/ martes 13 de marzo de 2018

Fractura institucional: caso Veracruz

Según el Informe País del INE en 2017, 66% de los mexicanos confiamos poco o nada en el respeto a las leyes y a las instituciones. El 63% de las personas víctimas de violencia dicen que denunciar ante las autoridades no sirve de nada. Ambos datos son demoledores y explican el débil Estado de derecho que existe en el país, la impunidad que gozan los delincuentes y la imperante necesidad de una reforma al sistema de procuración de justicia en México.

Las consecuencias de nuestra debilidad institucional están a la vista. La primera de ellas es la falta de cohesión social. Nuestra sociedad carece de confianza interpersonal. De acuerdo con el mismo estudio del INE, en Veracruz únicamente 15% de las personas cree que se puede confiar en otras. El actual sistema político no sólo ha fracturado el Estado de derecho, sino que ha fragmentado la colectividad social mediante la imposibilidad de relacionarse e identificarse entre ciudadanos de distintos grupos sociales. Una vez más Veracruz es ejemplo perfecto de dicha fragmentación. La misma familia del gobernador Yunes Linares convive y se relaciona de manera exclusiva con el 1% más rico de la población del estado, acudiendo únicamente con el 99% restante durante la época electoral.

Es en esta distancia social y económica de la familia del Ejecutivo estatal con el resto de la población en Veracruz donde reside el fracaso del actual gobierno. En un estado donde 85% de la población no confía en sus semejantes tenemos a un gobernador cuyo único objetivo es dejar a su hijo como su sucesor. Ésta es una situación alarmante, ya que el endeble Estado de derecho que mencionamos al inicio de este texto beneficia a las aspiraciones familiares del Ejecutivo, haciendo posible que con toda la impunidad que caracteriza a nuestro fracturado sistema político el gobernador utilice a placer todos y cada uno de los recursos humanos, materiales y económicos con los que cuentan las instituciones del estado paro lograr el objetivo familiar.

La evidente posibilidad de acceder al poder que tiene el hijo del gobernador es sintomática del fallo en las instituciones. Esto no es una cuestión de simple crítica política. El hecho de que una persona que no conoce las necesidades diarias de movilidad, alimentación y seguridad de 8 millones de veracruzanos pueda llegar a gobernarlos, demuestra que el sistema de representación política ha fracasado. Es sencillo, no se acusa al candidato de Acción Nacional de ser rico, vivir en grandes mansiones, acudir a restaurantes de lujo o vestir las mejores ropas, lo cual ya hace. Lo que es reprobable es que teniendo la posibilidad económica para educarse en el rediseño del sistema político y la búsqueda de una sociedad más igualitaria y representativa, Yunes Márquez haya decidido tomar el camino fácil, acudir a la práctica del nepotismo y con ello perder la posibilidad de dotar de un poco más de confianza en las instituciones al 66% de los mexicanos que creemos que por políticos como él, el país está como está.

@samuelferrerm


Según el Informe País del INE en 2017, 66% de los mexicanos confiamos poco o nada en el respeto a las leyes y a las instituciones. El 63% de las personas víctimas de violencia dicen que denunciar ante las autoridades no sirve de nada. Ambos datos son demoledores y explican el débil Estado de derecho que existe en el país, la impunidad que gozan los delincuentes y la imperante necesidad de una reforma al sistema de procuración de justicia en México.

Las consecuencias de nuestra debilidad institucional están a la vista. La primera de ellas es la falta de cohesión social. Nuestra sociedad carece de confianza interpersonal. De acuerdo con el mismo estudio del INE, en Veracruz únicamente 15% de las personas cree que se puede confiar en otras. El actual sistema político no sólo ha fracturado el Estado de derecho, sino que ha fragmentado la colectividad social mediante la imposibilidad de relacionarse e identificarse entre ciudadanos de distintos grupos sociales. Una vez más Veracruz es ejemplo perfecto de dicha fragmentación. La misma familia del gobernador Yunes Linares convive y se relaciona de manera exclusiva con el 1% más rico de la población del estado, acudiendo únicamente con el 99% restante durante la época electoral.

Es en esta distancia social y económica de la familia del Ejecutivo estatal con el resto de la población en Veracruz donde reside el fracaso del actual gobierno. En un estado donde 85% de la población no confía en sus semejantes tenemos a un gobernador cuyo único objetivo es dejar a su hijo como su sucesor. Ésta es una situación alarmante, ya que el endeble Estado de derecho que mencionamos al inicio de este texto beneficia a las aspiraciones familiares del Ejecutivo, haciendo posible que con toda la impunidad que caracteriza a nuestro fracturado sistema político el gobernador utilice a placer todos y cada uno de los recursos humanos, materiales y económicos con los que cuentan las instituciones del estado paro lograr el objetivo familiar.

La evidente posibilidad de acceder al poder que tiene el hijo del gobernador es sintomática del fallo en las instituciones. Esto no es una cuestión de simple crítica política. El hecho de que una persona que no conoce las necesidades diarias de movilidad, alimentación y seguridad de 8 millones de veracruzanos pueda llegar a gobernarlos, demuestra que el sistema de representación política ha fracasado. Es sencillo, no se acusa al candidato de Acción Nacional de ser rico, vivir en grandes mansiones, acudir a restaurantes de lujo o vestir las mejores ropas, lo cual ya hace. Lo que es reprobable es que teniendo la posibilidad económica para educarse en el rediseño del sistema político y la búsqueda de una sociedad más igualitaria y representativa, Yunes Márquez haya decidido tomar el camino fácil, acudir a la práctica del nepotismo y con ello perder la posibilidad de dotar de un poco más de confianza en las instituciones al 66% de los mexicanos que creemos que por políticos como él, el país está como está.

@samuelferrerm


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