/ miércoles 18 de noviembre de 2020

Veracruz amargo

La población sería feliz en Veracruz con un empleo seguro y estable, pagado con justicia laboral, y con las prestaciones de ley, y garantizado el derecho a la salud pública considerando que 6 de los 8 millones de habitantes están en la miseria y la pobreza según el INEGI.

Pero como cada vez se multiplica el desempleo y empeora la calidad de los hospitales públicos, con todo y el estribillo oficial de que somos un país dichoso y feliz, nada más falso.

Lo paradójico es que Veracruz es una entidad federativa rica y pródiga en recursos naturales, pero habitada por gente jodida. Bastaría referir que doscientas familias son dueñas de más del sesenta por ciento de la riqueza natural y de los bienes materiales.

En el otro lado de la cancha la adversidad canija: uno de cada tres jefes de familia lleva el itacate a casa con el ingresito obtenido en el changarro en la vía pública. Medio millón de paisanos solo hacen dos comidas al día, y mal comidas, dada la precariedad en que viven.

Veracruz ocupa el primer lugar nacional en producción y exportación de trabajadoras sexuales que han de vender el cuerpo para garantizar la torta a la familia.

La desigualdad económica y social alcanza los peores decibeles en Veracruz, mientras, el país, y por añadidura la tierra jarocha, ocupa el primer lugar de corrupción política en el mundo.

Y en tanto la izquierda en el poder sexenal se "da golpes de pecho" dando lecciones de moral pública, muchos de ellos están bajo sospecha. Y lo peor, en el reparto del botín se jalan la cobija y exhiben.

El diputado local de Morena, Magdaleno Rosales, revelando que el secretario General de Gobierno, Éric Cisneros Burgos, adquirió bienes materiales en Baja California, su tierra adoptiva, con recursos públicos de Veracruz… con todo y que el góber machetero lo defendió.

Y sin embargo, igual que con Albert Camus, Premio Nobel de Literatura, los pobres de Veracruz bien pudieran ser felices. Por ejemplo: la felicidad de salir al Golfo de México y/o a los ríos y lagunas a capturar pescaditos para comer. La dicha de jugar con los amigos a la orilla de la playa. La felicidad de mirar y admirar un amanecer y un anochecer. Pero con todo, nadie come conviviendo con los amigos ni tampoco todos los días son buenos en la pesca.

Las caritas sonrientes de la cultura olmeca visualizan un Veracruz contento y dichoso, pues, como se afirma, basta vivir a orilla del mar para que el fósforo bitacal anime y reanime los días y noches adversos, duros y rudos.

Suele ocurrir que la naturaleza humana acepta resignado el destino fatídico. Más, cuando se convoca la sentencia bíblica de que pobre naciste, pobre eres y pobre morirás. Los pobres, "como carne de cañón" de los políticos todos, de izquierda, centro y derecha.

Un proverbio dice que para ser feliz se necesitan dos circunstancias. La primera, tener un trabajo a gusto, y segundo, una persona que te quiera y acepte como eres.

En el caso, ninguna duda de que los seres humanos tienen más de una persona que los ama, pero "veinte y las malas" que la mayoría tienen un trabajo que les disgusta por razones mil. Jornadas extenuantes. Sueldos miserables. Actividad incómoda. Compañeros fastidiosos. El teórico dice que las personas venimos al mundo para ser felices. ¡Vaya broma!

La población sería feliz en Veracruz con un empleo seguro y estable, pagado con justicia laboral, y con las prestaciones de ley, y garantizado el derecho a la salud pública considerando que 6 de los 8 millones de habitantes están en la miseria y la pobreza según el INEGI.

Pero como cada vez se multiplica el desempleo y empeora la calidad de los hospitales públicos, con todo y el estribillo oficial de que somos un país dichoso y feliz, nada más falso.

Lo paradójico es que Veracruz es una entidad federativa rica y pródiga en recursos naturales, pero habitada por gente jodida. Bastaría referir que doscientas familias son dueñas de más del sesenta por ciento de la riqueza natural y de los bienes materiales.

En el otro lado de la cancha la adversidad canija: uno de cada tres jefes de familia lleva el itacate a casa con el ingresito obtenido en el changarro en la vía pública. Medio millón de paisanos solo hacen dos comidas al día, y mal comidas, dada la precariedad en que viven.

Veracruz ocupa el primer lugar nacional en producción y exportación de trabajadoras sexuales que han de vender el cuerpo para garantizar la torta a la familia.

La desigualdad económica y social alcanza los peores decibeles en Veracruz, mientras, el país, y por añadidura la tierra jarocha, ocupa el primer lugar de corrupción política en el mundo.

Y en tanto la izquierda en el poder sexenal se "da golpes de pecho" dando lecciones de moral pública, muchos de ellos están bajo sospecha. Y lo peor, en el reparto del botín se jalan la cobija y exhiben.

El diputado local de Morena, Magdaleno Rosales, revelando que el secretario General de Gobierno, Éric Cisneros Burgos, adquirió bienes materiales en Baja California, su tierra adoptiva, con recursos públicos de Veracruz… con todo y que el góber machetero lo defendió.

Y sin embargo, igual que con Albert Camus, Premio Nobel de Literatura, los pobres de Veracruz bien pudieran ser felices. Por ejemplo: la felicidad de salir al Golfo de México y/o a los ríos y lagunas a capturar pescaditos para comer. La dicha de jugar con los amigos a la orilla de la playa. La felicidad de mirar y admirar un amanecer y un anochecer. Pero con todo, nadie come conviviendo con los amigos ni tampoco todos los días son buenos en la pesca.

Las caritas sonrientes de la cultura olmeca visualizan un Veracruz contento y dichoso, pues, como se afirma, basta vivir a orilla del mar para que el fósforo bitacal anime y reanime los días y noches adversos, duros y rudos.

Suele ocurrir que la naturaleza humana acepta resignado el destino fatídico. Más, cuando se convoca la sentencia bíblica de que pobre naciste, pobre eres y pobre morirás. Los pobres, "como carne de cañón" de los políticos todos, de izquierda, centro y derecha.

Un proverbio dice que para ser feliz se necesitan dos circunstancias. La primera, tener un trabajo a gusto, y segundo, una persona que te quiera y acepte como eres.

En el caso, ninguna duda de que los seres humanos tienen más de una persona que los ama, pero "veinte y las malas" que la mayoría tienen un trabajo que les disgusta por razones mil. Jornadas extenuantes. Sueldos miserables. Actividad incómoda. Compañeros fastidiosos. El teórico dice que las personas venimos al mundo para ser felices. ¡Vaya broma!

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