/ martes 5 de noviembre de 2019

Redes y columnas pretenden romper los empeños del presidente

Lo que no lograron Fox, Calderón y Peña para alcanzar la meta de transformar a México en un país desarrollado, reduciendo la pobreza y la segregación en que se encuentra la mitad de la población, lo ha pretendido en su primer año de gobierno el presidente López Obrador, consciente de la riqueza pública que se localiza en todo el territorio nacional, en sus litorales, en el suelo y subsuelo de la campiña mexicana, que solamente requiere para su explotación de la mano del hombre con una férrea voluntad.

La primera tarea importante con que inició el gobierno de AMLO fue acabar con el escandaloso robo del petróleo y sus derivados. Acabar con la corrupción de cuello blanco, cortando de tajo los intereses creados de las mafias que se enriquecieron desde la iniciativa privada, en contubernio con malos servidores públicos que sólo buscaron enriquecerse aún cometiendo el oprobioso ilícito de traición a la patria, fue otra meta. Un ejemplo de ello fue el establecer las compras consolidadas que pusieron fin a los diezmos y moches para gobernadores y alcaldes en contubernio con los proveedores.

Otros negocios a los que AMLO ha puesto fin son los subsidios para tantas fundaciones y asociaciones civiles que, disfrazadas de personas morales de la caridad, medraban a través de subsidios del presupuesto público.

Pero todos los esfuerzos de un presidente de la República se truncan, cuando su equipo de colaboradores percibe ingresos desproporcionados a la función pública que desempeñan. De ahí que López Obrador haya insistido en que nadie debe ganar más que el presidente y que no se justifica la existencia de un gobierno rico y un pueblo pobre.

Ante los ataques que los grupos de presión y los factores reales del poder realizan diariamente en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador se impone la solidaridad de su pueblo, para que el presidente no incurra en los mismos errores de sus predecesores.

La historia por definición de Cicerón, “es la maestra de la vida”; y habría que agregar que quien no conoce su propia historia, está expuesto a cometer los mismos errores del pasado. Hay que apoyar al presidente de México para que no incurra en los errores de sus antecesores de los últimos 20 años, y sobre todo para vigilarles las manos y cortarles las uñas a los colaboradores que son verdaderos “lobos” con piel de ovejas. Aquellos que por sus hechos, poco a poco los conoceréis.



Lo que no lograron Fox, Calderón y Peña para alcanzar la meta de transformar a México en un país desarrollado, reduciendo la pobreza y la segregación en que se encuentra la mitad de la población, lo ha pretendido en su primer año de gobierno el presidente López Obrador, consciente de la riqueza pública que se localiza en todo el territorio nacional, en sus litorales, en el suelo y subsuelo de la campiña mexicana, que solamente requiere para su explotación de la mano del hombre con una férrea voluntad.

La primera tarea importante con que inició el gobierno de AMLO fue acabar con el escandaloso robo del petróleo y sus derivados. Acabar con la corrupción de cuello blanco, cortando de tajo los intereses creados de las mafias que se enriquecieron desde la iniciativa privada, en contubernio con malos servidores públicos que sólo buscaron enriquecerse aún cometiendo el oprobioso ilícito de traición a la patria, fue otra meta. Un ejemplo de ello fue el establecer las compras consolidadas que pusieron fin a los diezmos y moches para gobernadores y alcaldes en contubernio con los proveedores.

Otros negocios a los que AMLO ha puesto fin son los subsidios para tantas fundaciones y asociaciones civiles que, disfrazadas de personas morales de la caridad, medraban a través de subsidios del presupuesto público.

Pero todos los esfuerzos de un presidente de la República se truncan, cuando su equipo de colaboradores percibe ingresos desproporcionados a la función pública que desempeñan. De ahí que López Obrador haya insistido en que nadie debe ganar más que el presidente y que no se justifica la existencia de un gobierno rico y un pueblo pobre.

Ante los ataques que los grupos de presión y los factores reales del poder realizan diariamente en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador se impone la solidaridad de su pueblo, para que el presidente no incurra en los mismos errores de sus predecesores.

La historia por definición de Cicerón, “es la maestra de la vida”; y habría que agregar que quien no conoce su propia historia, está expuesto a cometer los mismos errores del pasado. Hay que apoyar al presidente de México para que no incurra en los errores de sus antecesores de los últimos 20 años, y sobre todo para vigilarles las manos y cortarles las uñas a los colaboradores que son verdaderos “lobos” con piel de ovejas. Aquellos que por sus hechos, poco a poco los conoceréis.