/ miércoles 29 de septiembre de 2021

“El aborto”

Durante mi internado médico en el viejo hospital Juárez del entonces Distrito Federal, allá por el barrio de La Merced y cerca del mercado Sonora, famoso porque en el venden todo tipo de yerbas, pócimas, conjuros, amuletos y embrujos; entre ellos el zoapatle que desde la época precortesiana se usa como abortivo y para control natal.

Entonces hacíamos guardias un día sí y uno no, así aprendíamos y practicábamos el arte de la medicina, con gusto y sin queja por cansancio. Cada guardia llegaban al menos 15 mujeres en proceso de aborto, algunos naturales, la mayoría provocados, para lo cual se introducían agujas de tejer, ganchos de ropa, incluso recuerdo una con un tenedor para mango, además de tabletas de aspirina o permanganato que causaba graves quemaduras en vagina y todas con sangrado intenso. Se programaban por turnos de 5 para legrar la matriz pasando de uno a otro quirófano, para continuar con el siguiente grupo. Algunas eran prostitutas de la zona, varias hijas de familia y otras más, casadas que ya no podían mantener más hijos. Unas perdían la matriz, otras salían adelante con muchos cuidados y varias morían por complicaciones infecciosas y eso que se atendían en un buen hospital, pero miles morían al practicarles el legrado en lugares insalubres, sin cuidados y de entrada por salida del lugar donde abortaban. La situación hoy día, no ha cambiado mucho y miles de mujeres quedan con daños irreversibles o mueren a manos de comadronas, enfermeras o médicos que les ayudan a abortar sin ninguna medida de higiene. Varias veces escribí respecto a legislar sobre el aborto seguro hasta que en la Ciudad de México se aprobó sin persecución legal y para ello se hacen excursiones en varias ciudades para abortar en esos hospitales con todas las medidas de higiene y seguridad. Por fortuna recientemente los jueces de la Suprema Corte de Justicia despenalizaron el aborto para que cada mujer decida si hacerlo o no, pues con castigo penal y a pesar de las convicciones religiosas la que lo va a hacer lo hace sin reparo. El clero ha alzado la voz en contra, aunque muchos conventos tienen bajo su losa y en las paredes multitud de restos humanos no natos.

Doy razón a mis colegas que por convicción no aceptan participar de una interrupción de embarazo cuando la madre y el embrión están sanos y sin malformaciones, actitud totalmente válida, pero hay quien sí lo hace pensando ayudar a la mujer respetando su decisión y qué mejor que se haga sin persecución legal y en condiciones hospitalarias. El tema es controvertido, pero ¿qué será preferible: abortar un embarazo no deseado o concluirlo y tirar un bebé recién nacido a la basura o en la calle? Me dirán que se puede dar en adopción, cierto, pero eso es un trámite largo y engorroso y en el caso de las mujeres violadas antes nacía el bebé que la ley diera su anuencia para interrumpir el embarazo.

El aborto no es la solución al control natal, para ello hay multitud de métodos, pero cuando fallan o no se sigue, o el embrión se desarrolla con malformaciones graves o síndromes, puede ser una solución. El aborto es como las llamadas a misa: el que quiere va y el que no, ni aunque repiquen las campanas.

Durante mi internado médico en el viejo hospital Juárez del entonces Distrito Federal, allá por el barrio de La Merced y cerca del mercado Sonora, famoso porque en el venden todo tipo de yerbas, pócimas, conjuros, amuletos y embrujos; entre ellos el zoapatle que desde la época precortesiana se usa como abortivo y para control natal.

Entonces hacíamos guardias un día sí y uno no, así aprendíamos y practicábamos el arte de la medicina, con gusto y sin queja por cansancio. Cada guardia llegaban al menos 15 mujeres en proceso de aborto, algunos naturales, la mayoría provocados, para lo cual se introducían agujas de tejer, ganchos de ropa, incluso recuerdo una con un tenedor para mango, además de tabletas de aspirina o permanganato que causaba graves quemaduras en vagina y todas con sangrado intenso. Se programaban por turnos de 5 para legrar la matriz pasando de uno a otro quirófano, para continuar con el siguiente grupo. Algunas eran prostitutas de la zona, varias hijas de familia y otras más, casadas que ya no podían mantener más hijos. Unas perdían la matriz, otras salían adelante con muchos cuidados y varias morían por complicaciones infecciosas y eso que se atendían en un buen hospital, pero miles morían al practicarles el legrado en lugares insalubres, sin cuidados y de entrada por salida del lugar donde abortaban. La situación hoy día, no ha cambiado mucho y miles de mujeres quedan con daños irreversibles o mueren a manos de comadronas, enfermeras o médicos que les ayudan a abortar sin ninguna medida de higiene. Varias veces escribí respecto a legislar sobre el aborto seguro hasta que en la Ciudad de México se aprobó sin persecución legal y para ello se hacen excursiones en varias ciudades para abortar en esos hospitales con todas las medidas de higiene y seguridad. Por fortuna recientemente los jueces de la Suprema Corte de Justicia despenalizaron el aborto para que cada mujer decida si hacerlo o no, pues con castigo penal y a pesar de las convicciones religiosas la que lo va a hacer lo hace sin reparo. El clero ha alzado la voz en contra, aunque muchos conventos tienen bajo su losa y en las paredes multitud de restos humanos no natos.

Doy razón a mis colegas que por convicción no aceptan participar de una interrupción de embarazo cuando la madre y el embrión están sanos y sin malformaciones, actitud totalmente válida, pero hay quien sí lo hace pensando ayudar a la mujer respetando su decisión y qué mejor que se haga sin persecución legal y en condiciones hospitalarias. El tema es controvertido, pero ¿qué será preferible: abortar un embarazo no deseado o concluirlo y tirar un bebé recién nacido a la basura o en la calle? Me dirán que se puede dar en adopción, cierto, pero eso es un trámite largo y engorroso y en el caso de las mujeres violadas antes nacía el bebé que la ley diera su anuencia para interrumpir el embarazo.

El aborto no es la solución al control natal, para ello hay multitud de métodos, pero cuando fallan o no se sigue, o el embrión se desarrolla con malformaciones graves o síndromes, puede ser una solución. El aborto es como las llamadas a misa: el que quiere va y el que no, ni aunque repiquen las campanas.

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