/ viernes 9 de octubre de 2020

El pacto capital y la 4T

El pasado lunes, en su conferencia “mañanera”, el compañero presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado por el secretario de Hacienda y otros funcionarios, así como el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y otros hombres de negocios, anunció y firmó un programa de inversión por 259 mil millones de pesos, para la realización de 39 proyectos de comunicación, energía y turismo.

Dicho proyecto representa un esperanzador impulso a la economía mexicana y la convergencia, según dijeron, de los intereses privados y públicos en un objetivo común: México, desmintiendo así la supuesta ruptura del gobierno con la clase empresarial. Sea pues una coexistencia pacífica.

Justo ahora, cuando la pandemia que se vive mundialmente, como dijo el Papa en su reciente pronunciamiento, ha mostrado el fracaso del capitalismo (el neoliberalismo) como sistema para dar seguridad y bienestar a la humanidad. Cosa que ya se sabía, pero es muy importante que lo diga el Papa, a contracorriente de la historia misma de la Iglesia Católica, que se ha opuesto a las corrientes progresistas en la política y la ciencia, sin dejar de señalar que siempre ha habido un sector minoritario progresista que mantiene la esencia original del cristianismo.

El pacto desmiente al presidente López Obrador que en su gobierno se ha separado a la política de la economía, eso no es posible; son la dos piernas con que camina toda sociedad. Sí, es cierto que su gobierno pretende hacer política de bienestar a la mayoría más desprotegida y dejar de ser administradores o capataces del capital nacional y extranjero, como lo han sido los gobiernos del PRI-AN. Y que una buena mayoría pasa a las filas de nuevos ricos y empresarios o socios de los empresarios. Que han diseñado las leyes de tal forma para que el capital funcione con plena libertad y “legalmente”, aunque llegado el caso, si hay que violar esas leyes, no hay problema o se recurre --como hemos visto-- al soborno. Por ejemplo la confesión del señor Lozoya, que denunció la entrega millonaria a diputados y senadores para que aprobaran la llamada reforma energética en el gobierno de Peña Nieto.

El capitalismo nacional y mundial satanizó el contenido, significado y lo profundamente humano de lo social. Así deformaron toda la política que tendiera a beneficiar a la mayoría, a los pobres, a los trabajadores, cuando nuestra herencia genética nos induce a ser gregarios, solidarios. Desde nuestros ancestros homínidos que cazaban al mamut colectivamente y así se lo comían también. Hay que “exorcizar” y darles su verdadero significado y contenido a palabras como populismo, socialismo, comunismo, incluso el cristianismo; despojarlas de las manchas con que las han ensuciado.

El compañero Presidente no debe temer a declararse “estatista”; él dice que no lo es. Pregunto, si quiere ser tan buen presidente como lo fue Cárdenas, ignora que él fue un gran “estatizador” (petróleo, tierra, la escuelas socialistas). La expropiación de la electricidad por el presidente López Mateos lo coloca como la mejor de su legado histórico. La construcción del aeropuerto Felipe Ángeles está en manos del Ejército; eso es “estatismo”. Ojalá el Presidente recuperara, para bien del país, todas las privatizaciones que los gobiernos neoliberales entregaron al capital nacional y extranjero.

El pasado lunes, en su conferencia “mañanera”, el compañero presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado por el secretario de Hacienda y otros funcionarios, así como el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y otros hombres de negocios, anunció y firmó un programa de inversión por 259 mil millones de pesos, para la realización de 39 proyectos de comunicación, energía y turismo.

Dicho proyecto representa un esperanzador impulso a la economía mexicana y la convergencia, según dijeron, de los intereses privados y públicos en un objetivo común: México, desmintiendo así la supuesta ruptura del gobierno con la clase empresarial. Sea pues una coexistencia pacífica.

Justo ahora, cuando la pandemia que se vive mundialmente, como dijo el Papa en su reciente pronunciamiento, ha mostrado el fracaso del capitalismo (el neoliberalismo) como sistema para dar seguridad y bienestar a la humanidad. Cosa que ya se sabía, pero es muy importante que lo diga el Papa, a contracorriente de la historia misma de la Iglesia Católica, que se ha opuesto a las corrientes progresistas en la política y la ciencia, sin dejar de señalar que siempre ha habido un sector minoritario progresista que mantiene la esencia original del cristianismo.

El pacto desmiente al presidente López Obrador que en su gobierno se ha separado a la política de la economía, eso no es posible; son la dos piernas con que camina toda sociedad. Sí, es cierto que su gobierno pretende hacer política de bienestar a la mayoría más desprotegida y dejar de ser administradores o capataces del capital nacional y extranjero, como lo han sido los gobiernos del PRI-AN. Y que una buena mayoría pasa a las filas de nuevos ricos y empresarios o socios de los empresarios. Que han diseñado las leyes de tal forma para que el capital funcione con plena libertad y “legalmente”, aunque llegado el caso, si hay que violar esas leyes, no hay problema o se recurre --como hemos visto-- al soborno. Por ejemplo la confesión del señor Lozoya, que denunció la entrega millonaria a diputados y senadores para que aprobaran la llamada reforma energética en el gobierno de Peña Nieto.

El capitalismo nacional y mundial satanizó el contenido, significado y lo profundamente humano de lo social. Así deformaron toda la política que tendiera a beneficiar a la mayoría, a los pobres, a los trabajadores, cuando nuestra herencia genética nos induce a ser gregarios, solidarios. Desde nuestros ancestros homínidos que cazaban al mamut colectivamente y así se lo comían también. Hay que “exorcizar” y darles su verdadero significado y contenido a palabras como populismo, socialismo, comunismo, incluso el cristianismo; despojarlas de las manchas con que las han ensuciado.

El compañero Presidente no debe temer a declararse “estatista”; él dice que no lo es. Pregunto, si quiere ser tan buen presidente como lo fue Cárdenas, ignora que él fue un gran “estatizador” (petróleo, tierra, la escuelas socialistas). La expropiación de la electricidad por el presidente López Mateos lo coloca como la mejor de su legado histórico. La construcción del aeropuerto Felipe Ángeles está en manos del Ejército; eso es “estatismo”. Ojalá el Presidente recuperara, para bien del país, todas las privatizaciones que los gobiernos neoliberales entregaron al capital nacional y extranjero.