/ martes 17 de septiembre de 2019

El grito de la transformación

Ser mexicano es motivo de orgullo constante, pertenecer a una cultura tan diversa y colorida hace que nuestra celebración trascienda todo tipo de fronteras, aun estando lejos de casa la unión de nuestra gente es visible; quien ha tenido la oportunidad de coincidir con mexicanos en otro país entenderá perfectamente de qué hablo. Estas fechas son la cúspide de celebrar nuestras raíces, de reconocer a nuestros símbolos patrios como los más hermosos del mundo, de distinguir los colores de nuestra bandera en los platillos más deliciosos y característicos de la temporada, como los chiles en nogada o el pozole.

Es el momento de recordar a los héroes que nos dieron patria, ¿pero qué hemos hecho de ella? ¿Qué nos representa como mexicanos? Recientemente me vi en la necesidad de explicarle a una extranjera cómo era vivir en México, sus bondades, la amabilidad y calidez de su gente, pero también tuve que advertirle de vicios y mañas que no están presentes en todo momento, pero de las cuales hay que estar prevenido para no ser llevado al baile, me sentí orgullosa de muchas cosas, pero también muy desilusionada de no poder garantizarle un entorno de seguridad y civilidad como el que ella suele tener en su país natal.

Como mexicanos cada 15 de septiembre damos el grito con amigos y familia y repetimos con un orgullo profundo ¡Que viva México! Este año fue el primer grito de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, en el cual escuchamos más vivas de lo usual en otros sexenios, sin embargo, he de compartir que al escucharlos se me enchinó la piel. Nuestro presidente fue el primero en reconocer tanto de nuestra nación, las comunidades indígenas, la riqueza cultural y al pueblo de México, entre otras vivas. En todo momento el discurso emanado de la celebración era una invitación a la fraternidad y la paz, que se reflejó en el apoyo y cariño de los asistentes al zócalo capitalino.

No obstante, mientras el dirigente nacional mostró un discurso cordial y ameno que invita a la unión de los mexicanos, a nivel estatal y local los dirigentes no actuaron bajo la misma línea, muchos de ellos olvidan que para el progreso de la nación se requiere de un trabajo conjunto e insisten en dividir a la población según preferencias políticas y recordando a gobiernos anteriores como si su incapacidad fuese responsabilidad de quienes hace casi un año no están al frente. También es importante considerar que en más de 20 municipios del país los festejos debieron suspenderse debido a la inseguridad.

En otros como en Xalapa y Gutiérrez Zamora, ambos pertenecientes a Veracruz, la celebración con fuegos pirotécnicos ocasionó severos daños, de los cuales se tiene que hablar e indagar las causas para evitar que algo semejante se repita en un futuro. México tiene motivos de sobra para llenarnos de orgullo, pero también sobran las razones para trabajar en nuestra mejora como país. Pese a la diversidad de nuestras raíces existe un clasismo latente entre nuestra gente, nuestro gobierno de manera general ha sido incapaz de solventar distintas problemáticas, sin embargo, sus ciudadanos han demostrado acción y voluntad.

México está compuesto de gente que trabaja mucho más que cualquier nación, lo que necesita es mayor organización, prevención y planeación. Cuando hablas con un extranjero de las horas que se trabajan en una jornada común en México parece irreal, sin embargo pocos de esos trabajadores entienden los conceptos de puntualidad o el trabajo por objetivos.

México tiene gran diversidad de colores, los cuales se hacen presente en sus platillos y gente, pero también algunos como el rojo han teñido con sangre las calles de nuestra nación. Aún luchamos contra una ola de violencia e inseguridad, que lejos de disminuir constantemente se incrementa. Nuestro país está lleno de folclor y un humor particular, pero también detrás de éstos se ha escondido la misoginia y la desigualdad.

Seguimos siendo una nación que suele normalizar la violencia, la falta de igualdad de género, un país donde predomina el machismo y se fomenta desde el hogar, donde el crecimiento laboral aún responde al género y color de piel, pero pretendemos que el racismo es sólo una opinión personal. Razones para sentir orgullo por México sobran, pero también sobran las áreas de oportunidad para lograr la nación libre y soberana que todos merecemos. Seamos conscientes de los puntos en los que cada uno ha de trabajar. Asumamos nuestras culpas y responsabilidades, dejemos de dividirnos por las diferencias y usémoslas para construir algo mejor.

zairosas.22@gmail.com


Ser mexicano es motivo de orgullo constante, pertenecer a una cultura tan diversa y colorida hace que nuestra celebración trascienda todo tipo de fronteras, aun estando lejos de casa la unión de nuestra gente es visible; quien ha tenido la oportunidad de coincidir con mexicanos en otro país entenderá perfectamente de qué hablo. Estas fechas son la cúspide de celebrar nuestras raíces, de reconocer a nuestros símbolos patrios como los más hermosos del mundo, de distinguir los colores de nuestra bandera en los platillos más deliciosos y característicos de la temporada, como los chiles en nogada o el pozole.

Es el momento de recordar a los héroes que nos dieron patria, ¿pero qué hemos hecho de ella? ¿Qué nos representa como mexicanos? Recientemente me vi en la necesidad de explicarle a una extranjera cómo era vivir en México, sus bondades, la amabilidad y calidez de su gente, pero también tuve que advertirle de vicios y mañas que no están presentes en todo momento, pero de las cuales hay que estar prevenido para no ser llevado al baile, me sentí orgullosa de muchas cosas, pero también muy desilusionada de no poder garantizarle un entorno de seguridad y civilidad como el que ella suele tener en su país natal.

Como mexicanos cada 15 de septiembre damos el grito con amigos y familia y repetimos con un orgullo profundo ¡Que viva México! Este año fue el primer grito de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, en el cual escuchamos más vivas de lo usual en otros sexenios, sin embargo, he de compartir que al escucharlos se me enchinó la piel. Nuestro presidente fue el primero en reconocer tanto de nuestra nación, las comunidades indígenas, la riqueza cultural y al pueblo de México, entre otras vivas. En todo momento el discurso emanado de la celebración era una invitación a la fraternidad y la paz, que se reflejó en el apoyo y cariño de los asistentes al zócalo capitalino.

No obstante, mientras el dirigente nacional mostró un discurso cordial y ameno que invita a la unión de los mexicanos, a nivel estatal y local los dirigentes no actuaron bajo la misma línea, muchos de ellos olvidan que para el progreso de la nación se requiere de un trabajo conjunto e insisten en dividir a la población según preferencias políticas y recordando a gobiernos anteriores como si su incapacidad fuese responsabilidad de quienes hace casi un año no están al frente. También es importante considerar que en más de 20 municipios del país los festejos debieron suspenderse debido a la inseguridad.

En otros como en Xalapa y Gutiérrez Zamora, ambos pertenecientes a Veracruz, la celebración con fuegos pirotécnicos ocasionó severos daños, de los cuales se tiene que hablar e indagar las causas para evitar que algo semejante se repita en un futuro. México tiene motivos de sobra para llenarnos de orgullo, pero también sobran las razones para trabajar en nuestra mejora como país. Pese a la diversidad de nuestras raíces existe un clasismo latente entre nuestra gente, nuestro gobierno de manera general ha sido incapaz de solventar distintas problemáticas, sin embargo, sus ciudadanos han demostrado acción y voluntad.

México está compuesto de gente que trabaja mucho más que cualquier nación, lo que necesita es mayor organización, prevención y planeación. Cuando hablas con un extranjero de las horas que se trabajan en una jornada común en México parece irreal, sin embargo pocos de esos trabajadores entienden los conceptos de puntualidad o el trabajo por objetivos.

México tiene gran diversidad de colores, los cuales se hacen presente en sus platillos y gente, pero también algunos como el rojo han teñido con sangre las calles de nuestra nación. Aún luchamos contra una ola de violencia e inseguridad, que lejos de disminuir constantemente se incrementa. Nuestro país está lleno de folclor y un humor particular, pero también detrás de éstos se ha escondido la misoginia y la desigualdad.

Seguimos siendo una nación que suele normalizar la violencia, la falta de igualdad de género, un país donde predomina el machismo y se fomenta desde el hogar, donde el crecimiento laboral aún responde al género y color de piel, pero pretendemos que el racismo es sólo una opinión personal. Razones para sentir orgullo por México sobran, pero también sobran las áreas de oportunidad para lograr la nación libre y soberana que todos merecemos. Seamos conscientes de los puntos en los que cada uno ha de trabajar. Asumamos nuestras culpas y responsabilidades, dejemos de dividirnos por las diferencias y usémoslas para construir algo mejor.

zairosas.22@gmail.com


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