/ martes 1 de septiembre de 2020

Fin de fiesta

Este martes comenzará la última etapa de la borrachera electoral del presidente López Obrador, cuando entregue el último de sus informes con la aplastante mayoría de la que aún goza. Su tercer informe, en septiembre de 2021, lo entregará ante una Cámara renovada, en donde su mayoría calificada se habrá esfumado.

López Obrador no ha entendido algo central: él no es Morena. Por eso perderá la elección intermedia.

La derrota anticipada se explica por varias razones que deben analizarse con seriedad y a profundidad.

Hay un desastre en el país que no tiene paralelo en un siglo.

La economía habrá perdido este año algo más de 120 mil millones de dólares: casi 3 billones de pesos. Recuperarlos llevará, en el escenario optimista, el resto de este sexenio trágico. En el pesimista, hasta el 2026. México será el país que más lento se recupere de todo el mundo, según The Economist.

Pero a nivel social, esto tiene implicaciones terribles: 20 millones han perdido su empleo. 12 entrarán en pobreza. El ingreso de cada mexicano regresó al nivel de principios de siglo.

A la gente sin empleo se suma una devastación sanitaria y moral. México es el tercer país del mundo con más muertes por Covid. Si sumamos la cifra que el gobierno esconde de muertes, seríamos el primero, por encima de Estados Unidos. La pandemia infectó la estabilidad y la esperanza de más de 600 mil hogares.

Por último, la inseguridad no conoce confinamientos. Ha habido 59 mil 684 asesinatos, mil 626 de ellos feminicidios. Las imágenes de la liberación de Ovidio, del saludo a su abuela, están inscritas en la mente de las personas como símbolo de un arreglo siniestro.

Si el voto es emocional, como lo es, habrá que esperar que el hambre, el desencanto y la decepción cobren factura.

La aprobación de López Obrador, por lo pronto estabilizada en los cincuentas bajos, no tiene cimientos. Es una percepción sobre su persona. Todos los rubros de su gobierno están reprobados. Agréguese a esto la guerra intestina dentro de su partido, Morena. Viene lo peor.

Esto explica porqué Morena registra sólo un débil 18 por ciento de intención de voto para la Cámara. Recuérdelo: Morena no es Andrés Manuel López Obrador. Morena es Cuauhtémoc Blanco, Cuitláhuac García, Miguel Barbosa, Jesusa Rodríguez, Manuel Bartlett, Pío López Obrador.

Los análisis más simplones repiten en copia y pega lo alto de la aprobación y la intención de voto en estados hoy.

Ese análisis es incorrecto.

Para entender un fenómeno electoral hay que ver las tendencias. La elección no es hoy, sino en 10 meses. Hay que ir atrás diez meses y seguir hasta hoy para entender. Y ahí no hay duda: Morena se está desinflando en buena parte del país. Día a día. Hora a hora.

Los voceros del régimen insisten en que el voto opositor se pulverizará. Es un análisis peregrino. Quizá en algunas elecciones. En la inmensa mayoría, el comportamiento electoral de secciones y distritos muestra otra realidad: más compleja, menos divisiva que la afirmación de los analistas de café.

En el año que le resta de mayoría, López Obrador puede hacer todavía mucho daño. Igual que José López Portillo en su agónico último tramo de desgobierno, no recurrirá a la sensatez ni a la visión de estadista para enfrentar una crisis brutal. Se radicalizará, permanecerá ajeno a la realidad y nos deparará la política del espectáculo en lugar de enfocarse a dar resultados.

Termina, pues, la borrachera. Comienza la cruda. Será larga.

Y muy dolorosa.

Este martes comenzará la última etapa de la borrachera electoral del presidente López Obrador, cuando entregue el último de sus informes con la aplastante mayoría de la que aún goza. Su tercer informe, en septiembre de 2021, lo entregará ante una Cámara renovada, en donde su mayoría calificada se habrá esfumado.

López Obrador no ha entendido algo central: él no es Morena. Por eso perderá la elección intermedia.

La derrota anticipada se explica por varias razones que deben analizarse con seriedad y a profundidad.

Hay un desastre en el país que no tiene paralelo en un siglo.

La economía habrá perdido este año algo más de 120 mil millones de dólares: casi 3 billones de pesos. Recuperarlos llevará, en el escenario optimista, el resto de este sexenio trágico. En el pesimista, hasta el 2026. México será el país que más lento se recupere de todo el mundo, según The Economist.

Pero a nivel social, esto tiene implicaciones terribles: 20 millones han perdido su empleo. 12 entrarán en pobreza. El ingreso de cada mexicano regresó al nivel de principios de siglo.

A la gente sin empleo se suma una devastación sanitaria y moral. México es el tercer país del mundo con más muertes por Covid. Si sumamos la cifra que el gobierno esconde de muertes, seríamos el primero, por encima de Estados Unidos. La pandemia infectó la estabilidad y la esperanza de más de 600 mil hogares.

Por último, la inseguridad no conoce confinamientos. Ha habido 59 mil 684 asesinatos, mil 626 de ellos feminicidios. Las imágenes de la liberación de Ovidio, del saludo a su abuela, están inscritas en la mente de las personas como símbolo de un arreglo siniestro.

Si el voto es emocional, como lo es, habrá que esperar que el hambre, el desencanto y la decepción cobren factura.

La aprobación de López Obrador, por lo pronto estabilizada en los cincuentas bajos, no tiene cimientos. Es una percepción sobre su persona. Todos los rubros de su gobierno están reprobados. Agréguese a esto la guerra intestina dentro de su partido, Morena. Viene lo peor.

Esto explica porqué Morena registra sólo un débil 18 por ciento de intención de voto para la Cámara. Recuérdelo: Morena no es Andrés Manuel López Obrador. Morena es Cuauhtémoc Blanco, Cuitláhuac García, Miguel Barbosa, Jesusa Rodríguez, Manuel Bartlett, Pío López Obrador.

Los análisis más simplones repiten en copia y pega lo alto de la aprobación y la intención de voto en estados hoy.

Ese análisis es incorrecto.

Para entender un fenómeno electoral hay que ver las tendencias. La elección no es hoy, sino en 10 meses. Hay que ir atrás diez meses y seguir hasta hoy para entender. Y ahí no hay duda: Morena se está desinflando en buena parte del país. Día a día. Hora a hora.

Los voceros del régimen insisten en que el voto opositor se pulverizará. Es un análisis peregrino. Quizá en algunas elecciones. En la inmensa mayoría, el comportamiento electoral de secciones y distritos muestra otra realidad: más compleja, menos divisiva que la afirmación de los analistas de café.

En el año que le resta de mayoría, López Obrador puede hacer todavía mucho daño. Igual que José López Portillo en su agónico último tramo de desgobierno, no recurrirá a la sensatez ni a la visión de estadista para enfrentar una crisis brutal. Se radicalizará, permanecerá ajeno a la realidad y nos deparará la política del espectáculo en lugar de enfocarse a dar resultados.

Termina, pues, la borrachera. Comienza la cruda. Será larga.

Y muy dolorosa.

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