/ lunes 5 de octubre de 2020

Rebasado Ramos Alor

La Covid está canijo en Veracruz. En un día, el sábado 26 de septiembre, 34 muertos. 4 mil 286 personas contagiadas...

Claro, hubo días con 84 muertos. Pero cuando como aquí, todos los días y noches hay fallecimientos, la realidad está canija. La secretaría de Salud, rebasada. Para su desventura, el titular, Roberto Ramos Alor, quien odia a la prensa porque “ningún chile les embona”, simple y llanamente, está rebasado.

Pasamanos: No puede. La Covid lo obnubiló. Bastaría recordar cuando en su exposición televisada, el bigotazo por delante del micrófono, inculpó a la población del rebrote, “lavándose las manos” como su admirado Poncio Pilatos. Ningún municipio está exento. Ni siquiera, vaya, Soconusco, donde el presidente municipal tendiera lona con letrero sugestivo. “Prohibido morir de coronavirus”. Además del Cristo de 9 toneladas de peso y más de 8 metros de altura, arrumbando por ahí el bustito de Miguel Hidalgo, uno de los 5 héroes de la patria de López Obrador, “amor y paz”.

Corredores: La realidad es funesta. La Covid avanza en todas partes del mundo. La autoridad sanitaria es incapaz, ineficiente e ineficaz. Y la población se está rebelando. Harta del confinamiento. Y lo peor entre lo peor, los millones de desempleados en todas las latitudes.

Entonces, la gente ha decidido salir a la calle, al centro comercial, el cine, el restaurante y el café, el mercado, a su vida común de todos los días y noches. Y si se contagia y muere, ni modo. En todo caso, morirán contentos, pues “lo bailado nadie se los quitará”. Por eso, aquel famoso Super Saturday, de Londres, donde los chicos fueron en masa a la disco y los antros. Balcones: A partir de ahí, la autoridad sanitaria habría, quizá, de estar pendiente. Al momento, y debido a tantos contagiados y muertos, significa que ni la sana distancia, el gel, el tapabocas ni las caretas funcionaron. México, y por añadidura, Veracruz, en uno de los peores lugares del mundo con estragos humanos. Unas señoras amigas de la manualidad, la zumba y la tarde pastelera, de plano, han dejado de leer en la prensa escrita y de escuchar en la televisión las noticias sobre la Covid. ¿Pa’qué? se preguntan, si todos los días es lo mismo. Más muertos. Más infectados. Pasillos: Las informaciones sobre la pandemia se han vuelto una estadística diaria sobre la muerte. Algunos medios, por ejemplo, publican historias dramáticas y siguen declarando héroes a las enfermeras y médicos fallecidos “en el cumplimiento del deber”. Por fortuna, el sábado 26 de septiembre, José José cumplió un año de muerto y varias estaciones de radio y televisión dedicaron el santo día a recordarlo contando las historias de sus canciones y reproduciendo canción por canción. Fue un día imborrable, memorable y citable en el tiempo del Covid. Nadie se acordó de los muertos por la pandemia.

La Covid está canijo en Veracruz. En un día, el sábado 26 de septiembre, 34 muertos. 4 mil 286 personas contagiadas...

Claro, hubo días con 84 muertos. Pero cuando como aquí, todos los días y noches hay fallecimientos, la realidad está canija. La secretaría de Salud, rebasada. Para su desventura, el titular, Roberto Ramos Alor, quien odia a la prensa porque “ningún chile les embona”, simple y llanamente, está rebasado.

Pasamanos: No puede. La Covid lo obnubiló. Bastaría recordar cuando en su exposición televisada, el bigotazo por delante del micrófono, inculpó a la población del rebrote, “lavándose las manos” como su admirado Poncio Pilatos. Ningún municipio está exento. Ni siquiera, vaya, Soconusco, donde el presidente municipal tendiera lona con letrero sugestivo. “Prohibido morir de coronavirus”. Además del Cristo de 9 toneladas de peso y más de 8 metros de altura, arrumbando por ahí el bustito de Miguel Hidalgo, uno de los 5 héroes de la patria de López Obrador, “amor y paz”.

Corredores: La realidad es funesta. La Covid avanza en todas partes del mundo. La autoridad sanitaria es incapaz, ineficiente e ineficaz. Y la población se está rebelando. Harta del confinamiento. Y lo peor entre lo peor, los millones de desempleados en todas las latitudes.

Entonces, la gente ha decidido salir a la calle, al centro comercial, el cine, el restaurante y el café, el mercado, a su vida común de todos los días y noches. Y si se contagia y muere, ni modo. En todo caso, morirán contentos, pues “lo bailado nadie se los quitará”. Por eso, aquel famoso Super Saturday, de Londres, donde los chicos fueron en masa a la disco y los antros. Balcones: A partir de ahí, la autoridad sanitaria habría, quizá, de estar pendiente. Al momento, y debido a tantos contagiados y muertos, significa que ni la sana distancia, el gel, el tapabocas ni las caretas funcionaron. México, y por añadidura, Veracruz, en uno de los peores lugares del mundo con estragos humanos. Unas señoras amigas de la manualidad, la zumba y la tarde pastelera, de plano, han dejado de leer en la prensa escrita y de escuchar en la televisión las noticias sobre la Covid. ¿Pa’qué? se preguntan, si todos los días es lo mismo. Más muertos. Más infectados. Pasillos: Las informaciones sobre la pandemia se han vuelto una estadística diaria sobre la muerte. Algunos medios, por ejemplo, publican historias dramáticas y siguen declarando héroes a las enfermeras y médicos fallecidos “en el cumplimiento del deber”. Por fortuna, el sábado 26 de septiembre, José José cumplió un año de muerto y varias estaciones de radio y televisión dedicaron el santo día a recordarlo contando las historias de sus canciones y reproduciendo canción por canción. Fue un día imborrable, memorable y citable en el tiempo del Covid. Nadie se acordó de los muertos por la pandemia.