/ miércoles 9 de diciembre de 2020

La Constitución, las alianzas y el cambio sin cambio

La política es muy clara o muy obscura, dependiendo del perfil paradigmático que tengan los participantes en ella.

Para paradigmas pretendo referirme a aquellos perfiles que tienen algunos políticos y que son coincidentes con el molde clásico e indubitable de sus respectivos partidos. Es decir, los que son de a de veras.

Cuando uno trata con políticos paradigmáticos, el juego es una delicia.

En cambio, qué ingrato es tener que convivir con remedos o malas imitaciones de políticos. Confunden y desorientan a propios y extraños.

Una victoria pírrica, como se sabe, no es aquella que provoca éxito efímero, sino que es un triunfo que más valdría no haber tenido. Como le ocurrió al general Pirro. Entre las promesas compartidas al final se nos dijo que, durante los tres primeros años de gobierno del 2016, no habría aumento de impuestos y aún al inicio de este año el discurso se mantuvo, a pesar de que en los hechos venimos contribuyendo más para el sostenimiento del gasto público. El problema, no obstante, se presentará a partir del segundo semestre del 2021, cuando inicie propiamente la segunda parte del sexenio y la promesa haya terminado. La cuestión es que, a ciencia cierta, no sabemos bien en qué consiste el proyecto.

Podría tratarse del restablecimiento del presidencialismo de la segunda mitad del siglo pasado, o del impulso de una agenda populista, totalitarista, que cambiaría totalmente el concepto de país democrático que a lo lardo de las últimas décadas se ha venido diseñando.

Partiendo de la base de que la materialización del proyecto demandaría una reforma constitucional sin precedentes.

¿Qué requisitos establece la Constitución para ser modificada? En la antesala de un proceso electoral intermedio como el del año entrante, ¿qué implicación constitucional tiene la victoria electoral de Morena en el ámbito estatal?

Se escuchan y aparecen publicados análisis que giran en torno a la importancia que tendrá el año entrante en la renovación del Congreso General, en el que por primera vez podrán ser reelectos los diputados; sin embargo, poco se dice de la renovación de los órganos legislativos estatales. La culminación de una alianza opositora al interior de las entidades federativas se aprecia como un tema estrictamente local y se soslaya su importancia a nivel federal, propiamente, para efectos de lograr la votación mayoritaria necesaria a la que está sujeta una reforma del pacto federal.

El artículo 135 constitucional establece que la propia Carta Magna puede ser adicionada o reformada, siempre que concurran las dos terceras partes de los votos de los legisladores integrantes del Congreso de la Unión que se encuentren presentes, además del voto aprobatorio de la mayoría de las legislaturas de los estados y de la Ciudad de México.

El tema inherente a la 4T está íntimamente ligado a la consolidación de mayorías parlamentarias suficientes que permitan transitar una reforma a la Constitución, lo cual no se agota con el Congreso federal, sino que trasciende al ámbito estatal. El gobierno, su partido y los partidos de oposición tienen absoluta conciencia de la trascendencia de esta cláusula de conservación constitucional.

En el 2021 se llevarán a cabo comicios para la elección de 500 diputados federales, 15 gobernadores y 20 mil 853 representantes populares integrantes de los Congresos de los estados, ayuntamientos y municipios pertenecientes a cada una de las 32 entidades federativas, entre diputados y alcaldes, presidentes municipales, síndicos, regidores y concejales.

Morena ostenta el gobierno en seis entidades de la Federación, de las cuales sólo Baja California competirá el año entrante.

Esto los coloca en la necesidad de ganar por sí mismos o en alianza con otros partidos, las gubernaturas o mayorías parlamentarias en diez entidades federativas. Por otro lado, hoy, Morena, en unión con el PT, PVEM y el PES, y cinco diputados independientes, ostentan 338 de los 500 votos de la Cámara de Diputados, con los cuales tienen el poder suficiente, incluso, para poder impulsar desde ahí una reforma constitucional. En la Cámara de Senadores tienen 78 representantes, sumando los 61 de Morena más los de sus aliados, que los dejan siete votos por debajo de la mayoría necesaria para impulsar una reforma constitucional.

Morena tendrá que repetir la hazaña de conservar el mismo número de curules en la Cámara de Diputados y construir mayorías con partidos aliados en diez más de las entidades federativas, a sabiendas de que éstas normalmente acompañan al partido al que pertenezca el gobernador electo.

La política es muy clara o muy obscura, dependiendo del perfil paradigmático que tengan los participantes en ella.

Para paradigmas pretendo referirme a aquellos perfiles que tienen algunos políticos y que son coincidentes con el molde clásico e indubitable de sus respectivos partidos. Es decir, los que son de a de veras.

Cuando uno trata con políticos paradigmáticos, el juego es una delicia.

En cambio, qué ingrato es tener que convivir con remedos o malas imitaciones de políticos. Confunden y desorientan a propios y extraños.

Una victoria pírrica, como se sabe, no es aquella que provoca éxito efímero, sino que es un triunfo que más valdría no haber tenido. Como le ocurrió al general Pirro. Entre las promesas compartidas al final se nos dijo que, durante los tres primeros años de gobierno del 2016, no habría aumento de impuestos y aún al inicio de este año el discurso se mantuvo, a pesar de que en los hechos venimos contribuyendo más para el sostenimiento del gasto público. El problema, no obstante, se presentará a partir del segundo semestre del 2021, cuando inicie propiamente la segunda parte del sexenio y la promesa haya terminado. La cuestión es que, a ciencia cierta, no sabemos bien en qué consiste el proyecto.

Podría tratarse del restablecimiento del presidencialismo de la segunda mitad del siglo pasado, o del impulso de una agenda populista, totalitarista, que cambiaría totalmente el concepto de país democrático que a lo lardo de las últimas décadas se ha venido diseñando.

Partiendo de la base de que la materialización del proyecto demandaría una reforma constitucional sin precedentes.

¿Qué requisitos establece la Constitución para ser modificada? En la antesala de un proceso electoral intermedio como el del año entrante, ¿qué implicación constitucional tiene la victoria electoral de Morena en el ámbito estatal?

Se escuchan y aparecen publicados análisis que giran en torno a la importancia que tendrá el año entrante en la renovación del Congreso General, en el que por primera vez podrán ser reelectos los diputados; sin embargo, poco se dice de la renovación de los órganos legislativos estatales. La culminación de una alianza opositora al interior de las entidades federativas se aprecia como un tema estrictamente local y se soslaya su importancia a nivel federal, propiamente, para efectos de lograr la votación mayoritaria necesaria a la que está sujeta una reforma del pacto federal.

El artículo 135 constitucional establece que la propia Carta Magna puede ser adicionada o reformada, siempre que concurran las dos terceras partes de los votos de los legisladores integrantes del Congreso de la Unión que se encuentren presentes, además del voto aprobatorio de la mayoría de las legislaturas de los estados y de la Ciudad de México.

El tema inherente a la 4T está íntimamente ligado a la consolidación de mayorías parlamentarias suficientes que permitan transitar una reforma a la Constitución, lo cual no se agota con el Congreso federal, sino que trasciende al ámbito estatal. El gobierno, su partido y los partidos de oposición tienen absoluta conciencia de la trascendencia de esta cláusula de conservación constitucional.

En el 2021 se llevarán a cabo comicios para la elección de 500 diputados federales, 15 gobernadores y 20 mil 853 representantes populares integrantes de los Congresos de los estados, ayuntamientos y municipios pertenecientes a cada una de las 32 entidades federativas, entre diputados y alcaldes, presidentes municipales, síndicos, regidores y concejales.

Morena ostenta el gobierno en seis entidades de la Federación, de las cuales sólo Baja California competirá el año entrante.

Esto los coloca en la necesidad de ganar por sí mismos o en alianza con otros partidos, las gubernaturas o mayorías parlamentarias en diez entidades federativas. Por otro lado, hoy, Morena, en unión con el PT, PVEM y el PES, y cinco diputados independientes, ostentan 338 de los 500 votos de la Cámara de Diputados, con los cuales tienen el poder suficiente, incluso, para poder impulsar desde ahí una reforma constitucional. En la Cámara de Senadores tienen 78 representantes, sumando los 61 de Morena más los de sus aliados, que los dejan siete votos por debajo de la mayoría necesaria para impulsar una reforma constitucional.

Morena tendrá que repetir la hazaña de conservar el mismo número de curules en la Cámara de Diputados y construir mayorías con partidos aliados en diez más de las entidades federativas, a sabiendas de que éstas normalmente acompañan al partido al que pertenezca el gobernador electo.