/ miércoles 14 de julio de 2021

Marcelo Ebrard, sin tregua y sin descanso

En el sistema político de México, la lucha por la sucesión presidencial entre todos aquellos que se sienten con posibilidades de relevar al titular del Ejecutivo, comienza un día después de haber tomado posesión del cargo el Presidente.

Como la Constitución Política, en el artículo 89, otorga facultades al Ejecutivo federal para nombrar y remover libremente a sus colaboradores, realmente él es el responsable de que se mantengan en sus trincheras todos aquellos subordinados que aspiran y suspiran en convertirse en el relevo de quien los encumbró.

En el viejo sistema político reinó el tapadismo, que consistía en mantener oculto el nombre de quien relevaría al gran tlatoani en la siguiente administración. Un movimiento anticipado que permitiera descubrir la identidad del sucesor podría costarle la destitución en sus funciones o el ostracismo al indiscreto que se adelantara al destape oficial.

Ejemplos hay muchos, pero uno de los más sonados ocurrió en 1988, cuando se dio a conocer por todos los medios que el doctor Sergio García Ramírez (entonces titular de la PGR) era el candidato de los tres sectores del PRI, pero el destapado no tenía la bendición de Los Pinos y horas después se reveló el nombre del candidato oficial del tricolor, en favor de Carlos Salinas de Gortari.

Hoy vivimos un “estilo personal de gobernar” (como decía el maestro Daniel Cosío Villegas) diferente, que corresponde a la 4T y al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien a menos de la mitad de su sexenio ha revelado la identidad de quienes piensa, tienen la capacidad para el cargo y la aceptación popular para ganar la próxima contienda.

Marcelo Ebrard le tomó la palabra al Presidente y por lo que se sabe, el fin de semana pasado se reunió con empresarios, amigos y colaboradores, quienes serán sus promotores del voto e inversionistas, sacando ventaja desde ahora a los otros cinco aspirantes que también cuentan con el beneplácito de AMLO.

Veremos si para Marcelo Ebrard surte efectos el dicho que “al que madruga Dios lo ayuda”, o por el contrario, a los otros cinco suspirantes les favorece el dicho de “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

En el sistema político de México, la lucha por la sucesión presidencial entre todos aquellos que se sienten con posibilidades de relevar al titular del Ejecutivo, comienza un día después de haber tomado posesión del cargo el Presidente.

Como la Constitución Política, en el artículo 89, otorga facultades al Ejecutivo federal para nombrar y remover libremente a sus colaboradores, realmente él es el responsable de que se mantengan en sus trincheras todos aquellos subordinados que aspiran y suspiran en convertirse en el relevo de quien los encumbró.

En el viejo sistema político reinó el tapadismo, que consistía en mantener oculto el nombre de quien relevaría al gran tlatoani en la siguiente administración. Un movimiento anticipado que permitiera descubrir la identidad del sucesor podría costarle la destitución en sus funciones o el ostracismo al indiscreto que se adelantara al destape oficial.

Ejemplos hay muchos, pero uno de los más sonados ocurrió en 1988, cuando se dio a conocer por todos los medios que el doctor Sergio García Ramírez (entonces titular de la PGR) era el candidato de los tres sectores del PRI, pero el destapado no tenía la bendición de Los Pinos y horas después se reveló el nombre del candidato oficial del tricolor, en favor de Carlos Salinas de Gortari.

Hoy vivimos un “estilo personal de gobernar” (como decía el maestro Daniel Cosío Villegas) diferente, que corresponde a la 4T y al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien a menos de la mitad de su sexenio ha revelado la identidad de quienes piensa, tienen la capacidad para el cargo y la aceptación popular para ganar la próxima contienda.

Marcelo Ebrard le tomó la palabra al Presidente y por lo que se sabe, el fin de semana pasado se reunió con empresarios, amigos y colaboradores, quienes serán sus promotores del voto e inversionistas, sacando ventaja desde ahora a los otros cinco aspirantes que también cuentan con el beneplácito de AMLO.

Veremos si para Marcelo Ebrard surte efectos el dicho que “al que madruga Dios lo ayuda”, o por el contrario, a los otros cinco suspirantes les favorece el dicho de “no por mucho madrugar amanece más temprano”.