/ miércoles 8 de mayo de 2019

Sin oficio político, Alfonso Romo y su fallida renuncia

Desde la campaña a la presidencia de la República, la presencia del empresario Alfonso Romo, en apoyo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, generó grandes expectativas en las huestes de Morena, puesto que con el empresario, acudirían un gran número de personajes de la iniciativa privada, que como fue, dieron gran impulso a AMLO, en este tercer intento por llegar a Palacio Nacional, que finalmente logró con los más de 30 millones de electores que sufragaron a su favor.

Claro que en política una de las reglas a saber por quienes participan o forman parte de los equipos que gobiernan “bajo el mando de un jefe”, que ha vencido Grandes dificultades para llegar a la cima del poder, es la disciplina sin titubeos y a pesar de los malos tratos que pudieran hacer sentir indigno a cualquier colaborador que se precie de estar cerca de un mandatario.

Es el caso de Poncho Romo, experimentado empresario pero neófito en el quehacer político, quién susceptible a la falta de comprensión y atenciones de su jefe el presidente, no respetó la regla de oro que dice que sólo una renuncia pedida es aceptada por el titular o jefe del renunciante, pero jamás puede aceptarse la renuncia no solicitada por el Jefe, porque de hacerlo, expresaría un signo de debilidad o contradicción, que sería mal ejemplo para los otros miembros del gabinete legal o ampliado.

No en vano, la constitución política federal, concede al presidente la facultad de “nombrar y remover libremente a sus colaboradores”, lo que significa en la práctica política que uno es el que manda y los demás están para obedecer, estén o no de acuerdo con las instrucciones recibidas. El periodista Raymundo Riva Palacio, a quien se le atribuye la indiscreción publicada en su columna Estrictamente Personal, tuvo como respuesta directa del titular del ejecutivo, el desmentido de la dimisión del Jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo Garza.

Y aprovechó el Presidente para fustigar “el chayote” y las dádivas a los medios de comunicación que así los tuvieron acostumbrados gobiernos pasados. El episodio político estelarizado por Poncho Romo, pone en alerta a todos los colaboradores del presidente y rebela que el horno no está para bollos, pues el crecimiento económico del primer trimestre de este año nos condujo a una clara recesión económica y a un estancamiento de la economía, que mantiene a grandes sectores sociales sin recursos y sin empleo.

Desde la campaña a la presidencia de la República, la presencia del empresario Alfonso Romo, en apoyo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, generó grandes expectativas en las huestes de Morena, puesto que con el empresario, acudirían un gran número de personajes de la iniciativa privada, que como fue, dieron gran impulso a AMLO, en este tercer intento por llegar a Palacio Nacional, que finalmente logró con los más de 30 millones de electores que sufragaron a su favor.

Claro que en política una de las reglas a saber por quienes participan o forman parte de los equipos que gobiernan “bajo el mando de un jefe”, que ha vencido Grandes dificultades para llegar a la cima del poder, es la disciplina sin titubeos y a pesar de los malos tratos que pudieran hacer sentir indigno a cualquier colaborador que se precie de estar cerca de un mandatario.

Es el caso de Poncho Romo, experimentado empresario pero neófito en el quehacer político, quién susceptible a la falta de comprensión y atenciones de su jefe el presidente, no respetó la regla de oro que dice que sólo una renuncia pedida es aceptada por el titular o jefe del renunciante, pero jamás puede aceptarse la renuncia no solicitada por el Jefe, porque de hacerlo, expresaría un signo de debilidad o contradicción, que sería mal ejemplo para los otros miembros del gabinete legal o ampliado.

No en vano, la constitución política federal, concede al presidente la facultad de “nombrar y remover libremente a sus colaboradores”, lo que significa en la práctica política que uno es el que manda y los demás están para obedecer, estén o no de acuerdo con las instrucciones recibidas. El periodista Raymundo Riva Palacio, a quien se le atribuye la indiscreción publicada en su columna Estrictamente Personal, tuvo como respuesta directa del titular del ejecutivo, el desmentido de la dimisión del Jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo Garza.

Y aprovechó el Presidente para fustigar “el chayote” y las dádivas a los medios de comunicación que así los tuvieron acostumbrados gobiernos pasados. El episodio político estelarizado por Poncho Romo, pone en alerta a todos los colaboradores del presidente y rebela que el horno no está para bollos, pues el crecimiento económico del primer trimestre de este año nos condujo a una clara recesión económica y a un estancamiento de la economía, que mantiene a grandes sectores sociales sin recursos y sin empleo.