/ lunes 15 de noviembre de 2021

Traiciones en el PRD; Franco, culpas y error

Perredistas que se han mantenido fieles a su partido, pese a los bandazos y derrotas que ha sufrido por las malas decisiones y a que han prevalecido los intereses personales de quienes han sido sus dirigentes, nos comentan que nunca han visto tan mal al Sol Azteca como ahora.

No solo es que en Veracruz tenga ahora menos militantes y menos votos, nos indican, sino por la situación de desánimo y desconcierto porque la dirigencia estatal no sabe qué hacer ante los problemas actuales o lo que hace va en perjuicio del Partido de la Revolución Democrática.

Hacen el apunte de que Rogelio Franco, el exdirigente del PRD, es quien vive lo peor de la situación tan negativa por la que atraviesa el perredismo, al quedarse a un paso de ser diputado federal y permanecer encarcelado, peeero…

Pero nos dicen estos perredistas que Franco tiene una gran responsabilidad de lo que le sucede al Sol Azteca y lo que le sucede a él. A estos militantes de izquierda señalan que no se les olvida que Franco -así lo afirman- fue el que dio los bandazos más fuertes. Recuerdan que, primero, cayó, porque quiso, en el juego de Fidel Herrera, cuando éste fue gobernador. Después, durante la mayor parte del gobierno de Javier Duarte, exponen los perredistas en cuestión, estuvo del lado de JDO, incluso participando en “jugadas” en contra de Miguel Ángel Yunes Linares.

Cuando vio que lo construido por Fidel y continuado por Duarte no tenía futuro y podría derrumbarse -agregan- entonces se unió a Yunes Linares y se convirtió en férreo promotor de lo que tiempo atrás había rechazado: la alianza PRD-PAN para respaldar la candidatura de Yunes, lo que a lo postre le valió para que MAYL lo nombrara secretario de Gobierno y desde ahí fuera parte de la persecución de sus antiguos aliados.

Esos bandazos, nos hacen ver los perredistas, podrían ser lo de menos, pues son el pan de cada día en muchos políticos, pero cometió un error garrafal al no advertir a quién le daba poder. Tras dejar la dirigencia del PRD, nos indican, tuvo buen ojo al maniobrar para que se eligiera como dirigente estatal a Jesús Velázquez, a quien sin problemas manejó. Era tanta la confianza en él que después lo puso como su suplente en la fórmula de la diputación federal plurinominal, de ahí que actualmente Velázquez sea legislador, en tanto Franco está recluido.

Su error estuvo, nos afirman, en autorizar que el sucesor de Velázquez en la presidencia estatal del Sol Azteca fuera Sergio Cadena, un político que al igual que él -nos dicen estos perredistas- ha brincado de un lugar otro y eso le ha permitido ser alcalde de Catemaco en dos ocasiones -de donde tuvo que desaparecer la primera vez que fue edil, por las denuncias en su contra, nos recuerdan- y diputado local.

Quién sabe qué le pasó a Franco, expresan perredistas, pero perdió de vista que Cadena lo desconocería.

Y ahora, añaden, sin nadie a quien rendirle cuentas y tomando decisiones de acuerdo a su entender, ha hundido al Partido de la Revolución Democrática, al descuidar a los cuadros y pelearse con otros.

Los últimos dos acontecimientos que han terminado por elevar el enojo de los perredistas, nos afirman, es que ni cuenta se dio que le iban a quitar a las dos diputadas locales (Perla Eufemia Romero Rodríguez y Lidia Irma Mezhua Campos) para pasarlas a las filas de Morena y se enteró como los demás veracruzanos, la noche en que el coordinador de los legisladores morenistas Juan Javier Gómez Cazarín y el delegado de ese partido, Esteban Ramírez Zepeta, lo hicieron público.

El otro asunto es que ahora lo ven cerca del secretario de Gobierno, Patrocinio Cisneros, no solo por la foto que se hizo circular en la que se les ve dándose la mano, sino por otros encuentros políticos que, afirman perredistas, ha tenido.

Pobre de nuestro partido, dicen estos militantes del PRD.

Perredistas que se han mantenido fieles a su partido, pese a los bandazos y derrotas que ha sufrido por las malas decisiones y a que han prevalecido los intereses personales de quienes han sido sus dirigentes, nos comentan que nunca han visto tan mal al Sol Azteca como ahora.

No solo es que en Veracruz tenga ahora menos militantes y menos votos, nos indican, sino por la situación de desánimo y desconcierto porque la dirigencia estatal no sabe qué hacer ante los problemas actuales o lo que hace va en perjuicio del Partido de la Revolución Democrática.

Hacen el apunte de que Rogelio Franco, el exdirigente del PRD, es quien vive lo peor de la situación tan negativa por la que atraviesa el perredismo, al quedarse a un paso de ser diputado federal y permanecer encarcelado, peeero…

Pero nos dicen estos perredistas que Franco tiene una gran responsabilidad de lo que le sucede al Sol Azteca y lo que le sucede a él. A estos militantes de izquierda señalan que no se les olvida que Franco -así lo afirman- fue el que dio los bandazos más fuertes. Recuerdan que, primero, cayó, porque quiso, en el juego de Fidel Herrera, cuando éste fue gobernador. Después, durante la mayor parte del gobierno de Javier Duarte, exponen los perredistas en cuestión, estuvo del lado de JDO, incluso participando en “jugadas” en contra de Miguel Ángel Yunes Linares.

Cuando vio que lo construido por Fidel y continuado por Duarte no tenía futuro y podría derrumbarse -agregan- entonces se unió a Yunes Linares y se convirtió en férreo promotor de lo que tiempo atrás había rechazado: la alianza PRD-PAN para respaldar la candidatura de Yunes, lo que a lo postre le valió para que MAYL lo nombrara secretario de Gobierno y desde ahí fuera parte de la persecución de sus antiguos aliados.

Esos bandazos, nos hacen ver los perredistas, podrían ser lo de menos, pues son el pan de cada día en muchos políticos, pero cometió un error garrafal al no advertir a quién le daba poder. Tras dejar la dirigencia del PRD, nos indican, tuvo buen ojo al maniobrar para que se eligiera como dirigente estatal a Jesús Velázquez, a quien sin problemas manejó. Era tanta la confianza en él que después lo puso como su suplente en la fórmula de la diputación federal plurinominal, de ahí que actualmente Velázquez sea legislador, en tanto Franco está recluido.

Su error estuvo, nos afirman, en autorizar que el sucesor de Velázquez en la presidencia estatal del Sol Azteca fuera Sergio Cadena, un político que al igual que él -nos dicen estos perredistas- ha brincado de un lugar otro y eso le ha permitido ser alcalde de Catemaco en dos ocasiones -de donde tuvo que desaparecer la primera vez que fue edil, por las denuncias en su contra, nos recuerdan- y diputado local.

Quién sabe qué le pasó a Franco, expresan perredistas, pero perdió de vista que Cadena lo desconocería.

Y ahora, añaden, sin nadie a quien rendirle cuentas y tomando decisiones de acuerdo a su entender, ha hundido al Partido de la Revolución Democrática, al descuidar a los cuadros y pelearse con otros.

Los últimos dos acontecimientos que han terminado por elevar el enojo de los perredistas, nos afirman, es que ni cuenta se dio que le iban a quitar a las dos diputadas locales (Perla Eufemia Romero Rodríguez y Lidia Irma Mezhua Campos) para pasarlas a las filas de Morena y se enteró como los demás veracruzanos, la noche en que el coordinador de los legisladores morenistas Juan Javier Gómez Cazarín y el delegado de ese partido, Esteban Ramírez Zepeta, lo hicieron público.

El otro asunto es que ahora lo ven cerca del secretario de Gobierno, Patrocinio Cisneros, no solo por la foto que se hizo circular en la que se les ve dándose la mano, sino por otros encuentros políticos que, afirman perredistas, ha tenido.

Pobre de nuestro partido, dicen estos militantes del PRD.