/ miércoles 10 de noviembre de 2021

La Universidad merece respeto

El 21 de septiembre de 1551, se firma en Toro, Zamora, España, la Cédula Real que creaba la Universidad de México, concediéndole los mismos privilegios y facultades que la Universidad de Salamanca, la mejor de España y Europa, reconociéndole a la Nueva España su potencial cultural y económico.

Por tres siglos, la Real y Pontificia Universidad de México fue cuna de las ciencias, artes y humanidades, de donde salieron grandes artistas, científicos y pensadores. Cerrada en 1833 por intervención de los liberales tras la guerra de independencia, siendo el presidente y general Porfirio Diaz quien la abre nuevamente a iniciativa del ministro de instrucción pública, Justo Sierra. Entre 1920 y 1921 el rector José Vasconcelos hizo de la Universidad Nacional el más grande proyecto educativo de nuestro país y de Latinoamérica, aprobándose el 27 de abril de 1921 el nuevo escudo y lema de la máxima casa de estudios, consistente en el mapa de América Latina, donde la Universidad tenía influencia y el lema

“Por mi raza hablará el espíritu”, que expresa la fuerza de cuerpo y mente de nuestro pueblo y su meta de lograr la evolución de la cultura y la ciencia en todas sus expresiones, en un ámbito de libertad para beneficio de la sociedad. Desde siempre, nuestra Universidad ha sido cuna de las mentes más brillantes; abierta a cualquier joven deseoso de superarse, sin importar clase social, creencia religiosa, nivel social ni convicción política, basta sólo tener la capacidad intelectual, deseos de estudio, superación y servicio, con una base de preparación y conocimientos aprendidos en la educación básica. Ciertamente a ella no ingresa fácilmente cualquier joven carente de esos conocimientos y cualidades, lo que ha hecho que nuestra máxima casa de estudios conserve un nivel y prestigio reconocido en todo el mundo.

En sus diversas carreras profesionales, existe una gama de pensamientos que lo mismo incluye ideas de derecha, centro o izquierda, donde conviven personas de diversas clases sociales, provenientes de las grandes ciudades y del medio rural, así como del extranjero.

Con todo esto, no puedo entender cómo un egresado de nuestra Universidad se atreva a ofender de manera soez y casquivana a la institución, alumnos, profesores, administrativos y autoridades, y menos cuando su promesa de crear cien universidades “patito” ha sido una farsa y las pocas que ha creado son un rotundo fracaso y un engaño para los jóvenes que en ellas han ingresado.

Como egresado de la UNAM, reclamo que el supuesto licenciado se retracte de sus palabras ofensivas y se disculpe públicamente, por su postura injuriosa y deleznable con la que en repetidas ocasiones ofendió a la Universidad y a la comunidad universitaria.

No es permisible que se exprese así de nuestra alma máter quien, habiendo egresado de ella, solo demuestra la carencia de ambos términos, sólo por sentimientos retorcidos que le corroen las vísceras.

El 21 de septiembre de 1551, se firma en Toro, Zamora, España, la Cédula Real que creaba la Universidad de México, concediéndole los mismos privilegios y facultades que la Universidad de Salamanca, la mejor de España y Europa, reconociéndole a la Nueva España su potencial cultural y económico.

Por tres siglos, la Real y Pontificia Universidad de México fue cuna de las ciencias, artes y humanidades, de donde salieron grandes artistas, científicos y pensadores. Cerrada en 1833 por intervención de los liberales tras la guerra de independencia, siendo el presidente y general Porfirio Diaz quien la abre nuevamente a iniciativa del ministro de instrucción pública, Justo Sierra. Entre 1920 y 1921 el rector José Vasconcelos hizo de la Universidad Nacional el más grande proyecto educativo de nuestro país y de Latinoamérica, aprobándose el 27 de abril de 1921 el nuevo escudo y lema de la máxima casa de estudios, consistente en el mapa de América Latina, donde la Universidad tenía influencia y el lema

“Por mi raza hablará el espíritu”, que expresa la fuerza de cuerpo y mente de nuestro pueblo y su meta de lograr la evolución de la cultura y la ciencia en todas sus expresiones, en un ámbito de libertad para beneficio de la sociedad. Desde siempre, nuestra Universidad ha sido cuna de las mentes más brillantes; abierta a cualquier joven deseoso de superarse, sin importar clase social, creencia religiosa, nivel social ni convicción política, basta sólo tener la capacidad intelectual, deseos de estudio, superación y servicio, con una base de preparación y conocimientos aprendidos en la educación básica. Ciertamente a ella no ingresa fácilmente cualquier joven carente de esos conocimientos y cualidades, lo que ha hecho que nuestra máxima casa de estudios conserve un nivel y prestigio reconocido en todo el mundo.

En sus diversas carreras profesionales, existe una gama de pensamientos que lo mismo incluye ideas de derecha, centro o izquierda, donde conviven personas de diversas clases sociales, provenientes de las grandes ciudades y del medio rural, así como del extranjero.

Con todo esto, no puedo entender cómo un egresado de nuestra Universidad se atreva a ofender de manera soez y casquivana a la institución, alumnos, profesores, administrativos y autoridades, y menos cuando su promesa de crear cien universidades “patito” ha sido una farsa y las pocas que ha creado son un rotundo fracaso y un engaño para los jóvenes que en ellas han ingresado.

Como egresado de la UNAM, reclamo que el supuesto licenciado se retracte de sus palabras ofensivas y se disculpe públicamente, por su postura injuriosa y deleznable con la que en repetidas ocasiones ofendió a la Universidad y a la comunidad universitaria.

No es permisible que se exprese así de nuestra alma máter quien, habiendo egresado de ella, solo demuestra la carencia de ambos términos, sólo por sentimientos retorcidos que le corroen las vísceras.

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