/ miércoles 26 de junio de 2019

La singularidad tecnológica, ¿mito o realidad?

Al presente, la tecnología es algo más que procedimientos y objetos técnicos, forma un todo complejo con la ciencia y resulta difícil, si no imposible, trazar una frontera clara entre estas dos fascinantes formas del quehacer humano. Durante el tiempo de expansión y globalización del capitalismo, ciencia y técnica fueron vistas como instrumentos de los cuales el hombre se valía para conocer y transformar la naturaleza. Si acaso llegaban a señalarse algunos efectos negativos de la práctica científica y tecnológica, se pensaba que la misma ciencia podría neutralizar o contrarrestar estos efectos.

La situación cambia radicalmente durante el siglo veinte, sobre todo después de Hiroshima y Nagasaki. No tan sólo hombres de ciencia de la talla de A. Einstein, L. Zsilard y R. Oppenheimer —constructores de la primera bomba atómica—, sino ciudadanos comunes y corrientes comenzaron a vislumbrar que ciencia y técnica encierran un potencial destructivo de tal dimensión que puede conducir al aniquilamiento de la especie humana.

Un par de décadas después del término de la Segunda Guerra Mundial, la situación se complica al volverse patentes muchos otros graves problemas que resultan de la aplicación masiva e indiscriminada de ciertas tecnologías. En 1962 se publica el libro Silent Spring, de Rachel Carson, en donde se describen los riesgos asociados a insecticidas como el DDT. A partir de entonces, se empieza a cobrar conciencia de los usos perjudiciales de diversas tecnologías y a cuestionar su neutralidad política, social y económica. De ahí en adelante la historia es conocida: la contaminación atmosférica por hidrocarburos y otras partículas, cuyo efecto global puede ser desastroso para muchas regiones del mundo dentro de algunos años; la manipulación genética en todo tipo de seres vivos que conduciría a la producción de organismos cuya existencia tendría efectos en la biodiversidad y la salud humana casi imposibles de predecir; la producción incesante de desechos tóxicos de todo tipo que contaminan tierra y agua, cuya degradación puede tardar cientos de años; el radical cambio en las formas de vida y la forma de ver el mundo que el uso extendido y acelerado de las computadoras y las telecomunicaciones inducen; los experimentos que se llevan a cabo para integrar microcircuitos electrónicos con tejido cerebral y que puede dar origen a máquinas "superinteligentes" con consecuencias inimaginables para la vida humana.

En física se entiende por singularidad un punto o región del espacio-tiempo en el cual parecen violarse las leyes físicas habituales. En su libro, Breve historia del tiempo, S. Hawking precisa que una singularidad es un punto del espacio-tiempo donde la curvatura del mismo se vuelve infinita (¿?). En tales términos, un hoyo negro es una singularidad y el punto en que se produjo el Big Bang, la “gran explosión” que dio origen al universo, lo es también.

Hay filósofos y científicos que amplían el sentido del término y así, en las últimas dos décadas, se ha dado por hablar de una supuesta “singularidad tecnológica”, término que designaría el momento en un futuro no muy lejano —unos treinta años— en que se daría un salto cualitativo en el desarrollo tecnológico, dando origen a computadoras superinteligentes y conscientes. Máquinas —si es que siguieran llamándose así— que superarían y se impondrían a los hombres. ¿Mito, o el futuro que nos espera? Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

Al presente, la tecnología es algo más que procedimientos y objetos técnicos, forma un todo complejo con la ciencia y resulta difícil, si no imposible, trazar una frontera clara entre estas dos fascinantes formas del quehacer humano. Durante el tiempo de expansión y globalización del capitalismo, ciencia y técnica fueron vistas como instrumentos de los cuales el hombre se valía para conocer y transformar la naturaleza. Si acaso llegaban a señalarse algunos efectos negativos de la práctica científica y tecnológica, se pensaba que la misma ciencia podría neutralizar o contrarrestar estos efectos.

La situación cambia radicalmente durante el siglo veinte, sobre todo después de Hiroshima y Nagasaki. No tan sólo hombres de ciencia de la talla de A. Einstein, L. Zsilard y R. Oppenheimer —constructores de la primera bomba atómica—, sino ciudadanos comunes y corrientes comenzaron a vislumbrar que ciencia y técnica encierran un potencial destructivo de tal dimensión que puede conducir al aniquilamiento de la especie humana.

Un par de décadas después del término de la Segunda Guerra Mundial, la situación se complica al volverse patentes muchos otros graves problemas que resultan de la aplicación masiva e indiscriminada de ciertas tecnologías. En 1962 se publica el libro Silent Spring, de Rachel Carson, en donde se describen los riesgos asociados a insecticidas como el DDT. A partir de entonces, se empieza a cobrar conciencia de los usos perjudiciales de diversas tecnologías y a cuestionar su neutralidad política, social y económica. De ahí en adelante la historia es conocida: la contaminación atmosférica por hidrocarburos y otras partículas, cuyo efecto global puede ser desastroso para muchas regiones del mundo dentro de algunos años; la manipulación genética en todo tipo de seres vivos que conduciría a la producción de organismos cuya existencia tendría efectos en la biodiversidad y la salud humana casi imposibles de predecir; la producción incesante de desechos tóxicos de todo tipo que contaminan tierra y agua, cuya degradación puede tardar cientos de años; el radical cambio en las formas de vida y la forma de ver el mundo que el uso extendido y acelerado de las computadoras y las telecomunicaciones inducen; los experimentos que se llevan a cabo para integrar microcircuitos electrónicos con tejido cerebral y que puede dar origen a máquinas "superinteligentes" con consecuencias inimaginables para la vida humana.

En física se entiende por singularidad un punto o región del espacio-tiempo en el cual parecen violarse las leyes físicas habituales. En su libro, Breve historia del tiempo, S. Hawking precisa que una singularidad es un punto del espacio-tiempo donde la curvatura del mismo se vuelve infinita (¿?). En tales términos, un hoyo negro es una singularidad y el punto en que se produjo el Big Bang, la “gran explosión” que dio origen al universo, lo es también.

Hay filósofos y científicos que amplían el sentido del término y así, en las últimas dos décadas, se ha dado por hablar de una supuesta “singularidad tecnológica”, término que designaría el momento en un futuro no muy lejano —unos treinta años— en que se daría un salto cualitativo en el desarrollo tecnológico, dando origen a computadoras superinteligentes y conscientes. Máquinas —si es que siguieran llamándose así— que superarían y se impondrían a los hombres. ¿Mito, o el futuro que nos espera? Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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