/ domingo 26 de enero de 2020

Especulación y miedo

Lo más dañino para la sociedad es la desinformación. Cuando surgen noticias cuyos titulares son alarmantes para acaparar la atención, cuando especulamos sobre situaciones que desconocemos y compartimos esas ideas sin fundamento con otros, podemos originar caos mental en los demás.

Justo eso ocurre en estos tiempos de modernidad en los que la información es instantánea, pero cualquiera puede brindarla y acceder a ella. La libertad de expresión sin ética y responsabilidad ha manipulado a la sociedad en diversos momentos de la historia.

Hitler logró convencer a una nación de que las personas eran diferentes según sus creencias y origen racial, esa creencia ciega que no cuestiona nada es la que provocó la segunda guerra mundial. Mediante estrategias de propaganda, noticias falsas y el análisis de los miedos del entorno hay figuras que erróneamente se han tornado en líderes.

¿Por qué hablo de esto? Porque en medio de datos constantes que de inmediato desatan la crisis y el pánico, solemos confiar en cifras y supuestos hechos sin siquiera corroborar las fuentes. Lo anterior también genera caos innecesario, como en el caso de las enfermedades. La actitud actual del país y quizás en el mundo es de angustia por la presencia de un nuevo virus, las precauciones son necesarias, pero la propagación de noticias falsas no.

Cuando compartimos con alguien información de la cual no tenemos certeza estamos propiciando un ciclo vicioso en el que más de una persona puede salir afectada. Y si bien el humor es lo que nos caracteriza como mexicanos, también es una clave de distracción de aquello verdaderamente importante. En días recientes Ana María Olabuenaga ejemplificaba como mientras nos reíamos de la rifa del avión presidencial, ocurrían otras cosas verdaderamente importantes que dejábamos pasar por alto.

Y pareciera ridículo que después de burlarnos con el paso del tiempo de eventos distractores como el del “Chupacabras”, nos consideremos inmunes ante la falsedad, pero curiosamente nadie se salva de propagar erróneamente rumores o creer en alguno de ellos. Algunos resultan mayores a otros pero al final la ignorancia gana.

Tristemente la victoria de la ignorancia y el desconocimiento, también es causante de la propagación de enfermedades, porque damos seguimiento a la propagación de un virus al otro lado del mundo, pero nos olvidamos de los hábitos de sanidad básicos que evitan el contagio de este y cualquier otro padecimiento.

Nos enfocamos en conocer padecimientos inexistentes en nuestro cuerpo, pero evitamos los riesgos de ingerir alimentos exóticos con tal de conseguir una foto o una experiencia que nos posicione en el ámbito digital.

En esta era de modernidad líquida, necesitamos más consciencia, ser precavidos y responsables, pero sobre todo aprovechar el desarrollo de las tecnologías como aliados y no como una herramienta infunda y difunda el miedo.

zairosas.22@gmail.com

Lo más dañino para la sociedad es la desinformación. Cuando surgen noticias cuyos titulares son alarmantes para acaparar la atención, cuando especulamos sobre situaciones que desconocemos y compartimos esas ideas sin fundamento con otros, podemos originar caos mental en los demás.

Justo eso ocurre en estos tiempos de modernidad en los que la información es instantánea, pero cualquiera puede brindarla y acceder a ella. La libertad de expresión sin ética y responsabilidad ha manipulado a la sociedad en diversos momentos de la historia.

Hitler logró convencer a una nación de que las personas eran diferentes según sus creencias y origen racial, esa creencia ciega que no cuestiona nada es la que provocó la segunda guerra mundial. Mediante estrategias de propaganda, noticias falsas y el análisis de los miedos del entorno hay figuras que erróneamente se han tornado en líderes.

¿Por qué hablo de esto? Porque en medio de datos constantes que de inmediato desatan la crisis y el pánico, solemos confiar en cifras y supuestos hechos sin siquiera corroborar las fuentes. Lo anterior también genera caos innecesario, como en el caso de las enfermedades. La actitud actual del país y quizás en el mundo es de angustia por la presencia de un nuevo virus, las precauciones son necesarias, pero la propagación de noticias falsas no.

Cuando compartimos con alguien información de la cual no tenemos certeza estamos propiciando un ciclo vicioso en el que más de una persona puede salir afectada. Y si bien el humor es lo que nos caracteriza como mexicanos, también es una clave de distracción de aquello verdaderamente importante. En días recientes Ana María Olabuenaga ejemplificaba como mientras nos reíamos de la rifa del avión presidencial, ocurrían otras cosas verdaderamente importantes que dejábamos pasar por alto.

Y pareciera ridículo que después de burlarnos con el paso del tiempo de eventos distractores como el del “Chupacabras”, nos consideremos inmunes ante la falsedad, pero curiosamente nadie se salva de propagar erróneamente rumores o creer en alguno de ellos. Algunos resultan mayores a otros pero al final la ignorancia gana.

Tristemente la victoria de la ignorancia y el desconocimiento, también es causante de la propagación de enfermedades, porque damos seguimiento a la propagación de un virus al otro lado del mundo, pero nos olvidamos de los hábitos de sanidad básicos que evitan el contagio de este y cualquier otro padecimiento.

Nos enfocamos en conocer padecimientos inexistentes en nuestro cuerpo, pero evitamos los riesgos de ingerir alimentos exóticos con tal de conseguir una foto o una experiencia que nos posicione en el ámbito digital.

En esta era de modernidad líquida, necesitamos más consciencia, ser precavidos y responsables, pero sobre todo aprovechar el desarrollo de las tecnologías como aliados y no como una herramienta infunda y difunda el miedo.

zairosas.22@gmail.com

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