/ lunes 9 de septiembre de 2019

Golpeteo, las verdades y mentiras de Duarte

Independientemente del resultado de la elección interna del PAN para elegir al nuevo presidente del Comité Directivo Estatal, ayer la nota fueron las confesiones del exgobernador Javier Duarte sobre los pactos políticos entre Miguel Ángel Yunes Linares y él, con Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y la presumible alianza de ahora entre Yunes y el PRI si llegara a perder el PAN o, incluso, para lograr el triunfo de José de Jesús Mancha Alarcón, cuestión que no clarifica. De lo que cuenta en esa carta, mucho ya se sabía, y es algo común en la política pragmática, que al final sólo sirve para burlarse de los ciudadanos. Algunos pasajes resultan francamente inverosímiles, como ese de que Duarte ordenó apoyar a Héctor Yunes Landa, candidato del PRI a gobernador, pero no le hicieron caso sus colaboradores, como si un gobernador no tuviera control sobre sus empleados, cuando en realidad siempre se supo su rechazo al exsenador priista y su apoyo para Morena y su candidato Cuitláhuac García Jiménez, que no ganó en ese primer intento. La afirmación de su desgaste y de su gobierno por el golpeteo de Yunes y Osorio Chong desde la prensa nacional que permeó en el ámbito local es cierta, pero no de que Yunes Landa contribuyó a su derrota y del PRI por su discurso crítico hacia él, cuando todo mundo sabe, y eso no lo menciona, que la mayor loza fue la escandalosa corrupción atribuida a él y su gobierno, como en realidad fue, junto con el mayúsculo clima de violencia que se presentó desde el gobierno de Fidel Herrera y se acrecentó durante su mandato, y que MAYL ofreció como oferta resolver “en seis meses” que no cumplió. La realidad es que haber procesado penalmente Duarte en funciones de gobernador, probablemente habría modificado el resultado de esa elección, pero el entonces presidente Peña Nieto decidió actuar contra él y los exgobernadores César Duarte (aún prófugo) y Roberto Borge, la tríada de la vergüenza, para salvar la elección presidencial con José Antonio Meade, cosa en la que también se fracasó. La carta, sin embargo, aparece en un momento crucial para el panismo con la intención de afectar políticamente al exgobernador Yunes y su grupo político, para recordarle a los miembros de ese partido los pactos ocultos que hizo Yunes para favorecerse él y favorecer a sus hijos que lograron un espacio en el Senado uno, Fernando, y el otro, Miguel Ángel, candidato a la gubernatura del estado, en el día que se realizan elecciones internas para definir la supervivencia de esa corriente panista con José de Jesús Mancha Alarcón a la cabeza, que lucha contra su opositor Joaquín Rosendo Guzmán Avilés; si gana el de Tantoyuca, como se prevé, echaría a todo ese grupo yunista fuera de los principales órganos panistas de decisión, sin cumplir el sueño del choleño de volver al poder a través de alguno de sus hijos anunciada en aquella frase de “la lucha sigue”, pronunciada al reconocer la derrota de su hijo ante Cuitláhuac García Jiménez el 9 de julio del año pasado. Anoche mismo, o hasta hoy, se sabrá la suerte del patriarca panista. Los ánimos, ayer, se caldearon en Xalapa y no resultaría extraño que se generalicen conforme pasan las horas y se avanza en el conteo de votos.


LOS LIBROS DE YUNES

Ayer, al ir a votar en el proceso electivo interno del PAN, el exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares, Yunes no quiso comentar la carta de Javier Duarte, sólo se limitó a señalar que él lee otros libros, como Cándido de Voltaire, que narra el primer encuentro del personaje con el precepto del optimismo leibniziano de que «todo sucede para bien en éste, el mejor de los mundos posibles», y 4321 de Paul Auster, que abre su lectura con un ¿Y si hubieras actuado de otra forma en un momento crucial de tu vida? Habla sobre explorar los límites del azar y las consecuencias de las decisiones tomadas y de que todo suceso, por irrelevante que parezca, abre unas posibilidades y cierra otras. Que cada quien interprete.

Escriba a opedro2006@gmail.com



Independientemente del resultado de la elección interna del PAN para elegir al nuevo presidente del Comité Directivo Estatal, ayer la nota fueron las confesiones del exgobernador Javier Duarte sobre los pactos políticos entre Miguel Ángel Yunes Linares y él, con Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y la presumible alianza de ahora entre Yunes y el PRI si llegara a perder el PAN o, incluso, para lograr el triunfo de José de Jesús Mancha Alarcón, cuestión que no clarifica. De lo que cuenta en esa carta, mucho ya se sabía, y es algo común en la política pragmática, que al final sólo sirve para burlarse de los ciudadanos. Algunos pasajes resultan francamente inverosímiles, como ese de que Duarte ordenó apoyar a Héctor Yunes Landa, candidato del PRI a gobernador, pero no le hicieron caso sus colaboradores, como si un gobernador no tuviera control sobre sus empleados, cuando en realidad siempre se supo su rechazo al exsenador priista y su apoyo para Morena y su candidato Cuitláhuac García Jiménez, que no ganó en ese primer intento. La afirmación de su desgaste y de su gobierno por el golpeteo de Yunes y Osorio Chong desde la prensa nacional que permeó en el ámbito local es cierta, pero no de que Yunes Landa contribuyó a su derrota y del PRI por su discurso crítico hacia él, cuando todo mundo sabe, y eso no lo menciona, que la mayor loza fue la escandalosa corrupción atribuida a él y su gobierno, como en realidad fue, junto con el mayúsculo clima de violencia que se presentó desde el gobierno de Fidel Herrera y se acrecentó durante su mandato, y que MAYL ofreció como oferta resolver “en seis meses” que no cumplió. La realidad es que haber procesado penalmente Duarte en funciones de gobernador, probablemente habría modificado el resultado de esa elección, pero el entonces presidente Peña Nieto decidió actuar contra él y los exgobernadores César Duarte (aún prófugo) y Roberto Borge, la tríada de la vergüenza, para salvar la elección presidencial con José Antonio Meade, cosa en la que también se fracasó. La carta, sin embargo, aparece en un momento crucial para el panismo con la intención de afectar políticamente al exgobernador Yunes y su grupo político, para recordarle a los miembros de ese partido los pactos ocultos que hizo Yunes para favorecerse él y favorecer a sus hijos que lograron un espacio en el Senado uno, Fernando, y el otro, Miguel Ángel, candidato a la gubernatura del estado, en el día que se realizan elecciones internas para definir la supervivencia de esa corriente panista con José de Jesús Mancha Alarcón a la cabeza, que lucha contra su opositor Joaquín Rosendo Guzmán Avilés; si gana el de Tantoyuca, como se prevé, echaría a todo ese grupo yunista fuera de los principales órganos panistas de decisión, sin cumplir el sueño del choleño de volver al poder a través de alguno de sus hijos anunciada en aquella frase de “la lucha sigue”, pronunciada al reconocer la derrota de su hijo ante Cuitláhuac García Jiménez el 9 de julio del año pasado. Anoche mismo, o hasta hoy, se sabrá la suerte del patriarca panista. Los ánimos, ayer, se caldearon en Xalapa y no resultaría extraño que se generalicen conforme pasan las horas y se avanza en el conteo de votos.


LOS LIBROS DE YUNES

Ayer, al ir a votar en el proceso electivo interno del PAN, el exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares, Yunes no quiso comentar la carta de Javier Duarte, sólo se limitó a señalar que él lee otros libros, como Cándido de Voltaire, que narra el primer encuentro del personaje con el precepto del optimismo leibniziano de que «todo sucede para bien en éste, el mejor de los mundos posibles», y 4321 de Paul Auster, que abre su lectura con un ¿Y si hubieras actuado de otra forma en un momento crucial de tu vida? Habla sobre explorar los límites del azar y las consecuencias de las decisiones tomadas y de que todo suceso, por irrelevante que parezca, abre unas posibilidades y cierra otras. Que cada quien interprete.

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