/ martes 30 de junio de 2020

La peor recesión

Muchos comercios y negocios han quebrado en el tiempo del coronavirus. Héctor Valdés Cruz lo dice así: Desde hace 3 meses mi automóvil está en el garaje. Y ni a la esquina lo he movido. Antes, llenaba el tanque dos veces a la semana. La gasolinera debe estar quebrada.

El desempleo es peor. Pero más allá de los pleitos políticos por el covid, la recesión crece, imparable.

El diagnóstico de los expertos es calamitoso. Cuando la pandemia se haya ido, si se va, habrá doce millones y medio más desempleados solo en el país.

Todos los sectores sociales, quizá hasta los ricos, andan con la capa caída. El escenario recuerda una película norteamericana sobre la recesión de 1930 en Estados Unidos.

Las calles y avenidas en las ciudades, pobladas de menesterosos. Niños, mujeres y ancianos, pidiendo limosna. Padres solicitando una oportunidad laboral de lo que fuera… y que ninguna oferta existía.

Ninguna señal hay de que la vida pueda recuperarse. Y si la economía está desplomada y miles de trabajadores fueron despedidos, enviados otros a sus casas con la mitad del salario, nada bueno ha de esperarse.

En muchas familias la recesión se está sintiendo. Por ejemplo, hay días cuando el desayuno se reduce a un cafecito casero con un pancito. Y la comida una sopita de letras y verduras.

Incluso, desde el principio de la pandemia unos vecinos, estudiosos de la economía, sembraron hortalizas en el patio de sus casas.

En la dieta alimenticia han suspendido tortilla, panes, dulcecitos, chocolatitos y refrescos de cola.

Un día, la puerta del garaje se descompuso. Entonces, se habló al ingeniero. Y cuando antes del covid tardaban dos o tres días en llegar, digamos, por tanta demanda, ahora, llegaron en media hora.

"No hay trabajo", dijeron, cuando se les preguntó sobre la insólita puntualidad.

Lo mismo pasó cuando el aire acondicionado se descompuso y más con el calor tropical. Un par de técnicos llegaron en media hora.

"Tiene semanas que en el taller nos estamos mirando unos a los otros", explicaron.

El modem se descompuso. Hablamos a Teléfonos de México y dijeron que tenían mucho trabajo. Un amigo técnico que tiene su negocito llegó en quince minutos.

La recesión puede calibrarse más por la siguiente circunstancia: basta y sobra con sentir y palpar el ejemplar de un periódico impreso. Cada vez más flaquitos. Apenas, 8 páginas de la edición general y dos páginas de deportes y 3 páginas de sociales y dos páginas de policía y una página del anuncio económico.

En total, 16 páginas y que en términos generales son muchas, pues y por ejemplo, los medios han despedido personal, tanto que, por ejemplo, la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas levantó la mano lanzando un SOS al gobierno de Veracruz para ayudar con unos centavitos mensuales a trabajadores de la información.

Los anuncios en las casas de "se vende o se renta" son notorios. Las cúpulas empresariales han anunciado ene número de negocios quebrados y cerrados.

Hasta los empleados de centros nocturnos, casas de citas, bares y cantinas, antros y discos, siguen con las manos levantadas soñando con el fin de la cuarentena con todo y el riesgo del rebrote del covid.

Insólito, hay escuelas privadas quebradas debido al desempleo en que andan los padres de familia.

Ninguna duda hay de que la recesión causará peores estragos en la vida familiar.

Muchos comercios y negocios han quebrado en el tiempo del coronavirus. Héctor Valdés Cruz lo dice así: Desde hace 3 meses mi automóvil está en el garaje. Y ni a la esquina lo he movido. Antes, llenaba el tanque dos veces a la semana. La gasolinera debe estar quebrada.

El desempleo es peor. Pero más allá de los pleitos políticos por el covid, la recesión crece, imparable.

El diagnóstico de los expertos es calamitoso. Cuando la pandemia se haya ido, si se va, habrá doce millones y medio más desempleados solo en el país.

Todos los sectores sociales, quizá hasta los ricos, andan con la capa caída. El escenario recuerda una película norteamericana sobre la recesión de 1930 en Estados Unidos.

Las calles y avenidas en las ciudades, pobladas de menesterosos. Niños, mujeres y ancianos, pidiendo limosna. Padres solicitando una oportunidad laboral de lo que fuera… y que ninguna oferta existía.

Ninguna señal hay de que la vida pueda recuperarse. Y si la economía está desplomada y miles de trabajadores fueron despedidos, enviados otros a sus casas con la mitad del salario, nada bueno ha de esperarse.

En muchas familias la recesión se está sintiendo. Por ejemplo, hay días cuando el desayuno se reduce a un cafecito casero con un pancito. Y la comida una sopita de letras y verduras.

Incluso, desde el principio de la pandemia unos vecinos, estudiosos de la economía, sembraron hortalizas en el patio de sus casas.

En la dieta alimenticia han suspendido tortilla, panes, dulcecitos, chocolatitos y refrescos de cola.

Un día, la puerta del garaje se descompuso. Entonces, se habló al ingeniero. Y cuando antes del covid tardaban dos o tres días en llegar, digamos, por tanta demanda, ahora, llegaron en media hora.

"No hay trabajo", dijeron, cuando se les preguntó sobre la insólita puntualidad.

Lo mismo pasó cuando el aire acondicionado se descompuso y más con el calor tropical. Un par de técnicos llegaron en media hora.

"Tiene semanas que en el taller nos estamos mirando unos a los otros", explicaron.

El modem se descompuso. Hablamos a Teléfonos de México y dijeron que tenían mucho trabajo. Un amigo técnico que tiene su negocito llegó en quince minutos.

La recesión puede calibrarse más por la siguiente circunstancia: basta y sobra con sentir y palpar el ejemplar de un periódico impreso. Cada vez más flaquitos. Apenas, 8 páginas de la edición general y dos páginas de deportes y 3 páginas de sociales y dos páginas de policía y una página del anuncio económico.

En total, 16 páginas y que en términos generales son muchas, pues y por ejemplo, los medios han despedido personal, tanto que, por ejemplo, la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas levantó la mano lanzando un SOS al gobierno de Veracruz para ayudar con unos centavitos mensuales a trabajadores de la información.

Los anuncios en las casas de "se vende o se renta" son notorios. Las cúpulas empresariales han anunciado ene número de negocios quebrados y cerrados.

Hasta los empleados de centros nocturnos, casas de citas, bares y cantinas, antros y discos, siguen con las manos levantadas soñando con el fin de la cuarentena con todo y el riesgo del rebrote del covid.

Insólito, hay escuelas privadas quebradas debido al desempleo en que andan los padres de familia.

Ninguna duda hay de que la recesión causará peores estragos en la vida familiar.

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