/ viernes 15 de abril de 2022

Historia maestra de la vida

Es sabido que la interacción con el pasado es fundamento de toda socialización en tiempo presente, de modo que el proceso de producción de la realidad está necesariamente acompañado por el proceso de producción del pasado.

No pocos protagonistas de la historia del presente recurren al pasado, así los héroes como Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata, Madero –que forman parte de la historia de bronce como lo expresara Luis Gonzalez y González– son banderas que enarbolan algunos gobernantes para justificar su proceder.

Este proceso requiere para su realización de condiciones sociales y culturales necesariamente dotadas de ciertos rasgos de estabilidad, o si se quiere de ciertas condiciones de conservatismo que cumplen una importante función adicional: la de naturalizar la realidad que se ofrece. Sólo de ese modo podrá ser adquirida y luego, eventualmente, aceptada, consensuada, acatada, criticada y por último rechazada al momento que otros asuman el poder.

Hoy se dice que la historia es la maestra de la vida. "Esto viene al caso porque de un tiempo a esta parte, en México, se ha puesto a la historia en la mesa de las disecciones, para extraer defensas políticas del presente; es un interés por el pasado para argumentar decisiones actuales. Y en algunos casos hay historiadores que están a la vista, al portador –que son excepción– como sujetos de acción política y de orientación ideológica", comenta Joel Hernández Santiago en Hojas de papel.

La perspectiva histórica que se tiene en la actualidad "pertenece al régimen antiguo de historicidad dentro del cual la historia desempeña el papel de maestra de la vida, proveyendo de ejemplos del pasado a los hombres del presente para iluminar sus decisiones.

Esto es posible porque, de acuerdo con esta concepción, la historia se repite, aunque obviamente no como una copia idéntica de la precedente. En función de eso, conocerla al detalle no es una práctica ociosa sino un insumo indispensable de las decisiones correctas del homo politicus", expone Carlos Illades.

En la actualidad la idea que tienen algunos políticos sobre la historia es aquella que "adopta también la postura romántica según la cual en algún momento aquélla se desvió del curso preestablecido a causa de objetivos espurios y las conductas pérfidas de algunos hombres, razón por la cual habría que combatir ese desorden y restablecer el curso natural precedente, orientado por la moral o la razón. Presente y pasado se atan con el futuro tan pronto la historia recupera la senda correcta.

Cuando esto ocurra, se cerrará el círculo porque la sociedad superó las carencias, se reencontró con los valores básicos de la convivencia y armoniza el beneficio individual con el interés colectivo", inscrito en la perspectiva del nacionalismo revolucionario.

Esa historia la escriben aquellos historiadores que están dispuestos a presentar “el rencor por el pasado”; quienes habrán de desnudar lo que consideran los errores y horrores humanos para darle un sentido admonitorio y decidir quién merece estar en la galería del honor y quién en la del deshonor, todo para satisfacer el ansia de confrontación y polarización.

¿Cúal es esta historia? Básicamente la historia patria, "la historia de los libros de texto oficiales, la que se aprende en la escuela. Una historia confundida con el civismo. Ese tipo de historia en la cual las naciones poseen un rumbo definido suyo, un destino. Sea porque esa historia esté gobernada por la Providencia, por alguna otra fuerza distinta de los procesos humanos, o porque corresponde a un ser nacional, es expresión de la esencia que constituye a las naciones en cuanto tales como pensaba Herder", concluye Carlos Illades en la revista Contraluz.

Es sabido que la interacción con el pasado es fundamento de toda socialización en tiempo presente, de modo que el proceso de producción de la realidad está necesariamente acompañado por el proceso de producción del pasado.

No pocos protagonistas de la historia del presente recurren al pasado, así los héroes como Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata, Madero –que forman parte de la historia de bronce como lo expresara Luis Gonzalez y González– son banderas que enarbolan algunos gobernantes para justificar su proceder.

Este proceso requiere para su realización de condiciones sociales y culturales necesariamente dotadas de ciertos rasgos de estabilidad, o si se quiere de ciertas condiciones de conservatismo que cumplen una importante función adicional: la de naturalizar la realidad que se ofrece. Sólo de ese modo podrá ser adquirida y luego, eventualmente, aceptada, consensuada, acatada, criticada y por último rechazada al momento que otros asuman el poder.

Hoy se dice que la historia es la maestra de la vida. "Esto viene al caso porque de un tiempo a esta parte, en México, se ha puesto a la historia en la mesa de las disecciones, para extraer defensas políticas del presente; es un interés por el pasado para argumentar decisiones actuales. Y en algunos casos hay historiadores que están a la vista, al portador –que son excepción– como sujetos de acción política y de orientación ideológica", comenta Joel Hernández Santiago en Hojas de papel.

La perspectiva histórica que se tiene en la actualidad "pertenece al régimen antiguo de historicidad dentro del cual la historia desempeña el papel de maestra de la vida, proveyendo de ejemplos del pasado a los hombres del presente para iluminar sus decisiones.

Esto es posible porque, de acuerdo con esta concepción, la historia se repite, aunque obviamente no como una copia idéntica de la precedente. En función de eso, conocerla al detalle no es una práctica ociosa sino un insumo indispensable de las decisiones correctas del homo politicus", expone Carlos Illades.

En la actualidad la idea que tienen algunos políticos sobre la historia es aquella que "adopta también la postura romántica según la cual en algún momento aquélla se desvió del curso preestablecido a causa de objetivos espurios y las conductas pérfidas de algunos hombres, razón por la cual habría que combatir ese desorden y restablecer el curso natural precedente, orientado por la moral o la razón. Presente y pasado se atan con el futuro tan pronto la historia recupera la senda correcta.

Cuando esto ocurra, se cerrará el círculo porque la sociedad superó las carencias, se reencontró con los valores básicos de la convivencia y armoniza el beneficio individual con el interés colectivo", inscrito en la perspectiva del nacionalismo revolucionario.

Esa historia la escriben aquellos historiadores que están dispuestos a presentar “el rencor por el pasado”; quienes habrán de desnudar lo que consideran los errores y horrores humanos para darle un sentido admonitorio y decidir quién merece estar en la galería del honor y quién en la del deshonor, todo para satisfacer el ansia de confrontación y polarización.

¿Cúal es esta historia? Básicamente la historia patria, "la historia de los libros de texto oficiales, la que se aprende en la escuela. Una historia confundida con el civismo. Ese tipo de historia en la cual las naciones poseen un rumbo definido suyo, un destino. Sea porque esa historia esté gobernada por la Providencia, por alguna otra fuerza distinta de los procesos humanos, o porque corresponde a un ser nacional, es expresión de la esencia que constituye a las naciones en cuanto tales como pensaba Herder", concluye Carlos Illades en la revista Contraluz.