/ lunes 28 de septiembre de 2020

Terror en Yanga

ESCALERAS: La noche del sábado 26 de septiembre fue una noche triste, dolorosa, en Veracruz...

En Yanga, tres jóvenes (una mujer y 2 hombres) fueron asesinados con "alevosía, ventaja y premeditación". Estaban en una casa familiar. Y unos malandros llegaron y dispararon con saña, barbarie y a mansalva. Y huyeron. El oleaje de violencia, mejor dicho, tsunami, está recrudecido en la zona centro de Veracruz. Para entonces, en las últimas horas, un empresario más, dueño de un restaurante de mariscos, asesinado en Fortín.

PASAMANOS: Quizá ningún caso tiene ya escribir y publicar el número de asesinatos de norte a sur y de este a oeste del Estado. Cierto, las páginas policiacas se llenan de sangre, huesos y cadáveres y los crímenes siguen, inderrotables. En la zona centro, una señora denunció en las redes sociales la desaparición de un hijo, panadero de oficio, y luego una marcha de protesta, pero sin encontrar respuesta oficial. La población está expuesta al peor tiempo de la incertidumbre y la zozobra. El llamado Estado de Derecho, cuya esencia básica es garantizar la seguridad en la vida y los bienes, sustituido por el Estado Delincuencial. Los carteles mandan aquí, desde Tampico Alto hasta el Valle de Uxpanapa y desde las cumbres de Acutzingo hasta el puerto jarocho.

CORREDORES: Cada periodo constitucional ha dejado páginas sangrientas. La parte más oscura hacia la década de 1930 cuando el cacique de la hacienda de Almolonga, Manuel Parra, con su banda, "La mano negra", asesinó a cuarenta mil ejidatarios en la enconada lucha agraria, defendiendo a los latifundistas ante el silencio cómplice de los gobernadores. Los trescientos obreros textiles de Río Blanco asesinados en una huelga por órdenes de Porfirio Díaz Mori, y cuyos cadáveres fueron trepados a los vagones del ferrocarril y trasladados a San Juna de Ulúa para arrojarse Golfo de México.

BALCONES: Lo decía el gobernador Agustín Acosta Lagunes. "La violencia es inevitable, y ni modo". Pero está canijo que en la 4T con su purificación moral, "la muerta siga teniendo permiso" cuando se trata de los derechos humanos, una de las banderas de la izquierda, izquierda que es Morena. Podrán "los siervos de la nación" y "los soldados de la patria" argüir que tantos crímenes son una herencia del pasado y a ellos ha tocado "bailar con la más fea". Bastaría, sin embargo, recordar que Morena ejerciendo el poder está por cumplir dos años y el góber bendecido de López Obrador juró pacificar Veracruz en 2 años… y están a la vuelta de la esquina. PASILLOS: En la numeralia de la muerte hay niños, mujeres, jóvenes, ancianos y hombres. Y aun cuando en el caso de los hombres se trate de ajustes de cuenta entre los malandros, resultan inverosímiles los homicidios de niños, mujeres y ancianos, población civil.

ESCALERAS: La noche del sábado 26 de septiembre fue una noche triste, dolorosa, en Veracruz...

En Yanga, tres jóvenes (una mujer y 2 hombres) fueron asesinados con "alevosía, ventaja y premeditación". Estaban en una casa familiar. Y unos malandros llegaron y dispararon con saña, barbarie y a mansalva. Y huyeron. El oleaje de violencia, mejor dicho, tsunami, está recrudecido en la zona centro de Veracruz. Para entonces, en las últimas horas, un empresario más, dueño de un restaurante de mariscos, asesinado en Fortín.

PASAMANOS: Quizá ningún caso tiene ya escribir y publicar el número de asesinatos de norte a sur y de este a oeste del Estado. Cierto, las páginas policiacas se llenan de sangre, huesos y cadáveres y los crímenes siguen, inderrotables. En la zona centro, una señora denunció en las redes sociales la desaparición de un hijo, panadero de oficio, y luego una marcha de protesta, pero sin encontrar respuesta oficial. La población está expuesta al peor tiempo de la incertidumbre y la zozobra. El llamado Estado de Derecho, cuya esencia básica es garantizar la seguridad en la vida y los bienes, sustituido por el Estado Delincuencial. Los carteles mandan aquí, desde Tampico Alto hasta el Valle de Uxpanapa y desde las cumbres de Acutzingo hasta el puerto jarocho.

CORREDORES: Cada periodo constitucional ha dejado páginas sangrientas. La parte más oscura hacia la década de 1930 cuando el cacique de la hacienda de Almolonga, Manuel Parra, con su banda, "La mano negra", asesinó a cuarenta mil ejidatarios en la enconada lucha agraria, defendiendo a los latifundistas ante el silencio cómplice de los gobernadores. Los trescientos obreros textiles de Río Blanco asesinados en una huelga por órdenes de Porfirio Díaz Mori, y cuyos cadáveres fueron trepados a los vagones del ferrocarril y trasladados a San Juna de Ulúa para arrojarse Golfo de México.

BALCONES: Lo decía el gobernador Agustín Acosta Lagunes. "La violencia es inevitable, y ni modo". Pero está canijo que en la 4T con su purificación moral, "la muerta siga teniendo permiso" cuando se trata de los derechos humanos, una de las banderas de la izquierda, izquierda que es Morena. Podrán "los siervos de la nación" y "los soldados de la patria" argüir que tantos crímenes son una herencia del pasado y a ellos ha tocado "bailar con la más fea". Bastaría, sin embargo, recordar que Morena ejerciendo el poder está por cumplir dos años y el góber bendecido de López Obrador juró pacificar Veracruz en 2 años… y están a la vuelta de la esquina. PASILLOS: En la numeralia de la muerte hay niños, mujeres, jóvenes, ancianos y hombres. Y aun cuando en el caso de los hombres se trate de ajustes de cuenta entre los malandros, resultan inverosímiles los homicidios de niños, mujeres y ancianos, población civil.