/ miércoles 10 de abril de 2019

Gota a gota… el dinero se agota

La prisa por obtener dinero rápido, la proliferación de los préstamos exprés y el desorden en las finanzas personales llevan al sobreendeudamiento y, por ende, a la pobreza.

Es cierto, la falta de liquidez es una constante de nuestra época, el dinero nunca alcanza y se requiere del uso de créditos para solventar desde un imprevisto hasta necesidades básicas como alimentación cuando nos quedamos sin empleo o enfrentamos ventas bajas en el negocio familiar.

Aunque por ahora está demostrado que las personas con exceso de deudas se han colocado en el “precipicio” de deber por todos lados, al tomar el hábito de pedir prestado para pagar deudas preexistentes, lo que no siempre es una buena decisión.

Hábito que, dicho sea de paso, fomentan las instituciones bancarias al ofrecer créditos para pagar pasivos y no me refiero sólo a créditos personales, sino a hipotecarios, nada más imagínese hipotecar la casa para pagar la tarjeta…

Ni qué decir de los préstamos rápidos, ¡el negocio del siglo!, cuyo éxito radica en dirigirse a un público en situación de exclusión financiera, que por lo mismo carece de herramientas básicas para discernir cuando se encuentran ante una situación riesgosa para su patrimonio y estabilidad emocional, que sería mejor no tomar.

¿Por qué estabilidad emocional? Bueno, mucho se dice actualmente del estrés, que ya se le cataloga como la enfermedad más padecida y la principal detonante de otras tan graves como hipertensión o cáncer, por citar algunas, los médicos opinarán con mayor precisión.

El estrés que produce una deuda no se dimensiona hasta que se padece, pero es mejor no tratar de experimentarlo en carne propia.

Pero, ¿por qué viene al caso todo esto?, seguramente usted ya escuchó hablar de los préstamos exprés “gota a gota”, aquellos que —se dice— son operados por colombianos y van dirigidos específicamente a comerciantes, a quienes les prestan diversas cantidades a condición de devolverlas en pagos “chiquitos”, eso sí, a una tasa de interés muy alto, y de forma diaria.

La gran apuesta de estos préstamos de fácil acceso es que falles en el pago, para comenzar ya no digamos cobranza abusiva, sino ¡terrorismo!, pues los cobradores en caso de no recibir el pago roban las mercancías de los comerciantes.

Con variantes, pero al fin usura… creo que las autoridades deben hacer lo propio para inhibir y castigar este tipo de conductas, pero los usuarios también tenemos que reflexionar y abstenernos de comprometer nuestra tranquilidad por préstamos que muchas veces ni siquiera necesitamos, pues esos son los que salen más caros.

Vamos a retomar la idea del presupuesto para vivir dentro de nuestras posibilidades, que los gastos correspondan a los ingresos con los que se cuenta; hay que sanear y ordenar nuestras finanzas, sólo así evitaremos tomar compromisos que no podremos cumplir arriesgando la seguridad de nuestra familia y aquello que con esfuerzo hemos construido.

¡Pregunte 2281148502, es mejor tener dudas que deudas!

La prisa por obtener dinero rápido, la proliferación de los préstamos exprés y el desorden en las finanzas personales llevan al sobreendeudamiento y, por ende, a la pobreza.

Es cierto, la falta de liquidez es una constante de nuestra época, el dinero nunca alcanza y se requiere del uso de créditos para solventar desde un imprevisto hasta necesidades básicas como alimentación cuando nos quedamos sin empleo o enfrentamos ventas bajas en el negocio familiar.

Aunque por ahora está demostrado que las personas con exceso de deudas se han colocado en el “precipicio” de deber por todos lados, al tomar el hábito de pedir prestado para pagar deudas preexistentes, lo que no siempre es una buena decisión.

Hábito que, dicho sea de paso, fomentan las instituciones bancarias al ofrecer créditos para pagar pasivos y no me refiero sólo a créditos personales, sino a hipotecarios, nada más imagínese hipotecar la casa para pagar la tarjeta…

Ni qué decir de los préstamos rápidos, ¡el negocio del siglo!, cuyo éxito radica en dirigirse a un público en situación de exclusión financiera, que por lo mismo carece de herramientas básicas para discernir cuando se encuentran ante una situación riesgosa para su patrimonio y estabilidad emocional, que sería mejor no tomar.

¿Por qué estabilidad emocional? Bueno, mucho se dice actualmente del estrés, que ya se le cataloga como la enfermedad más padecida y la principal detonante de otras tan graves como hipertensión o cáncer, por citar algunas, los médicos opinarán con mayor precisión.

El estrés que produce una deuda no se dimensiona hasta que se padece, pero es mejor no tratar de experimentarlo en carne propia.

Pero, ¿por qué viene al caso todo esto?, seguramente usted ya escuchó hablar de los préstamos exprés “gota a gota”, aquellos que —se dice— son operados por colombianos y van dirigidos específicamente a comerciantes, a quienes les prestan diversas cantidades a condición de devolverlas en pagos “chiquitos”, eso sí, a una tasa de interés muy alto, y de forma diaria.

La gran apuesta de estos préstamos de fácil acceso es que falles en el pago, para comenzar ya no digamos cobranza abusiva, sino ¡terrorismo!, pues los cobradores en caso de no recibir el pago roban las mercancías de los comerciantes.

Con variantes, pero al fin usura… creo que las autoridades deben hacer lo propio para inhibir y castigar este tipo de conductas, pero los usuarios también tenemos que reflexionar y abstenernos de comprometer nuestra tranquilidad por préstamos que muchas veces ni siquiera necesitamos, pues esos son los que salen más caros.

Vamos a retomar la idea del presupuesto para vivir dentro de nuestras posibilidades, que los gastos correspondan a los ingresos con los que se cuenta; hay que sanear y ordenar nuestras finanzas, sólo así evitaremos tomar compromisos que no podremos cumplir arriesgando la seguridad de nuestra familia y aquello que con esfuerzo hemos construido.

¡Pregunte 2281148502, es mejor tener dudas que deudas!

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