/ miércoles 28 de agosto de 2019

Goedel, ¿dónde estás?

Quisiera saber, querido Kurt, dónde te encuentras ahora, pues seguro que en este tiempo de cruel neoliberalismo no encontrarías acomodo, ni siquiera en el SNIFF, pues no cubres los requisitos, según la singular lógica –camino de tus desvelos- de la burresca academia. Si estuvieras en este mundo de aberraciones sin fin, seguro estarías sufriendo el escarnio con que se trata a toda persona pensante. El riguroso pensar de la lógica formal fue tu destino azaroso, que el duende de la razón, sin consultarte, te impuso. Causando la paranoia que a la muerte te llevó.

En el mundillo del saber la verdad desnuda, se te considera uno de los lógicos más importantes de todos los tiempos. Tu trabajo ha tenido un impacto inmenso en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX. Al igual que otros pensadores —como Gottlob Frege, Bertrand Russell, A. N. Whitehead y David Hilbert—, intentaste emplear la lógica y la teoría de conjuntos para comprender los fundamentos de la matemática.

Fuiste reconocido por tus pares y tus impares, sobre todo por tus teoremas (a mi juicio también poemas) que levantaron los muros de contención, a la arrogante matemática que presumía la verdad absoluta poseer.

Los teoremas se conocen como de la incompletitud, que en 1931 tú los diste a conocer para sorpresa del mundo, matemático más bien.

Escucho el llanto de un niño, que sollozante suplica por alimento y un poco de cariño, tal vez. ¿Y que tiene esto que ver con tus teoremas famosos? Todo y nada, me respondo.

Pues en esencia los teoremas demuestran que no existe sistema lógico alguno, consistente y completo a la vez, en el reducido espacio de la aritmética, pues. Con lo que se quiere decir que el sistema esté libre de contradicciones, y a la vez en él puedan demostrarse todas las verdades ya conocidas, dentro del sistema de objetos matemáticos, los números naturales por ejemplo.

También demostró que la hipótesis del continuo no puede refutarse desde los axiomas aceptados de la teoría de conjuntos, si dichos axiomas son consistentes. Realizó importantes contribuciones a la teoría de la demostración al esclarecer las conexiones entre la lógica clásica, la lógica intuicionista y la lógica modal.

Comprendo la razón que causó tu paranoia y te condujo a la muerte, ya que dejaste de comer pues temías ser envenenado. Llegaste al fondo del abismo donde reside el duende de la imaginación y la creación. Abismo al cual los aficionados sólo nos hemos asomado desde el borde. Saltaste del borde, mas tuviste la fortuna del amor que se tejió entre ti y la bailarina que conociste en algún cabaret de Viena, quien te amó incondicionalmente y te acompañó y te cuidó hasta el final.

Tus teoremas vibran siempre en mi interior, cuerpo y espíritu sacudidos por estas terribles realidades que traen a nuestra conciencia la finitud del mundo, del hombre y de cualquier verdad.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

Quisiera saber, querido Kurt, dónde te encuentras ahora, pues seguro que en este tiempo de cruel neoliberalismo no encontrarías acomodo, ni siquiera en el SNIFF, pues no cubres los requisitos, según la singular lógica –camino de tus desvelos- de la burresca academia. Si estuvieras en este mundo de aberraciones sin fin, seguro estarías sufriendo el escarnio con que se trata a toda persona pensante. El riguroso pensar de la lógica formal fue tu destino azaroso, que el duende de la razón, sin consultarte, te impuso. Causando la paranoia que a la muerte te llevó.

En el mundillo del saber la verdad desnuda, se te considera uno de los lógicos más importantes de todos los tiempos. Tu trabajo ha tenido un impacto inmenso en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX. Al igual que otros pensadores —como Gottlob Frege, Bertrand Russell, A. N. Whitehead y David Hilbert—, intentaste emplear la lógica y la teoría de conjuntos para comprender los fundamentos de la matemática.

Fuiste reconocido por tus pares y tus impares, sobre todo por tus teoremas (a mi juicio también poemas) que levantaron los muros de contención, a la arrogante matemática que presumía la verdad absoluta poseer.

Los teoremas se conocen como de la incompletitud, que en 1931 tú los diste a conocer para sorpresa del mundo, matemático más bien.

Escucho el llanto de un niño, que sollozante suplica por alimento y un poco de cariño, tal vez. ¿Y que tiene esto que ver con tus teoremas famosos? Todo y nada, me respondo.

Pues en esencia los teoremas demuestran que no existe sistema lógico alguno, consistente y completo a la vez, en el reducido espacio de la aritmética, pues. Con lo que se quiere decir que el sistema esté libre de contradicciones, y a la vez en él puedan demostrarse todas las verdades ya conocidas, dentro del sistema de objetos matemáticos, los números naturales por ejemplo.

También demostró que la hipótesis del continuo no puede refutarse desde los axiomas aceptados de la teoría de conjuntos, si dichos axiomas son consistentes. Realizó importantes contribuciones a la teoría de la demostración al esclarecer las conexiones entre la lógica clásica, la lógica intuicionista y la lógica modal.

Comprendo la razón que causó tu paranoia y te condujo a la muerte, ya que dejaste de comer pues temías ser envenenado. Llegaste al fondo del abismo donde reside el duende de la imaginación y la creación. Abismo al cual los aficionados sólo nos hemos asomado desde el borde. Saltaste del borde, mas tuviste la fortuna del amor que se tejió entre ti y la bailarina que conociste en algún cabaret de Viena, quien te amó incondicionalmente y te acompañó y te cuidó hasta el final.

Tus teoremas vibran siempre en mi interior, cuerpo y espíritu sacudidos por estas terribles realidades que traen a nuestra conciencia la finitud del mundo, del hombre y de cualquier verdad.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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