/ martes 13 de marzo de 2018

Intercampaña en redes

México ocupa el quinto lugar a nivel mundial de personas conectadas a Facebook, según expresó el maestro Fernando Thompson de la Rosa, en la Universidad de la Américas de Puebla, el pasado 10 de marzo.

También dijo, en el Auditorio Guillermo y Sofía Jenkins, que una tercera parte de la humanidad cuenta con un celular inteligente y que más de 60% de la información que circula en “la Red” es falsa (Fake News).

Llama la atención que dicha universidad cuenta con 250 mil volúmenes en su biblioteca, más de 7 millones de títulos disponibles en formato electrónico, pero ya sólo un periódico impreso ofrecen a los estudiantes y será hasta que fenezca la suscripción. La era digital está transformado el mundo del conocimiento y la misma vida de las personas con consecuencias muy variadas, como la forma de discutir sobre política.

Ejemplo de lo anterior es que el periodo de intercampañas ha servido para que las precampañas (simulación en la mayoría de los casos de las campañas) continúen digitalmente. Los candidatos, dirigentes partidistas y ciudadanos debaten diariamente sobre sus preferencias electorales.

Lo anterior no es malo, es reflejo de la democracia mexicana y ayuda a concientizar sobre la importancia de participar en los procesos electorales y la responsabilidad de los ciudadanos de intervenir en política.

Nadie se escapa a este fenómeno: en Facebook, Twitter, Whatsapp, etcétera, se discute a cada minuto qué candidato es mejor o cuál peor. Lo anterior ocurre entre los compañeros de trabajo, amigos y hasta dentro de las familias. Las campañas continúan sacándole la vuelta al INE y su obesa regulación, ya que los partidos hacen su trabajo haciendo “grande” y “ruidoso” cada acontecimiento que afecte al contrario o que beneficie a sus candidatos.

Dos cosas valen la pena reflexionar: el nivel de argumentación de estas discusiones y las consecuencias que dejará en cada cibernauta este debate.

En primer lugar se observa que los ciudadanos que tanto criticamos a la clase política somos poco argumentativos. Cuando no se está de acuerdo con el interlocutor muchas veces se descalifica ad hominem o de plano se insulta, ya que en las redes se puede andar con “pasa montañas” (ocultando la identidad) y sólo se ve “virtualmente” al que se le lanza la ofensa. Esto es decepcionante porque los electores también contribuimos a la pérdida del nivel de debate.

En segundo lugar pocos nos ponemos a pensar que las “huellas” en el internet son indelebles. Aunque se “borren” textos e imágenes, allí vamos dejando nuestras preferencias, información sobre nuestro nivel de educación y nuestra intimidad, entre muchas otras cosas. Nos convertimos en agentes públicos y por lo tanto en blanco de cualquiera que estudie nuestros perfiles.

Vale la pena pensar muy bien qué consumimos en el internet y qué publicamos, pues por un lado nos podemos perder entre tanta información falsa y por el otro nos exponemos ante los demás quienes pueden usar en nuestra contra lo que hacemos público. No olvidemos que al buscar trabajo pueden hurgar en nuestro “perfil” por ejemplo.


@basiliodelavega

México ocupa el quinto lugar a nivel mundial de personas conectadas a Facebook, según expresó el maestro Fernando Thompson de la Rosa, en la Universidad de la Américas de Puebla, el pasado 10 de marzo.

También dijo, en el Auditorio Guillermo y Sofía Jenkins, que una tercera parte de la humanidad cuenta con un celular inteligente y que más de 60% de la información que circula en “la Red” es falsa (Fake News).

Llama la atención que dicha universidad cuenta con 250 mil volúmenes en su biblioteca, más de 7 millones de títulos disponibles en formato electrónico, pero ya sólo un periódico impreso ofrecen a los estudiantes y será hasta que fenezca la suscripción. La era digital está transformado el mundo del conocimiento y la misma vida de las personas con consecuencias muy variadas, como la forma de discutir sobre política.

Ejemplo de lo anterior es que el periodo de intercampañas ha servido para que las precampañas (simulación en la mayoría de los casos de las campañas) continúen digitalmente. Los candidatos, dirigentes partidistas y ciudadanos debaten diariamente sobre sus preferencias electorales.

Lo anterior no es malo, es reflejo de la democracia mexicana y ayuda a concientizar sobre la importancia de participar en los procesos electorales y la responsabilidad de los ciudadanos de intervenir en política.

Nadie se escapa a este fenómeno: en Facebook, Twitter, Whatsapp, etcétera, se discute a cada minuto qué candidato es mejor o cuál peor. Lo anterior ocurre entre los compañeros de trabajo, amigos y hasta dentro de las familias. Las campañas continúan sacándole la vuelta al INE y su obesa regulación, ya que los partidos hacen su trabajo haciendo “grande” y “ruidoso” cada acontecimiento que afecte al contrario o que beneficie a sus candidatos.

Dos cosas valen la pena reflexionar: el nivel de argumentación de estas discusiones y las consecuencias que dejará en cada cibernauta este debate.

En primer lugar se observa que los ciudadanos que tanto criticamos a la clase política somos poco argumentativos. Cuando no se está de acuerdo con el interlocutor muchas veces se descalifica ad hominem o de plano se insulta, ya que en las redes se puede andar con “pasa montañas” (ocultando la identidad) y sólo se ve “virtualmente” al que se le lanza la ofensa. Esto es decepcionante porque los electores también contribuimos a la pérdida del nivel de debate.

En segundo lugar pocos nos ponemos a pensar que las “huellas” en el internet son indelebles. Aunque se “borren” textos e imágenes, allí vamos dejando nuestras preferencias, información sobre nuestro nivel de educación y nuestra intimidad, entre muchas otras cosas. Nos convertimos en agentes públicos y por lo tanto en blanco de cualquiera que estudie nuestros perfiles.

Vale la pena pensar muy bien qué consumimos en el internet y qué publicamos, pues por un lado nos podemos perder entre tanta información falsa y por el otro nos exponemos ante los demás quienes pueden usar en nuestra contra lo que hacemos público. No olvidemos que al buscar trabajo pueden hurgar en nuestro “perfil” por ejemplo.


@basiliodelavega