/ viernes 14 de febrero de 2020

La 4T y el machismo

La 4T (la Cuarta Transformación del país por decreto presidencial) solo alcanzará la plenitud cuando, por ejemplo, lance una campaña sistemática para disminuir, si fuera posible, el machismo, que tantos estragos sigue originando en la población.

Cierto, hay una tradición histórica, milenaria y legendaria sobre el machismo. Hace 500 años, Hernán Cortés y sus huestes llegaron a México y cuando desembarcaran en las playas de Chalchihuecan en el camino a Tenochtitlán, Cortés viajó trepado en su caballo y la Malinche, a su lado, pero caminando.

Hace 500 años, también Moctezuma II envió a Cortés unos burritos cargados con oro y veinte doncellas, todas vírgenes, de regalo, para el consumo sexual de Cortés y sus huestes, y el marchismo cobró dimensión estelar.

Hace más de 500 años, el machismo se traducía en la inmolación de las doncellas al dios Huitzilopochtli, sediento de trofeos femeninos.

Dios, describe el relato bíblico, creó a la mujer de la costilla de un hombre y que en todo caso debió ser al revés.

Pero el machismo ahí estaba. En la Biblia, además, los jefes de cada comunidad, jefes tribales, reyes, caciques, eran los hombres, nunca las mujeres.

Por eso, la 4T está soslayando el más grave pendiente social en la historia del país.

Está bien que la 4T tenga como encomienda el combate a la corrupción política. Y la vida pública austera y republicana. Y la Cartilla Moral. Y la rifa del Boeing presidencial en cachitos. Y viajar en vuelos comerciales. Y amarrar las manos y cortar las uñas a los políticos. Y en soñar con la purificación democrática.

Pero más, mucho más trascendencia social tendría, una sistemática campaña para abatir, disminuir, reducir, el machismo.

Y aun cuando está claro que se trata de una nueva filosofía de vida inalcanzable en un sexenio, bien pudiera la 4T sentar las bases sociales para cambiar de forma radical el trato político, social, económico, laboral, educativo, de salud y de seguridad pública y procuración de justicia de los hombres a las mujeres.

Y más, en las regiones indígenas del país donde suelen cacarear que de acuerdo con sus costumbres todavía los padres siguen vendiendo a las hijas al mejor postor, quizá porque “el hambre muchas cornadas” suele dar.

Bastaría referir algunas cositas de la vida cotidiana ligadas al machismo. La lucha femenina por la despenalización del aborto. La práctica común de que las mujeres sirvan la comida en la mesa a los hermanos.

La libertad total y absoluta al hombre por encima de la mujer en el seno del hogar para que ellos se diviertan con los amigos, en tanto a ellas un mundo las ha de vigilar.

La decisión familiar de que los hijos tienen preferencia para estudiar una carrera universitaria más, mucho más que las hijas.

La libertad al hijo para estudiar la carrera en otras ciudades donde por razón natural tendrá la libertad del mundo para ser y hacer en tanto la hija es reducida a una universidad local.

La diferencia sustancial en las fuentes de empleo donde la mujer, incluso más capaz y mejor preparada que el hombre, perciba un salario menor por el mismo trabajo desempeñado.

La mayor parte de cargos públicos y privados desempeñados por hombres relegando por completo a la población femenina.

Y el colmo, inculpar a la mujer de la violencia intrafamiliar y hasta de su asesinato por la forma provocadora de vestir.

Si la 4T omite la lucha contra el machismo quedará en pura demagogia.

La 4T (la Cuarta Transformación del país por decreto presidencial) solo alcanzará la plenitud cuando, por ejemplo, lance una campaña sistemática para disminuir, si fuera posible, el machismo, que tantos estragos sigue originando en la población.

Cierto, hay una tradición histórica, milenaria y legendaria sobre el machismo. Hace 500 años, Hernán Cortés y sus huestes llegaron a México y cuando desembarcaran en las playas de Chalchihuecan en el camino a Tenochtitlán, Cortés viajó trepado en su caballo y la Malinche, a su lado, pero caminando.

Hace 500 años, también Moctezuma II envió a Cortés unos burritos cargados con oro y veinte doncellas, todas vírgenes, de regalo, para el consumo sexual de Cortés y sus huestes, y el marchismo cobró dimensión estelar.

Hace más de 500 años, el machismo se traducía en la inmolación de las doncellas al dios Huitzilopochtli, sediento de trofeos femeninos.

Dios, describe el relato bíblico, creó a la mujer de la costilla de un hombre y que en todo caso debió ser al revés.

Pero el machismo ahí estaba. En la Biblia, además, los jefes de cada comunidad, jefes tribales, reyes, caciques, eran los hombres, nunca las mujeres.

Por eso, la 4T está soslayando el más grave pendiente social en la historia del país.

Está bien que la 4T tenga como encomienda el combate a la corrupción política. Y la vida pública austera y republicana. Y la Cartilla Moral. Y la rifa del Boeing presidencial en cachitos. Y viajar en vuelos comerciales. Y amarrar las manos y cortar las uñas a los políticos. Y en soñar con la purificación democrática.

Pero más, mucho más trascendencia social tendría, una sistemática campaña para abatir, disminuir, reducir, el machismo.

Y aun cuando está claro que se trata de una nueva filosofía de vida inalcanzable en un sexenio, bien pudiera la 4T sentar las bases sociales para cambiar de forma radical el trato político, social, económico, laboral, educativo, de salud y de seguridad pública y procuración de justicia de los hombres a las mujeres.

Y más, en las regiones indígenas del país donde suelen cacarear que de acuerdo con sus costumbres todavía los padres siguen vendiendo a las hijas al mejor postor, quizá porque “el hambre muchas cornadas” suele dar.

Bastaría referir algunas cositas de la vida cotidiana ligadas al machismo. La lucha femenina por la despenalización del aborto. La práctica común de que las mujeres sirvan la comida en la mesa a los hermanos.

La libertad total y absoluta al hombre por encima de la mujer en el seno del hogar para que ellos se diviertan con los amigos, en tanto a ellas un mundo las ha de vigilar.

La decisión familiar de que los hijos tienen preferencia para estudiar una carrera universitaria más, mucho más que las hijas.

La libertad al hijo para estudiar la carrera en otras ciudades donde por razón natural tendrá la libertad del mundo para ser y hacer en tanto la hija es reducida a una universidad local.

La diferencia sustancial en las fuentes de empleo donde la mujer, incluso más capaz y mejor preparada que el hombre, perciba un salario menor por el mismo trabajo desempeñado.

La mayor parte de cargos públicos y privados desempeñados por hombres relegando por completo a la población femenina.

Y el colmo, inculpar a la mujer de la violencia intrafamiliar y hasta de su asesinato por la forma provocadora de vestir.

Si la 4T omite la lucha contra el machismo quedará en pura demagogia.

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