/ miércoles 23 de diciembre de 2020

Las religiones en el mundo

La idea de la conciencia como forma superior del movimiento de la materia puede ser un tema para los pensadores que buscan reconciliar la ciencia y la religión, en la Era del Conocimiento. Al gran filósofo Friedrich Nietzsche, que en 1880 anunció para sorpresa del mundo la muerte de Dios, le conmovería ver que 140 años después la religión sigue teniendo un papel importante en el escenario mundial.

Sigue existiendo un interés generalizado por la historia y el estudio comparativo de las religiones, motivado por muy diversas razones y propósitos y enfocado desde distintos puntos de vista. El hombre necesita saber. Tiene sed de conocer, de encontrar respuesta a preguntas ancestrales, de consultar fuentes serias en un mundo donde la información y la comunicación se han prostituido por cuestiones económicas, políticas, de negligencia y falta de ética y, aunque suene extraño, de ignorancia.

El problema inicial es por dónde comenzar. ¿Nos interesa la religión como fenómeno social de importancia, por su influencia en grandes regiones del mundo, o como artículo de fe para entender sus principios? Porque una rápida mirada al mundo que nos rodea muestra que las religiones desempeñan un importante papel en la vida social y política de todos los continentes.

En las últimas décadas del siglo pasado esto se pudo comprobar claramente con el islam en Oriente Próximo; la Iglesia católica en Polonia y América Latina; el hinduismo en la India y el judaísmo en Israel. Pero también en Europa occidental y en Estados Unidos encontramos ejemplos de cómo los principios religiosos pueden intervenir directamente en la vida política. (El libro de las religiones, Ed. Siruela, 2016, Jostein Gaarder y otros).

Las creencias religiosas han estado siempre presentes en los grupos humanos. En cualquiera de sus formas, durante siglos, le han servido al hombre para sentirse menos solo y ha interpuesto el agradecimiento, la humildad y la esperanza en su vida. Independiente del lugar, época y creencia religiosa, ha dado forma y significado a la convivencia, costumbres y maneras de pensar, sentir y actuar.

En el terreno individual, muchas decisiones se toman teniendo como base los principios religiosos. Y muchos niños aprenden sus primeros valores entre cánticos religiosos. Es muy cierto que los fanatismos son extremos bastante dañinos. Pero si los padres no pueden o no tienen tiempo para dar ejemplos e inculcar valores en la familia, ¿quién más podría hacerlo? La escuela tiene la encomienda de propiciar la reflexión sobre los valores, pero tiene la obligación de respetar los que traen de familia, incluyendo los religiosos.

Tal vez la religión requiera una transformación conforme a los tiempos actuales. Muchos jóvenes rechazan “al Dios de la casa paterna y de la catequesis”, al “Dios que sólo emerge en las fiestas, o como consuelo de pobres y desheredados o amenaza de pecadores”, que hace un “meticuloso cotejo entre pecados y méritos”. Un Dios “que no cuadra con su vida, con sus ideas sobre mayoría de edad, autonomía y libertad… un nombre que se ha convertido en una fórmula vacía”. (Rolf Baumann, “El futuro del cristianismo”).

mail:

gnietoa@hotmail.com

gnietoa@hotmail.com

La idea de la conciencia como forma superior del movimiento de la materia puede ser un tema para los pensadores que buscan reconciliar la ciencia y la religión, en la Era del Conocimiento. Al gran filósofo Friedrich Nietzsche, que en 1880 anunció para sorpresa del mundo la muerte de Dios, le conmovería ver que 140 años después la religión sigue teniendo un papel importante en el escenario mundial.

Sigue existiendo un interés generalizado por la historia y el estudio comparativo de las religiones, motivado por muy diversas razones y propósitos y enfocado desde distintos puntos de vista. El hombre necesita saber. Tiene sed de conocer, de encontrar respuesta a preguntas ancestrales, de consultar fuentes serias en un mundo donde la información y la comunicación se han prostituido por cuestiones económicas, políticas, de negligencia y falta de ética y, aunque suene extraño, de ignorancia.

El problema inicial es por dónde comenzar. ¿Nos interesa la religión como fenómeno social de importancia, por su influencia en grandes regiones del mundo, o como artículo de fe para entender sus principios? Porque una rápida mirada al mundo que nos rodea muestra que las religiones desempeñan un importante papel en la vida social y política de todos los continentes.

En las últimas décadas del siglo pasado esto se pudo comprobar claramente con el islam en Oriente Próximo; la Iglesia católica en Polonia y América Latina; el hinduismo en la India y el judaísmo en Israel. Pero también en Europa occidental y en Estados Unidos encontramos ejemplos de cómo los principios religiosos pueden intervenir directamente en la vida política. (El libro de las religiones, Ed. Siruela, 2016, Jostein Gaarder y otros).

Las creencias religiosas han estado siempre presentes en los grupos humanos. En cualquiera de sus formas, durante siglos, le han servido al hombre para sentirse menos solo y ha interpuesto el agradecimiento, la humildad y la esperanza en su vida. Independiente del lugar, época y creencia religiosa, ha dado forma y significado a la convivencia, costumbres y maneras de pensar, sentir y actuar.

En el terreno individual, muchas decisiones se toman teniendo como base los principios religiosos. Y muchos niños aprenden sus primeros valores entre cánticos religiosos. Es muy cierto que los fanatismos son extremos bastante dañinos. Pero si los padres no pueden o no tienen tiempo para dar ejemplos e inculcar valores en la familia, ¿quién más podría hacerlo? La escuela tiene la encomienda de propiciar la reflexión sobre los valores, pero tiene la obligación de respetar los que traen de familia, incluyendo los religiosos.

Tal vez la religión requiera una transformación conforme a los tiempos actuales. Muchos jóvenes rechazan “al Dios de la casa paterna y de la catequesis”, al “Dios que sólo emerge en las fiestas, o como consuelo de pobres y desheredados o amenaza de pecadores”, que hace un “meticuloso cotejo entre pecados y méritos”. Un Dios “que no cuadra con su vida, con sus ideas sobre mayoría de edad, autonomía y libertad… un nombre que se ha convertido en una fórmula vacía”. (Rolf Baumann, “El futuro del cristianismo”).

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gnietoa@hotmail.com

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