/ jueves 30 de julio de 2020

Érik Iván, castigo exagerado para una estulticia

A principios de marzo, con 35 votos, el Congreso de Veracruz desaforó al hoy exdiputado local Érik Iván Aguilar López, hoy preso, quien representaba al distrito de Misantla.

Conocido en los pasillos del Congreso local como “el Mariachi”, por su afición a la música regional mexicana, el pintoresco legislador vio cómo se apagaba su fugaz estrella.

En noviembre de 2018, cuando Aguilar López llegó al Congreso veracruzano con un grupo de cuerdas y trompetas, interpretando canciones como “Sin fortuna”, nunca imaginó que 16 meses después saldría de ese recinto como alma que lleva el diablo: a la carrera, huyendo, humillado y por la puerta trasera.

De la Legislatura le echaron con cajas destempladas, que es un término que en la antigüedad se usaba en el argot militar para referirse a un soldado despedido por haber incurrido en una actitud ruin.

Las cajas destempladas eran tambores desafinados que se usaban para degradar a un militar. Así echaron del Congreso a Érik Iván Aguilar al iniciar marzo del presente año.

Se le acusa por un presunto caso de sustracción de cadáver; los delitos: resistencia de particulares, ejercicio indebido del servicio público y abuso de autoridad.

En marzo, al saberse ya perdido, desaforado, Aguilar López pidió justicia y apego a la legalidad en el proceso que se sigue en su contra; sin embargo, su suerte parecía definida.

Recordemos el patético acto que protagonizó —consignado y documentado por los medios informativos— cuando al obstruir el trabajo de la Fiscalía General del Estado, apuntaba con actitud soberbia, arrogante, que a la fiscal se la comía “en tacos”.

El problema es que esos tacos le provocaron una indigestión al polémico exdiputado, conocido por su zigzagueo político; recordemos que Iván Aguilar llegó al Congreso gracias a la alianza Morena-PT-PES; luego le dio la espalda a dicha bancada para ingresar al grupo conocido como “Del lado correcto de la historia”; de ahí se declaró independiente; se sumó a la extinta bancada “Acción Nacional Veracruz”, hasta que finalmente fue desaforado.

Luego del desafuero de marzo pasado, digamos que se agazapó hasta que hace una semana fue detenido e internado en el penal de Pacho Viejo, a donde llegó para participar en su audiencia ante el juzgado.

Hoy, de ese legislador local que se comía en tacos a la fiscal veracruzana ya no queda ni la sombra; este jueves, sus abogados y algunos familiares acudieron ante los medios para denunciar presuntas violaciones a los derechos del exdiputado. Aseguran que el proceso está plagado de irregularidades y culparon a los jueces.

Apuntan que encarcelarle es una medida exagerada, dado que no es un delincuente peligroso; agregan que está enfermo, diabético, hipertenso y vulnerable ante el coronavirus; y señalan que es un despropósito tenerlo tras las rejas, cuando hay otros acusados por delitos realmente graves, como el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, que siguen sus procesos en libertad.

A principios de marzo, con 35 votos, el Congreso de Veracruz desaforó al hoy exdiputado local Érik Iván Aguilar López, hoy preso, quien representaba al distrito de Misantla.

Conocido en los pasillos del Congreso local como “el Mariachi”, por su afición a la música regional mexicana, el pintoresco legislador vio cómo se apagaba su fugaz estrella.

En noviembre de 2018, cuando Aguilar López llegó al Congreso veracruzano con un grupo de cuerdas y trompetas, interpretando canciones como “Sin fortuna”, nunca imaginó que 16 meses después saldría de ese recinto como alma que lleva el diablo: a la carrera, huyendo, humillado y por la puerta trasera.

De la Legislatura le echaron con cajas destempladas, que es un término que en la antigüedad se usaba en el argot militar para referirse a un soldado despedido por haber incurrido en una actitud ruin.

Las cajas destempladas eran tambores desafinados que se usaban para degradar a un militar. Así echaron del Congreso a Érik Iván Aguilar al iniciar marzo del presente año.

Se le acusa por un presunto caso de sustracción de cadáver; los delitos: resistencia de particulares, ejercicio indebido del servicio público y abuso de autoridad.

En marzo, al saberse ya perdido, desaforado, Aguilar López pidió justicia y apego a la legalidad en el proceso que se sigue en su contra; sin embargo, su suerte parecía definida.

Recordemos el patético acto que protagonizó —consignado y documentado por los medios informativos— cuando al obstruir el trabajo de la Fiscalía General del Estado, apuntaba con actitud soberbia, arrogante, que a la fiscal se la comía “en tacos”.

El problema es que esos tacos le provocaron una indigestión al polémico exdiputado, conocido por su zigzagueo político; recordemos que Iván Aguilar llegó al Congreso gracias a la alianza Morena-PT-PES; luego le dio la espalda a dicha bancada para ingresar al grupo conocido como “Del lado correcto de la historia”; de ahí se declaró independiente; se sumó a la extinta bancada “Acción Nacional Veracruz”, hasta que finalmente fue desaforado.

Luego del desafuero de marzo pasado, digamos que se agazapó hasta que hace una semana fue detenido e internado en el penal de Pacho Viejo, a donde llegó para participar en su audiencia ante el juzgado.

Hoy, de ese legislador local que se comía en tacos a la fiscal veracruzana ya no queda ni la sombra; este jueves, sus abogados y algunos familiares acudieron ante los medios para denunciar presuntas violaciones a los derechos del exdiputado. Aseguran que el proceso está plagado de irregularidades y culparon a los jueces.

Apuntan que encarcelarle es una medida exagerada, dado que no es un delincuente peligroso; agregan que está enfermo, diabético, hipertenso y vulnerable ante el coronavirus; y señalan que es un despropósito tenerlo tras las rejas, cuando hay otros acusados por delitos realmente graves, como el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, que siguen sus procesos en libertad.

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