/ miércoles 13 de noviembre de 2019

México, en una crisis política por ser candil de la calle y oscuridad de su casa

El hartazgo por la cuarta reelección de Evo Morales al frente del gobierno de Bolivia generó la culminación de un movimiento popular, indígena, antiimperialista. Cuatro periodos cuya duración total fue de 14 años, separaron al expresidente de su pueblo e hizo crecer a una élite de usufructuarios del poder, conformada por quienes endiosaron al gobernante, fomentando el populismo y bajo la creencia de que la izquierda radical ha de dominar en poco tiempo a los países que conforman la llamada América Latina.

El exsecretario de Relaciones Exteriores, excelentísimo señor Genaro Estrada, durante el gobierno de Pascual Ortiz Rubio simplemente retomó la sentencia juarista de que: “entre los hombres, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” y por eso el presidente López Obrador expresó su solidaridad con el defenestrado Evo Morales respetando el Derecho Internacional de asilo político, y dándole todas las facilidades para resguardar su vida y trasladarlo en un avión del ejército garantizando así la integridad del expresidente boliviano.

Las protestas por la decisión de AMLO no se han hecho esperar y militantes del PAN y representantes de los organismos empresariales y políticos en la banca han criticado acremente esa medida, dando pauta a las redes sociales para expresar que no se justifica la reforma fiscal que se está cocinando en el H. Congreso de la Unión, con un gran sacrificio para los contribuyentes mexicanos.

Corresponde a los diputados y a la Asamblea Superior de la Federación fiscalizar en qué se gastarán los recursos que aún siendo públicos, ninguna autoridad debe utilizarlos en su beneficio o a capricho personal, pues los llamados conservadores exigen no anteponer las necesidades de los marginados de México, para quedar bien con un exmandatario acusado por su pueblo de autoritario, enriquecimiento ilícito y asesinatos políticos en contra de quienes finalmente presionaron para sacarlo del gobierno.

Falta ver cómo terminan los movimientos populares contra sus gobernantes, en Chile, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina. Los mexicanos de la ultraderecha, fifís conservadores, se manifiestan acusando al primer mandatario de ser candil de la calle y oscuridad de su casa, y los diputados y senadores de Morena y sus aliados justifican el asilo de Evo Morales como acto humanitario y generoso de López Obrador.

El hartazgo por la cuarta reelección de Evo Morales al frente del gobierno de Bolivia generó la culminación de un movimiento popular, indígena, antiimperialista. Cuatro periodos cuya duración total fue de 14 años, separaron al expresidente de su pueblo e hizo crecer a una élite de usufructuarios del poder, conformada por quienes endiosaron al gobernante, fomentando el populismo y bajo la creencia de que la izquierda radical ha de dominar en poco tiempo a los países que conforman la llamada América Latina.

El exsecretario de Relaciones Exteriores, excelentísimo señor Genaro Estrada, durante el gobierno de Pascual Ortiz Rubio simplemente retomó la sentencia juarista de que: “entre los hombres, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” y por eso el presidente López Obrador expresó su solidaridad con el defenestrado Evo Morales respetando el Derecho Internacional de asilo político, y dándole todas las facilidades para resguardar su vida y trasladarlo en un avión del ejército garantizando así la integridad del expresidente boliviano.

Las protestas por la decisión de AMLO no se han hecho esperar y militantes del PAN y representantes de los organismos empresariales y políticos en la banca han criticado acremente esa medida, dando pauta a las redes sociales para expresar que no se justifica la reforma fiscal que se está cocinando en el H. Congreso de la Unión, con un gran sacrificio para los contribuyentes mexicanos.

Corresponde a los diputados y a la Asamblea Superior de la Federación fiscalizar en qué se gastarán los recursos que aún siendo públicos, ninguna autoridad debe utilizarlos en su beneficio o a capricho personal, pues los llamados conservadores exigen no anteponer las necesidades de los marginados de México, para quedar bien con un exmandatario acusado por su pueblo de autoritario, enriquecimiento ilícito y asesinatos políticos en contra de quienes finalmente presionaron para sacarlo del gobierno.

Falta ver cómo terminan los movimientos populares contra sus gobernantes, en Chile, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina. Los mexicanos de la ultraderecha, fifís conservadores, se manifiestan acusando al primer mandatario de ser candil de la calle y oscuridad de su casa, y los diputados y senadores de Morena y sus aliados justifican el asilo de Evo Morales como acto humanitario y generoso de López Obrador.

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