/ miércoles 1 de julio de 2020

Sólo hace falta el pan para disfrutar el circo de Lozoya

Confiado en la experiencia del exmagistrado español Baltasar Garzón, Emilio Lozoya Austin ha traicionado a su defensor, Javier Coello Trejo, prescindiendo de sus servicios profesionales para regresar a México con la certeza de que pronto será absuelto de las imputaciones que pesan en su contra gracias a la astucia de su nuevo abogado patrono, quien convino, seguramente, un trato especial con la Fiscalía General de la República (FGR) a cambio de información valiosa que, sin duda, habrá de perjudicar al expresidente Peña Nieto.

La experiencia del exjuez Baltasar Garzón y su fama como “abogado del diablo” data de hace ocho años, en que salió condenado por el Tribunal Supremo de su país por el delito de prevaricación y acopio de pruebas ilegales, siendo inhabilitado por 11 años para su ejercicio profesional en su país.

Mientras los mexicanos, en plena cuarentena obligada por la pandemia del Covid- 19, ávidos de noticias encontrarán una nueva distracción para ocultar el mal manejo del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, pues el circo de la 4T ha llegado a todo México.

Los televidentes tendrán que olvidar momentáneamente la crisis económica, el desempleo y la inseguridad que padece la mayoría de los 130 millones de habitantes.

Los enemigos de Emilio Lozoya afirman que para asegurar su libertad, el exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) es capaz de convertirse en el judas de Enrique Peña Nieto, divulgando información en su contra que obtuvo por su cercana amistad con Luis Videgaray, Pedro Joaquín Coldwell y el propio expresidente.

De los mil millones de dólares que ilícitamente obtuvo Lozoya de Pemex, según la acreditación con pruebas en manos de la FGR, el imputado ha filtrado en su defensa que fue presionado al haber recibido “instrucciones superiores” que no podrían provenir de otra persona que no fuera únicamente su exjefe y amigo Enrique Peña Nieto.

Los argumentos anteriores podrían servir para invocar la excluyente de incriminación de “obediencia jerárquica”, aunque Lozoya Austin haya tenido conocimiento de que la orden que obedeció fuera contraria a la ley y su exculpación quedaría sujeta a otras pruebas de descargo por la antijuridicidad de su comportamiento, lesivo a todas luces para la hacienda pública y Pemex.

Finalmente, todo parece indicar que el caso Lozoya será un capítulo telenovelesco con final feliz, al estilo Televisa.

Confiado en la experiencia del exmagistrado español Baltasar Garzón, Emilio Lozoya Austin ha traicionado a su defensor, Javier Coello Trejo, prescindiendo de sus servicios profesionales para regresar a México con la certeza de que pronto será absuelto de las imputaciones que pesan en su contra gracias a la astucia de su nuevo abogado patrono, quien convino, seguramente, un trato especial con la Fiscalía General de la República (FGR) a cambio de información valiosa que, sin duda, habrá de perjudicar al expresidente Peña Nieto.

La experiencia del exjuez Baltasar Garzón y su fama como “abogado del diablo” data de hace ocho años, en que salió condenado por el Tribunal Supremo de su país por el delito de prevaricación y acopio de pruebas ilegales, siendo inhabilitado por 11 años para su ejercicio profesional en su país.

Mientras los mexicanos, en plena cuarentena obligada por la pandemia del Covid- 19, ávidos de noticias encontrarán una nueva distracción para ocultar el mal manejo del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, pues el circo de la 4T ha llegado a todo México.

Los televidentes tendrán que olvidar momentáneamente la crisis económica, el desempleo y la inseguridad que padece la mayoría de los 130 millones de habitantes.

Los enemigos de Emilio Lozoya afirman que para asegurar su libertad, el exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) es capaz de convertirse en el judas de Enrique Peña Nieto, divulgando información en su contra que obtuvo por su cercana amistad con Luis Videgaray, Pedro Joaquín Coldwell y el propio expresidente.

De los mil millones de dólares que ilícitamente obtuvo Lozoya de Pemex, según la acreditación con pruebas en manos de la FGR, el imputado ha filtrado en su defensa que fue presionado al haber recibido “instrucciones superiores” que no podrían provenir de otra persona que no fuera únicamente su exjefe y amigo Enrique Peña Nieto.

Los argumentos anteriores podrían servir para invocar la excluyente de incriminación de “obediencia jerárquica”, aunque Lozoya Austin haya tenido conocimiento de que la orden que obedeció fuera contraria a la ley y su exculpación quedaría sujeta a otras pruebas de descargo por la antijuridicidad de su comportamiento, lesivo a todas luces para la hacienda pública y Pemex.

Finalmente, todo parece indicar que el caso Lozoya será un capítulo telenovelesco con final feliz, al estilo Televisa.