/ sábado 19 de junio de 2021

Una tímida celebración

Es en el tercer domingo de junio, cuando la tradición extendida en México y gran parte de Latinoamérica nos invita a celebrar el día del padre. Así, después de conmemorar el día de la familia en marzo, el día del niño en abril, el día de la madre en mayo, junio es el mes para celebrar a los papás.

Resulta interesante observar los fenómenos festivos que emergen alrededor de esta celebración. Por un lado, vemos que carece de la ambientación del día del niño, y por el otro lado, nos damos cuenta que en nada se compara con el enardecimiento y ebullición del día de las madres. Es muy interesante la tímida celebración de este día respecto de las otras celebraciones cuya efusividad es incontenible. Es una pena que su vuelco festivo sea más sencillo respecto de las dos celebraciones que hemos mencionado anteriormente. Sin embargo, podríamos arriesgarnos a señalar que sucede de esta forma por los elementos propios de la cultura que hemos construido. Una cultura que ha encumbrado la imagen de la madre por razones históricas bastante interesantes.

Posiblemente sea a partir de los postulados del psicoanálisis que se ha señalado al padre y su rol. Para el psicoanalista el padre es sinónimo de regla, norma, opresión, autoridad. Así las cosas, la convivencia no es del todo posible por lo que de suyo ya implica esto, y más bien todo se lleva en un estado de tensión. Es muy simple distinguir las formas en las que pareciera que el hombre se despaternaliza, como anhelando una forma de renacimiento libérrimo. El día del padre es la oportunidad perfecta para ser agradecidos con la gran cantidad de hombres trabajadores, quienes desde muy temprano salen al campo para empezar su labor, se dirigen a las construcciones para continuar con su tarea, abren sus tiendas o entran en sus oficinas, se dirigen a sus centros de trabajo, con la intención de conseguir para los suyos el recurso necesario con el cual puedan desarrollarse como familia.

El padre es uno de los principios de la vida del hombre, y también está para los hijos; a su modo y al estilo propio del varón, según los estereotipos de nuestras culturas. Siendo padre cumple con su hermosa vocación en la educación de los hijos, con el desempeño de su rol establece tareas y liderazgos compartidos. El padre también es quien está atento en casa, aguardando la llegada de los hijos; a su estilo sufre ante las situaciones que no entiende y, por si fuera poco, ha de cargar con el peso de una cultura que lo tiene en la mira.

Es en el tercer domingo de junio, cuando la tradición extendida en México y gran parte de Latinoamérica nos invita a celebrar el día del padre. Así, después de conmemorar el día de la familia en marzo, el día del niño en abril, el día de la madre en mayo, junio es el mes para celebrar a los papás.

Resulta interesante observar los fenómenos festivos que emergen alrededor de esta celebración. Por un lado, vemos que carece de la ambientación del día del niño, y por el otro lado, nos damos cuenta que en nada se compara con el enardecimiento y ebullición del día de las madres. Es muy interesante la tímida celebración de este día respecto de las otras celebraciones cuya efusividad es incontenible. Es una pena que su vuelco festivo sea más sencillo respecto de las dos celebraciones que hemos mencionado anteriormente. Sin embargo, podríamos arriesgarnos a señalar que sucede de esta forma por los elementos propios de la cultura que hemos construido. Una cultura que ha encumbrado la imagen de la madre por razones históricas bastante interesantes.

Posiblemente sea a partir de los postulados del psicoanálisis que se ha señalado al padre y su rol. Para el psicoanalista el padre es sinónimo de regla, norma, opresión, autoridad. Así las cosas, la convivencia no es del todo posible por lo que de suyo ya implica esto, y más bien todo se lleva en un estado de tensión. Es muy simple distinguir las formas en las que pareciera que el hombre se despaternaliza, como anhelando una forma de renacimiento libérrimo. El día del padre es la oportunidad perfecta para ser agradecidos con la gran cantidad de hombres trabajadores, quienes desde muy temprano salen al campo para empezar su labor, se dirigen a las construcciones para continuar con su tarea, abren sus tiendas o entran en sus oficinas, se dirigen a sus centros de trabajo, con la intención de conseguir para los suyos el recurso necesario con el cual puedan desarrollarse como familia.

El padre es uno de los principios de la vida del hombre, y también está para los hijos; a su modo y al estilo propio del varón, según los estereotipos de nuestras culturas. Siendo padre cumple con su hermosa vocación en la educación de los hijos, con el desempeño de su rol establece tareas y liderazgos compartidos. El padre también es quien está atento en casa, aguardando la llegada de los hijos; a su estilo sufre ante las situaciones que no entiende y, por si fuera poco, ha de cargar con el peso de una cultura que lo tiene en la mira.