/ lunes 9 de septiembre de 2019

Papalotes en el cielo

El arte es vida, es salvación, consuelo, refugio, es recuerdo. Recuerdo de aquellos que con colores, rostros y técnicas personales encuentran una forma de representarnos, representarse y plasmar a través de su creatividad lo más hermoso o cruel del entorno según se requiera. Es subjetivo, pero al final siempre hay detrás de cada creación una belleza singular que provoca. Eso y más logró Francisco Toledo.

Originario de Juchitán, el artista plástico y gráfico no sólo será recordado por su obra y el impulso constante a las artes, sino por su destacado activismo y su labor de filantropía. En medio de gobiernos que no supieron dar respuesta él se solidarizó con los padres de quienes habían perdido a sus hijos, voló por ellos papalotes para destacar que había que buscar a esos 43 normalistas, incluso por los cielos. Después llegó el temblor que devastó al Istmo de Tehuantepec y el artista se encargó de brindar apoyo con la instalación de cocinas comunitarias, las cuales beneficiaron a más de 5 mil damnificados.

Actualmente, después de dos años del temblor, aún existen familias en espera del apoyo prometido por el gobierno, fueron censadas de nueva cuenta para ser parte del programa de bienestar y siguen sin recibir la ayuda prometida, a muchos sólo les han entregado tarjetas sin fondos. Estas acciones son el reflejo de la falta de entendimiento de la sociedad, de la creencia arraigada de que todos necesitan ser parte de un progreso, olvidándose de una cultura que no se puede quedar atrás.

El respeto por la cultura y las raíces fue algo que siempre entendió Toledo, quien defendió constantemente a los pueblos indígenas, según amigos del artista, para él tener presentes los orígenes y su cultura era sinónimo de actuar por el bien común. Quizás su concepto no fue erróneo, pues si se tiene respeto por todo ello no se busca irrumpir en sus tradiciones, no se daña su patrimonio. Cuando realmente se entiende a los pueblos indígenas, el progreso se adapta a lo que sus comunidades solicitan, mas no se insiste en que ellos se adapten a las solicitudes de quienes son ajenos a su vivir.

Entre las últimas causas que el artista defendía está la voz de las comunidades afectadas por el tren maya, pues la construcción del mismo afectaría de forma ecológica la biosfera, principalmente en Yucatán; también señaló que la zona de los Chimalapas podría sufrir daños, en febrero del presente año exigió al presidente de la República más información respecto al proyecto, pues los datos proporcionados no eran claros y era necesario tomar en cuenta la opinión de los verdaderos afectados, pues para el artista no era suficiente una consulta ciudadana.

Francisco Toledo ha sido despedido con papalotes en gran parte de México, esta tradición de la tierra que le vio nacer, donde los muertos se enaltecen con este artefacto para guiarlos en la tierra. Ahora recordaremos a un alma ejemplar, no sólo por su legado artístico, sino también por su huella social, porque nunca se olvidó de su estado y con coherencia predicó su amor por las raíces, el arte y su gente. Gracias a él se creó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y es ahí donde más personas pueden disfrutar de una de las colecciones de artes gráficas más importantes de Latinoamérica.

Que perdure su retrato, sus trazos de carbón, sus pinturas y mágicos animales, pero sobre todo que permanezca su ejemplo para que no dejemos de escuchar a quienes han intentado silenciar, que seamos voz de quienes no pueden hablar y sintamos el mismo orgullo de nuestras raíces e historia, para defenderlos ante los cambios de la modernidad. Que perdure el respeto inculcado en nuestro actuar.

zairosas.22@gmail.com


El arte es vida, es salvación, consuelo, refugio, es recuerdo. Recuerdo de aquellos que con colores, rostros y técnicas personales encuentran una forma de representarnos, representarse y plasmar a través de su creatividad lo más hermoso o cruel del entorno según se requiera. Es subjetivo, pero al final siempre hay detrás de cada creación una belleza singular que provoca. Eso y más logró Francisco Toledo.

Originario de Juchitán, el artista plástico y gráfico no sólo será recordado por su obra y el impulso constante a las artes, sino por su destacado activismo y su labor de filantropía. En medio de gobiernos que no supieron dar respuesta él se solidarizó con los padres de quienes habían perdido a sus hijos, voló por ellos papalotes para destacar que había que buscar a esos 43 normalistas, incluso por los cielos. Después llegó el temblor que devastó al Istmo de Tehuantepec y el artista se encargó de brindar apoyo con la instalación de cocinas comunitarias, las cuales beneficiaron a más de 5 mil damnificados.

Actualmente, después de dos años del temblor, aún existen familias en espera del apoyo prometido por el gobierno, fueron censadas de nueva cuenta para ser parte del programa de bienestar y siguen sin recibir la ayuda prometida, a muchos sólo les han entregado tarjetas sin fondos. Estas acciones son el reflejo de la falta de entendimiento de la sociedad, de la creencia arraigada de que todos necesitan ser parte de un progreso, olvidándose de una cultura que no se puede quedar atrás.

El respeto por la cultura y las raíces fue algo que siempre entendió Toledo, quien defendió constantemente a los pueblos indígenas, según amigos del artista, para él tener presentes los orígenes y su cultura era sinónimo de actuar por el bien común. Quizás su concepto no fue erróneo, pues si se tiene respeto por todo ello no se busca irrumpir en sus tradiciones, no se daña su patrimonio. Cuando realmente se entiende a los pueblos indígenas, el progreso se adapta a lo que sus comunidades solicitan, mas no se insiste en que ellos se adapten a las solicitudes de quienes son ajenos a su vivir.

Entre las últimas causas que el artista defendía está la voz de las comunidades afectadas por el tren maya, pues la construcción del mismo afectaría de forma ecológica la biosfera, principalmente en Yucatán; también señaló que la zona de los Chimalapas podría sufrir daños, en febrero del presente año exigió al presidente de la República más información respecto al proyecto, pues los datos proporcionados no eran claros y era necesario tomar en cuenta la opinión de los verdaderos afectados, pues para el artista no era suficiente una consulta ciudadana.

Francisco Toledo ha sido despedido con papalotes en gran parte de México, esta tradición de la tierra que le vio nacer, donde los muertos se enaltecen con este artefacto para guiarlos en la tierra. Ahora recordaremos a un alma ejemplar, no sólo por su legado artístico, sino también por su huella social, porque nunca se olvidó de su estado y con coherencia predicó su amor por las raíces, el arte y su gente. Gracias a él se creó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y es ahí donde más personas pueden disfrutar de una de las colecciones de artes gráficas más importantes de Latinoamérica.

Que perdure su retrato, sus trazos de carbón, sus pinturas y mágicos animales, pero sobre todo que permanezca su ejemplo para que no dejemos de escuchar a quienes han intentado silenciar, que seamos voz de quienes no pueden hablar y sintamos el mismo orgullo de nuestras raíces e historia, para defenderlos ante los cambios de la modernidad. Que perdure el respeto inculcado en nuestro actuar.

zairosas.22@gmail.com


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