/ domingo 16 de febrero de 2020

Infierno impune en Veracruz

Ta’cañón vivir en Veracruz y que te maten. Pero peor está que tu asesinato quede impune por más y más protestas pacíficas.

Y peor es, quizá, que en vez de que la autoridad detenga a los homicidas físicos e intelectuales, en algunos casos, sólo en algunos casos, como por ejemplo el crimen de políticos y líderes partidistas, el gobernador en turno únicamente envíe condolencias… y lo peor, a través de un tercero o un cuarto o un quinto.

Y peor aún, que se cumpla el novenario y ningún detenido. Y peor, que pasen un mes y dos y tres y un año y dos años y 4 y 5 años, y nunca un detenido, un indiciado, un condenado.

Por ejemplo, al momento, 23 políticos y dirigentes partidistas asesinados en el tiempo de Morena enquistada en el palacio de gobierno de Xalapa y todos en la impunidad.

Y, bueno, si con los políticos ejecutados hay impunidad, ya podrá vislumbrar la población electoral, el ciudadano común que vive todos los días con sencillez, la respuesta oficial al homicidio de un familiar, un compadre, un amigo, un conocido, un vecino.

Veracruz, el infierno.

El último político ejecutado fue Jorge Alberto Baruch Custodio, expresidente municipal de Soconusco y exdelegado de la Secretaría de Desarrollo Social el sábado primero de febrero.

La muerte lo sorprendió cuando supervisaba la construcción de unas viviendas en el barrio San Pedro y San Pablo.

Entonces, un comando armado llegó al lugar y le disparó “con alevosía, ventaja y premeditación” y con saña y barbarie un número indeterminado de balazos, pensando quizá en Rosita Alvirez, a quien le dispararon tres tiros, “pero solo uno era mortal”, pues los otros eran como tiro al blanco, probando, probando.

Era panista y le apodaban “el Kiki” y tenía 50 años. Y lo mataron por la espalda, la peor saña y barbarie del mundo.

Uno de sus trabajadores, Aquileo López Román, quedó herido de un balazo en la nalga. Y, desde entonces, la impunidad. La mismita impunidad característica de los otros 22 asesinatos de políticos.

Los malandros habrían seguido el mismo destino que Remedios, la bella, en la novelística de Gabriel García Márquez, quien tendiendo la ropa en el patio de su casa subió al cielo y nunca, nadie, supo más de ella.

Impunidad se llama el otro jinete del Apocalipsis en el tiempo de Morena. Incluso, y por más y más que el góber jarocho de AMLO “tire su espada en prenda” y glorifique a la fiscal, los crímenes impunes siguen desacreditando la justicia.

Mal, pésimo, que la secretaría de Seguridad Pública esté rebasada por los malosos y Veracruz sea un tiradero de cadáveres.

Y peor tantito, que la Fiscalía esté en su principio de Peter y sea incapaz de procurar justicia. La vida aquí, de norte a sur y de este a oeste, en el peor momento de su historia. Sabrá el chamán los enemigos y adversarios que tendría el exalcalde de Soconusco.

Sabría si alguna vez en el ejercicio del poder “pisó callos”. Sabrá si le tenían envidia y los quisquillosos y emberrinchados se vengaron movidos por la envidia, la codicia y la venganza juntos en un vaso güiskero.

Sabrá el chamán si la autoridad le esté armando un expediente negro y hasta lo declare culpable.

Un ciudadano más, un político, fue asesinado y de acuerdo con el Estado de derecho la Fiscalía está obligada a garantizar la vida.

Ta’cañón vivir en Veracruz y que te maten. Pero peor está que tu asesinato quede impune por más y más protestas pacíficas.

Y peor es, quizá, que en vez de que la autoridad detenga a los homicidas físicos e intelectuales, en algunos casos, sólo en algunos casos, como por ejemplo el crimen de políticos y líderes partidistas, el gobernador en turno únicamente envíe condolencias… y lo peor, a través de un tercero o un cuarto o un quinto.

Y peor aún, que se cumpla el novenario y ningún detenido. Y peor, que pasen un mes y dos y tres y un año y dos años y 4 y 5 años, y nunca un detenido, un indiciado, un condenado.

Por ejemplo, al momento, 23 políticos y dirigentes partidistas asesinados en el tiempo de Morena enquistada en el palacio de gobierno de Xalapa y todos en la impunidad.

Y, bueno, si con los políticos ejecutados hay impunidad, ya podrá vislumbrar la población electoral, el ciudadano común que vive todos los días con sencillez, la respuesta oficial al homicidio de un familiar, un compadre, un amigo, un conocido, un vecino.

Veracruz, el infierno.

El último político ejecutado fue Jorge Alberto Baruch Custodio, expresidente municipal de Soconusco y exdelegado de la Secretaría de Desarrollo Social el sábado primero de febrero.

La muerte lo sorprendió cuando supervisaba la construcción de unas viviendas en el barrio San Pedro y San Pablo.

Entonces, un comando armado llegó al lugar y le disparó “con alevosía, ventaja y premeditación” y con saña y barbarie un número indeterminado de balazos, pensando quizá en Rosita Alvirez, a quien le dispararon tres tiros, “pero solo uno era mortal”, pues los otros eran como tiro al blanco, probando, probando.

Era panista y le apodaban “el Kiki” y tenía 50 años. Y lo mataron por la espalda, la peor saña y barbarie del mundo.

Uno de sus trabajadores, Aquileo López Román, quedó herido de un balazo en la nalga. Y, desde entonces, la impunidad. La mismita impunidad característica de los otros 22 asesinatos de políticos.

Los malandros habrían seguido el mismo destino que Remedios, la bella, en la novelística de Gabriel García Márquez, quien tendiendo la ropa en el patio de su casa subió al cielo y nunca, nadie, supo más de ella.

Impunidad se llama el otro jinete del Apocalipsis en el tiempo de Morena. Incluso, y por más y más que el góber jarocho de AMLO “tire su espada en prenda” y glorifique a la fiscal, los crímenes impunes siguen desacreditando la justicia.

Mal, pésimo, que la secretaría de Seguridad Pública esté rebasada por los malosos y Veracruz sea un tiradero de cadáveres.

Y peor tantito, que la Fiscalía esté en su principio de Peter y sea incapaz de procurar justicia. La vida aquí, de norte a sur y de este a oeste, en el peor momento de su historia. Sabrá el chamán los enemigos y adversarios que tendría el exalcalde de Soconusco.

Sabría si alguna vez en el ejercicio del poder “pisó callos”. Sabrá si le tenían envidia y los quisquillosos y emberrinchados se vengaron movidos por la envidia, la codicia y la venganza juntos en un vaso güiskero.

Sabrá el chamán si la autoridad le esté armando un expediente negro y hasta lo declare culpable.

Un ciudadano más, un político, fue asesinado y de acuerdo con el Estado de derecho la Fiscalía está obligada a garantizar la vida.

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