/ viernes 16 de agosto de 2019

El trueque, la dote y la venta de niñas indígenas

Los matrimonios forzados o matrimonios a menores de edad es una forma legal de pederastia y legitiman el abuso sexual, secuestro y tráfico de menores, a pesar de que nuestra Constitución federal fue reformada el 11 de junio de 2011, cuando los derechos humanos están a primer nivel en nuestro país y son reconocidos en los más altos estándares como son los tratados internacionales que México ha firmado y ratificado en materia de derechos humanos, por mencionar algunos, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, la Declaración Universal de los Derechos de los Niños, el interés superior del niño, etc. Aún falta concientizar, informar y accionar programas de protección a menores de edad, en particular a las niñas indígenas, por los usos y costumbres.

México da un paso agigantado en materia (de prohibición) de matrimonios a menores de edad, el 4 de julio de 2019. La Secretaría de Gobernación emite un comunicado de prensa número 133 2019, en que el que informa que se impide el contrato civil para menores de edad en todo el país, sin excepciones ni dispensas, así como se publica en el Diario Oficial de la Federación, se reforma el artículo 148 del Código Civil federal: “Por decreto se reforma y deroga las despensas y excepciones”.

Con esto ya no obligarán a niñas indígenas a casarse con hombre mayores incluso con ancianos, pero falta más por hacer, el Senado de la República Mexicana debe no sólo prohibir el matrimonio a menores de edad, sino también prohibir la unión libre de los mismos, porque si bien es cierto que ya no podrán casar a las niñas sí seguirán obligándolas a que tomen por marido cuando el padre les ordene.

El Sistema Nacional de Protección Integral de las Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) dice que siete entidades del país aún permiten el matrimonio a menores de edad y permiten las dispensas y excepciones por los usos y costumbres. El director general del sistema de información Sipinna, Alejandro López, dice que por lo menos tres mil de estos matrimonios se llevaron a cabo en el estado de Guerrero.

Indigna saber que en la actualidad las niñas indígenas son cambiadas por guajolotes, vacas, cajas de cerveza, bultos de maíz, animales de granja, terrenos o por dinero sin que nadie las defienda, porque son los padres quienes las ofrecen al mejor postor.

En Veracruz algunos municipios aún realizan el trueque, la dote o venden a las niñas indígenas para ser casadas con personas adultas. Los usos y costumbres están muy arraigadas en estas zonas: Soledad Atzompa, Atlahuilco, Acultzingo, Camerino Z. Mendoza, Xoxocotla, Tlaquilpa, Zongolica, San Andrés Tuxtla, Hueyapan de Ocampo y muchos más. Cuando a las niñas les empieza su menstruación en ese momento son ofrecidas al mejor postor. La inocencia de las niñas es ultrajada, mancillada, robada y lastimada; se cometen delitos de pederastia, tráfico de menores, privación de la libertad y la violación sexual. No puedo imaginar el dolor y asco de aquellas niñas que son forzadas a ser esposas, esclavas sexuales de hombres enfermos, porque eso son, son unos ¡malditos! pederastas legitimados y empoderados por los usos y costumbres y, peor aún, por los padres de las niñas, el patriarcado cómplice de esta atrocidad.

Las estadísticas del 2016 del INEGI dicen que 423 mil adolescentes y mujeres fueron obligadas a contraer matrimonio por estar embarazadas, 339 mil adolescentes y mujeres fueron obligadas al matrimonio en contra de su voluntad, 185 mil fueron intercambiadas o vendidas. La ONU Mujeres dice que 6.8 millones de mexicanas se unieron conyugalmente siendo menores de edad.

Aún falta mucho por hacer; sigamos trabajando en materia de derechos humanos, es momento de reflexionar y realizar acciones que protejan los derechos sexuales de las niñas y erradicar el patriarcado lleno de ignorancia machismo y odio hacia las niñas y mujeres.

Correo: lexfemme.12qhotmail.

Los matrimonios forzados o matrimonios a menores de edad es una forma legal de pederastia y legitiman el abuso sexual, secuestro y tráfico de menores, a pesar de que nuestra Constitución federal fue reformada el 11 de junio de 2011, cuando los derechos humanos están a primer nivel en nuestro país y son reconocidos en los más altos estándares como son los tratados internacionales que México ha firmado y ratificado en materia de derechos humanos, por mencionar algunos, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, la Declaración Universal de los Derechos de los Niños, el interés superior del niño, etc. Aún falta concientizar, informar y accionar programas de protección a menores de edad, en particular a las niñas indígenas, por los usos y costumbres.

México da un paso agigantado en materia (de prohibición) de matrimonios a menores de edad, el 4 de julio de 2019. La Secretaría de Gobernación emite un comunicado de prensa número 133 2019, en que el que informa que se impide el contrato civil para menores de edad en todo el país, sin excepciones ni dispensas, así como se publica en el Diario Oficial de la Federación, se reforma el artículo 148 del Código Civil federal: “Por decreto se reforma y deroga las despensas y excepciones”.

Con esto ya no obligarán a niñas indígenas a casarse con hombre mayores incluso con ancianos, pero falta más por hacer, el Senado de la República Mexicana debe no sólo prohibir el matrimonio a menores de edad, sino también prohibir la unión libre de los mismos, porque si bien es cierto que ya no podrán casar a las niñas sí seguirán obligándolas a que tomen por marido cuando el padre les ordene.

El Sistema Nacional de Protección Integral de las Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) dice que siete entidades del país aún permiten el matrimonio a menores de edad y permiten las dispensas y excepciones por los usos y costumbres. El director general del sistema de información Sipinna, Alejandro López, dice que por lo menos tres mil de estos matrimonios se llevaron a cabo en el estado de Guerrero.

Indigna saber que en la actualidad las niñas indígenas son cambiadas por guajolotes, vacas, cajas de cerveza, bultos de maíz, animales de granja, terrenos o por dinero sin que nadie las defienda, porque son los padres quienes las ofrecen al mejor postor.

En Veracruz algunos municipios aún realizan el trueque, la dote o venden a las niñas indígenas para ser casadas con personas adultas. Los usos y costumbres están muy arraigadas en estas zonas: Soledad Atzompa, Atlahuilco, Acultzingo, Camerino Z. Mendoza, Xoxocotla, Tlaquilpa, Zongolica, San Andrés Tuxtla, Hueyapan de Ocampo y muchos más. Cuando a las niñas les empieza su menstruación en ese momento son ofrecidas al mejor postor. La inocencia de las niñas es ultrajada, mancillada, robada y lastimada; se cometen delitos de pederastia, tráfico de menores, privación de la libertad y la violación sexual. No puedo imaginar el dolor y asco de aquellas niñas que son forzadas a ser esposas, esclavas sexuales de hombres enfermos, porque eso son, son unos ¡malditos! pederastas legitimados y empoderados por los usos y costumbres y, peor aún, por los padres de las niñas, el patriarcado cómplice de esta atrocidad.

Las estadísticas del 2016 del INEGI dicen que 423 mil adolescentes y mujeres fueron obligadas a contraer matrimonio por estar embarazadas, 339 mil adolescentes y mujeres fueron obligadas al matrimonio en contra de su voluntad, 185 mil fueron intercambiadas o vendidas. La ONU Mujeres dice que 6.8 millones de mexicanas se unieron conyugalmente siendo menores de edad.

Aún falta mucho por hacer; sigamos trabajando en materia de derechos humanos, es momento de reflexionar y realizar acciones que protejan los derechos sexuales de las niñas y erradicar el patriarcado lleno de ignorancia machismo y odio hacia las niñas y mujeres.

Correo: lexfemme.12qhotmail.

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