portillo lo nombró secretario de Gobernación, cargo en el que fungió de 1976 a 1979. Y Miguel de la Madrid Hurtado lo designó secretario de Educación Pública, puesto que desempeñó de 1982 a 1985, para después enfermar y lamentablemente fallecer. Hay quienes conocen a Reyes Heroles por algunas de sus frases, que por sí solas son interesantes, pero que adquieren su real dimensión cuando son leídas en el contexto del discurso completo del tuxpeño.

A lo largo de su vida, dio cátedra a la hora de hablar, como cuando fue el orador en el acto por el 61 aniversario de la promulgación de la Constitución, siendo presidente López Portillo. El país necesitaba de manera urgente cambios, reformas, luego de los gobiernos de Díaz Ordaz, autoritario, y locuaz y con ánimos reeleccionistas de Echeverría, y tras el ascenso a la presidencia de un López Portillo como candidato único, sin nadie que le hiciera oposición.

En esa ocasión Reyes Heroles expuso: “Hacer de los muchos Méxicos uno solo unificado en un modesto denominador común no es tarea fácil. Hay que efectuar reformas revolucionarias, reformas que en su profundidad y extensión supongan cambios cualitativos y cuantitativos de la sociedad. Lo mucho puede dar lo poco bueno; lo poco bueno siempre da, a la postre, lo mucho.

“Los escollos que habrá que vencer no se nos ocultan: un cacicazgo que a pesar de todo perdura, sea cual fuere su naturaleza, primitiva o sofisticada; una ambigüedad entre función pública y negocio privado; un exceso de poder; una administración pública mandarinesca que pone trámite sobre trámite, albarda sobre aparejo, que enmaraña y empapela procesos, reserva decisiones intrascendentes y produce laberintos con aparatos paralelos; una burocracia de abejas con horror a la responsabilidad, que no queremos que, desbordando sus límites, se sirva de sus fuerzas, levante su propio poder, alimentado por su posibilidad de nombramientos y prebendas, por la fuerza de las rutinas, que podría burocratizar la política misma; una deshonestidad que aparece en un cuerpo extremadamente poroso y sediento. Constituyen vicios que se oponen al fortalecimiento del federalismo mexicano, muchos de los cuales está combatiendo la Reforma Administrativa, que si a algo aspira es a simplificar.

“Asimismo, militan contra nuestro federalismo las tendencias, desgraciadamente no incipientes, a un desarrollo monopólico en lo industrial, en lo comercial y en lo financiero, con localizaciones arbitrarias en el país y enclaves centralizadores muy precisos. Frecuentemente, la concentración impide la concertación, norma de entendimiento en una economía mixta dirigida por el Estado, como la nuestra.

“EI autoritarismo en todas sus formas y en cualquier parte es antifederalista. EI poder ciego y sordo, aun eficiente, es ciego y sordo. Condenamos todo autoritarismo a nombre de la eficiencia. La Reforma Administrativa es democrática y el poder democrático sabe escuchar y ver, está consciente de que actuar obliga a errar y que es un orgullo rectificar y reconocerlo. Estamos lejos de cualquier dictadura tecnoburocrática; ni nuestros expertos la quieren ni nuestro presidente y el régimen la permitirían; contamos con medidas que nos preservan de deslizarnos hacia ella; pero sería monstruoso intentar justificar la ineficacia a nombre de la democracia”.

En algunos aspectos avanzaron las propuestas del tuxpeño, en otros, toparon con pared y ya vemos que seguimos igual. En fin, nos informan que la Revista Praxis, que dirige Ramón Rodríguez, y la UV, ya preparan diversas actividades para festejar, en Tuxpan, a este veracruzano ilustre.

El próximo año, en abril, se cumplirán 100 años del natalicio de un ilustre veracruzano y mexicano, impulsor de la democracia, al que la historia reciente no le ha dado el lugar que merece.

Sí, en abril, se cumplirán 100 años de que nación el tuxpeño Reyes Heroles, quien trascendió en la función pública, la política, la academia y a cultura.

En ese sentido, políticos actuales que no son mezquinos, por una parte nos recuerdan a grandes rasgos quien fue este veracruzano a su paso por el servicio público y la política:

Fue abogado por la UNAM, en donde después de egresado ejerció como catedrático. En 1958, siendo presidente Adolfo López Mateos, fue nombrado subdirector general técnico del IMSS y en 1961 fue diputado federal. El presidente Gustavo Díaz Ordaz lo tuvo todo su gobierno como director de Petróleos Mexicanos (Pemex) de 1964 a 1970.

En el periodo de Luis Echeverría fungió, de 1970 a 1972, como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y terminó, de 1975 a 1976, como director general del IMSS.

José López Portillo lo nombró secretario de Gobernación, cargo en el que fungió de 1976 a 1979. Y Miguel de la Madrid Hurtado lo designó secretario de Educación Pública, puesto que desempeñó de 1982 a 1985, para después enfermar y lamentablemente fallecer. Hay quienes conocen a Reyes Heroles por algunas de sus frases, que por sí solas son interesantes, pero que adquieren su real dimensión cuando son leídas en el contexto del discurso completo del tuxpeño.

A lo largo de su vida, dio cátedra a la hora de hablar, como cuando fue el orador en el acto por el 61 aniversario de la promulgación de la Constitución, siendo presidente López Portillo. El país necesitaba de manera urgente cambios, reformas, luego de los gobiernos de Díaz Ordaz, autoritario, y locuaz y con ánimos reeleccionistas de Echeverría, y tras el ascenso a la presidencia de un López Portillo como candidato único, sin nadie que le hiciera oposición.

En esa ocasión Reyes Heroles expuso: “Hacer de los muchos Méxicos uno solo unificado en un modesto denominador común no es tarea fácil. Hay que efectuar reformas revolucionarias, reformas que en su profundidad y extensión supongan cambios cualitativos y cuantitativos de la sociedad. Lo mucho puede dar lo poco bueno; lo poco bueno siempre da, a la postre, lo mucho.

“Los escollos que habrá que vencer no se nos ocultan: un cacicazgo que a pesar de todo perdura, sea cual fuere su naturaleza, primitiva o sofisticada; una ambigüedad entre función pública y negocio privado; un exceso de poder; una administración pública mandarinesca que pone trámite sobre trámite, albarda sobre aparejo, que enmaraña y empapela procesos, reserva decisiones intrascendentes y produce laberintos con aparatos paralelos; una burocracia de abejas con horror a la responsabilidad, que no queremos que, desbordando sus límites, se sirva de sus fuerzas, levante su propio poder, alimentado por su posibilidad de nombramientos y prebendas, por la fuerza de las rutinas, que podría burocratizar la política misma; una deshonestidad que aparece en un cuerpo extremadamente poroso y sediento. Constituyen vicios que se oponen al fortalecimiento del federalismo mexicano, muchos de los cuales está combatiendo la Reforma Administrativa, que si a algo aspira es a simplificar.

“Asimismo, militan contra nuestro federalismo las tendencias, desgraciadamente no incipientes, a un desarrollo monopólico en lo industrial, en lo comercial y en lo financiero, con localizaciones arbitrarias en el país y enclaves centralizadores muy precisos. Frecuentemente, la concentración impide la concertación, norma de entendimiento en una economía mixta dirigida por el Estado, como la nuestra.

“EI autoritarismo en todas sus formas y en cualquier parte es antifederalista. EI poder ciego y sordo, aun eficiente, es ciego y sordo. Condenamos todo autoritarismo a nombre de la eficiencia. La Reforma Administrativa es democrática y el poder democrático sabe escuchar y ver, está consciente de que actuar obliga a errar y que es un orgullo rectificar y reconocerlo. Estamos lejos de cualquier dictadura tecnoburocrática; ni nuestros expertos la quieren ni nuestro presidente y el régimen la permitirían; contamos con medidas que nos preservan de deslizarnos hacia ella; pero sería monstruoso intentar justificar la ineficacia a nombre de la democracia”.

En algunos aspectos avanzaron las propuestas del tuxpeño, en otros, toparon con pared y ya vemos que seguimos igual. En fin, nos informan que la Revista Praxis, que dirige Ramón Rodríguez, y la UV, ya preparan diversas actividades para festejar, en Tuxpan, a este veracruzano ilustre.