/ martes 30 de junio de 2020

El fin de las instituciones en México

Es común escuchar hablar a políticos, académicos, intelectuales, funcionarios y demás que México es un país de instituciones y que vivimos en un Estado de derecho.

Lo he escuchado a lo largo de mi vida, tanto en mi paso por la universidad como en las dependencias gubernamentales en que he tenido el privilegio de colaborar, lo he escuchado en reuniones familiares, de amigos y ahora en el Congreso de la Unión.

Por mi parte siempre lo he creído y he estado convencido de ello, es algo que además nos enorgullece y nos coloca con franca ventaja respecto a otros países en donde las cosas no se les dan, en donde se presentan abusos del sistema que los rige. Por lo mismo, ha servido también para ser usado en la ortodoxia política, fue muy conocido el discurso del actual titular del Ejecutivo cuando en su campaña a la Presidencia en 2012 lanzó un mensaje sobre la importancia de recuperar al Estado y fortalecerlo, para sacarlo del lugar que, según él, lo habían dejado los gobiernos anteriores.

A mi juicio, los gobiernos mexicanos teniendo la oportunidad de su vida han realizado una labor de regular a mala, considerando sus promesas de campaña que los llevaron al poder y el cumplimiento de las mismas, pero también han hecho muchas cosas buenas, han sido de hecho los artífices en la construcción y consolidación de las instituciones en México, a ellos les correspondió el diseño constitucional de las mismas y su puesta en operación que ha permitido mantener un Estado mexicano fuerte, con evolución y desarrollo de la vida en sociedad.

Las instituciones deben perfeccionarse y consolidarse, no ser pulverizadas ni extinguidas, porque cumplen funciones muy bien definidas y al final del camino son las que prevalecen en beneficio de la ciudadanía. No es recomendable agraviarlas ni reinventarlas, su trabajo está presente cotidianamente, en todo momento, y por eso son respetadas globalmente, no solo en el ámbito nacional.

Resulta por ello incomprensible lo que acontece a su alrededor, con un gobierno federal que muestra su desagrado y hasta desprecio por las mismas, que no solo no ha diseñado ni creado una sola, sino que ha mostrado su predilección por menospreciarlas o destruirlas. Podría decirse que la idea es destruir lo que les parece que no funciona para sustituirlo por otro totalmente inútil, o simplemente desaparecerlo.

¿Un ejemplo? Les parece bien el Seguro Popular, aunque la lista es enorme. Y muchas otras instituciones y organismos autónomos tienen la espada de Damocles sobre su cabeza.

En esta administración federal será imposible conocer los indicadores reales de evaluación de la pobreza, pues el Coneval desapareció.

Es cierto que hace muchos años Heráclito dijo que lo único que prevalece es el cambio, pero yo sinceramente creo que algunos lo han malinterpretado, los cambios no son malos, de hecho, a mí me resulta atractivo enfrentarlos y superarlos, en algunos casos hasta los he promovido, pero hay que tomar el parecer de los especialistas, de los expertos, máxime cuando lo que se pretende cambiar involucra a toda una nación.

Cada candidato a la Presidencia discursea sobre mejorar el Producto Interno Bruto, habla acerca de crecer e innovar en el futuro, con el pronóstico que se tiene de la caída del PIB en un 7% el futuro se ve sombrío, ahora en vez de hablar de crecimiento tendremos que hablar del tiempo que nos llevará la recuperación que, sin duda, será lenta y dolorosa.

Ojalá me equivoque, pero parece que nos acercamos al fin de las instituciones en México.

Diputado federal del PAN

Es común escuchar hablar a políticos, académicos, intelectuales, funcionarios y demás que México es un país de instituciones y que vivimos en un Estado de derecho.

Lo he escuchado a lo largo de mi vida, tanto en mi paso por la universidad como en las dependencias gubernamentales en que he tenido el privilegio de colaborar, lo he escuchado en reuniones familiares, de amigos y ahora en el Congreso de la Unión.

Por mi parte siempre lo he creído y he estado convencido de ello, es algo que además nos enorgullece y nos coloca con franca ventaja respecto a otros países en donde las cosas no se les dan, en donde se presentan abusos del sistema que los rige. Por lo mismo, ha servido también para ser usado en la ortodoxia política, fue muy conocido el discurso del actual titular del Ejecutivo cuando en su campaña a la Presidencia en 2012 lanzó un mensaje sobre la importancia de recuperar al Estado y fortalecerlo, para sacarlo del lugar que, según él, lo habían dejado los gobiernos anteriores.

A mi juicio, los gobiernos mexicanos teniendo la oportunidad de su vida han realizado una labor de regular a mala, considerando sus promesas de campaña que los llevaron al poder y el cumplimiento de las mismas, pero también han hecho muchas cosas buenas, han sido de hecho los artífices en la construcción y consolidación de las instituciones en México, a ellos les correspondió el diseño constitucional de las mismas y su puesta en operación que ha permitido mantener un Estado mexicano fuerte, con evolución y desarrollo de la vida en sociedad.

Las instituciones deben perfeccionarse y consolidarse, no ser pulverizadas ni extinguidas, porque cumplen funciones muy bien definidas y al final del camino son las que prevalecen en beneficio de la ciudadanía. No es recomendable agraviarlas ni reinventarlas, su trabajo está presente cotidianamente, en todo momento, y por eso son respetadas globalmente, no solo en el ámbito nacional.

Resulta por ello incomprensible lo que acontece a su alrededor, con un gobierno federal que muestra su desagrado y hasta desprecio por las mismas, que no solo no ha diseñado ni creado una sola, sino que ha mostrado su predilección por menospreciarlas o destruirlas. Podría decirse que la idea es destruir lo que les parece que no funciona para sustituirlo por otro totalmente inútil, o simplemente desaparecerlo.

¿Un ejemplo? Les parece bien el Seguro Popular, aunque la lista es enorme. Y muchas otras instituciones y organismos autónomos tienen la espada de Damocles sobre su cabeza.

En esta administración federal será imposible conocer los indicadores reales de evaluación de la pobreza, pues el Coneval desapareció.

Es cierto que hace muchos años Heráclito dijo que lo único que prevalece es el cambio, pero yo sinceramente creo que algunos lo han malinterpretado, los cambios no son malos, de hecho, a mí me resulta atractivo enfrentarlos y superarlos, en algunos casos hasta los he promovido, pero hay que tomar el parecer de los especialistas, de los expertos, máxime cuando lo que se pretende cambiar involucra a toda una nación.

Cada candidato a la Presidencia discursea sobre mejorar el Producto Interno Bruto, habla acerca de crecer e innovar en el futuro, con el pronóstico que se tiene de la caída del PIB en un 7% el futuro se ve sombrío, ahora en vez de hablar de crecimiento tendremos que hablar del tiempo que nos llevará la recuperación que, sin duda, será lenta y dolorosa.

Ojalá me equivoque, pero parece que nos acercamos al fin de las instituciones en México.

Diputado federal del PAN