/ miércoles 15 de enero de 2020

El negro horizonte de Yunes Linares

La historia de México está llena de políticos que decidieron huir del país, exiliarse, antes que entrar a una abierta confrontación con el presidente en turno.

Varios expresidentes mexicanos han pasado del poder al exilio. Encontramos, por ejemplo, los casos de Antonio López de Santa Anna, Valentín Gómez Farías, Nicolás Bravo y Anastasio Bustamante, que en diferentes épocas y por distintos motivos tuvieron que abandonar México.

Incluso Juárez se vio obligado al destierro. En el siglo pasado, lo mismo ocurrió con Porfirio Díaz, quien después de permanecer en el poder por tres décadas, salió a Francia para nunca volver. Sebastián Lerdo de Tejada también murió en el destierro.

La historia nacional consigna, de igual manera, el caso del hombre fuerte del Maximato, Plutarco Elías Calles, fundador del PNR, antecedente del PRI, quien fue expulsado a Estados Unidos.

De forma más reciente, Carlos Salinas de Gortari, al no llevar una buena relación con su sucesor en el cargo, Ernesto Zedillo, se refugió en Irlanda después de recorrer varios países.

Exgobernadores de diferentes entidades del país han corrido con la misma suerte; caídos en desgracia política, optan por poner tierra de por medio por diferentes motivos.

No hay un solo caso de un político que haya salido bien librado de un enfrentamiento con el presidente.

Quienes han tenido fortuna logran exiliarse; quienes no, son detenidos, encarcelados y exhibidos ante la opinión pública; en la historia contemporánea tenemos al líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “la Quina”; o a la maestra Elba Esther Gordillo Morales, cabeza del poderoso sindicato magisterial; el primero, apresado durante el gobierno de Carlos Salinas; la segunda, en el inicio del sexenio de Peña Nieto.

Los casos más recientes de exgobernadores que salieron del país, aunque fueron posteriormente capturados, son los de Tomás Yarrington, exmandatario tamaulipeco detenido en Italia; y el veracruzano Javier Duarte, apresado en Guatemala para ser trasladado al Reclusorio Norte.

El punto es que no hay político que haya salido bien librado de un enfrentamiento con el Ejecutivo en turno, no importa si son expresidentes, exgobernadores, exsecretarios del gabinete y líderes partidistas.

El tema surge hoy a propósito de la abierta confrontación que ha mantenido el exgobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, con el presidente López Obrador.

Recordemos que durante la pasada campaña, Yunes lanzó todo tipo de descalificaciones contra el entonces candidato de Morena; la provocación fue abierta y de ello quedó constancia en las redes sociales; le dijo corrupto, bocón, vividor y cosas por el estilo hasta llegar al “no le saques, loco”, en abierto reto, casi barriobajero, como si no estuviera en su presupuesto lo que parecía una inminente victoria de quien durante años ha mantenido un impresionante nivel de popularidad.

Sin embargo, una vez que López Obrador llegó a la Presidencia y el exgobernador no pudo dar continuidad a su proyecto en Veracruz, con su hijo como candidato de PAN-PRD-MC, de inmediato bajó su perfil hasta mantenerse casi agazapado.

El exejecutivo veracruzano sólo ha tenido apariciones aisladas; algún día corriendo acompañado por sus hijos; otro en el café; nada importante. El único acto político más o menos relevante se dio en agosto pasado, cuando reunió a su grupo para dar línea a favor de José de Jesús Mancha en el marco de la contienda por la dirigencia estatal panista, de la que resultó perdedor.

A poco más de un año de concluir su periodo en la gubernatura, Yunes Linares cuenta las horas para que termine el sexenio; sabe que en cualquier momento podría pasar de ser el justiciero que combatía la corrupción de Duarte al prófugo de la justicia, al exiliado o, en el peor de los escenarios para su causa, al primer exgobernador detenido por la 4T.

La historia de México está llena de políticos que decidieron huir del país, exiliarse, antes que entrar a una abierta confrontación con el presidente en turno.

Varios expresidentes mexicanos han pasado del poder al exilio. Encontramos, por ejemplo, los casos de Antonio López de Santa Anna, Valentín Gómez Farías, Nicolás Bravo y Anastasio Bustamante, que en diferentes épocas y por distintos motivos tuvieron que abandonar México.

Incluso Juárez se vio obligado al destierro. En el siglo pasado, lo mismo ocurrió con Porfirio Díaz, quien después de permanecer en el poder por tres décadas, salió a Francia para nunca volver. Sebastián Lerdo de Tejada también murió en el destierro.

La historia nacional consigna, de igual manera, el caso del hombre fuerte del Maximato, Plutarco Elías Calles, fundador del PNR, antecedente del PRI, quien fue expulsado a Estados Unidos.

De forma más reciente, Carlos Salinas de Gortari, al no llevar una buena relación con su sucesor en el cargo, Ernesto Zedillo, se refugió en Irlanda después de recorrer varios países.

Exgobernadores de diferentes entidades del país han corrido con la misma suerte; caídos en desgracia política, optan por poner tierra de por medio por diferentes motivos.

No hay un solo caso de un político que haya salido bien librado de un enfrentamiento con el presidente.

Quienes han tenido fortuna logran exiliarse; quienes no, son detenidos, encarcelados y exhibidos ante la opinión pública; en la historia contemporánea tenemos al líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “la Quina”; o a la maestra Elba Esther Gordillo Morales, cabeza del poderoso sindicato magisterial; el primero, apresado durante el gobierno de Carlos Salinas; la segunda, en el inicio del sexenio de Peña Nieto.

Los casos más recientes de exgobernadores que salieron del país, aunque fueron posteriormente capturados, son los de Tomás Yarrington, exmandatario tamaulipeco detenido en Italia; y el veracruzano Javier Duarte, apresado en Guatemala para ser trasladado al Reclusorio Norte.

El punto es que no hay político que haya salido bien librado de un enfrentamiento con el Ejecutivo en turno, no importa si son expresidentes, exgobernadores, exsecretarios del gabinete y líderes partidistas.

El tema surge hoy a propósito de la abierta confrontación que ha mantenido el exgobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, con el presidente López Obrador.

Recordemos que durante la pasada campaña, Yunes lanzó todo tipo de descalificaciones contra el entonces candidato de Morena; la provocación fue abierta y de ello quedó constancia en las redes sociales; le dijo corrupto, bocón, vividor y cosas por el estilo hasta llegar al “no le saques, loco”, en abierto reto, casi barriobajero, como si no estuviera en su presupuesto lo que parecía una inminente victoria de quien durante años ha mantenido un impresionante nivel de popularidad.

Sin embargo, una vez que López Obrador llegó a la Presidencia y el exgobernador no pudo dar continuidad a su proyecto en Veracruz, con su hijo como candidato de PAN-PRD-MC, de inmediato bajó su perfil hasta mantenerse casi agazapado.

El exejecutivo veracruzano sólo ha tenido apariciones aisladas; algún día corriendo acompañado por sus hijos; otro en el café; nada importante. El único acto político más o menos relevante se dio en agosto pasado, cuando reunió a su grupo para dar línea a favor de José de Jesús Mancha en el marco de la contienda por la dirigencia estatal panista, de la que resultó perdedor.

A poco más de un año de concluir su periodo en la gubernatura, Yunes Linares cuenta las horas para que termine el sexenio; sabe que en cualquier momento podría pasar de ser el justiciero que combatía la corrupción de Duarte al prófugo de la justicia, al exiliado o, en el peor de los escenarios para su causa, al primer exgobernador detenido por la 4T.

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