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Bernardino de Sahagún y el Colegio de Tlatelolco

  • La ciencia desde el Macuiltépetl | Manuel Martínez Morales

Una vez consumada la conquista, los españoles se dedicaron al aprovechamiento de la fuerza de trabajo de los indígenas, sometiéndoles prácticamente a condiciones de esclavitud, sin la menor preocupación por ellos y sin parar en mientes en la horrorosa mortandad provocada entre la población nativa. En poco tiempo, la población fue diezmada y por todas partes lo pueblos indios se rebelaban y combatían a los conquistadores. La corona española, dándose cuenta que esta voracidad y crueldad de los primeros conquistadores conduciría al aniquilamiento de la gallina de los huevos de oro, decidió intervenir y suavizar las condiciones de los indígenas.

Bajo estas nuevas condiciones, muy pronto se despertó el interés de los españoles por los conocimientos adquiridos por los antiguos mexicanos. Entonces se aprovecharon las técnicas indígenas, tanto en el trabajo de las minas como en las faenas agrícolas. Los misioneros aprendieron las lenguas indígenas de los diversos pueblos y las utilizaron como instrumento en su labor de adoctrinamiento. De esta manera se comenzó a descubrir la riqueza de los conocimientos botánicos y médicos obtenidos por los antiguos mexicanos.

En La ciencia en la historia de México, Eli de Gortari nos dice que “la admiración suscitada por los conocimientos alcanzados por los indígenas hizo que se establecieran los medios necesarios para su conservación, su compilación sistemática y su fomento. Las escuelas de artes y oficios, lo mismo que los hospitales y los sanatorios de beneficencia, fueron los primeros centros en donde se mostró con claridad la recíproca influencia que se ejerció entre los conocimientos de los indígenas y los españoles. En 1536 empezó a funcionar el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, fundado tres años antes por el primer virrey, Antonio de Mendoza, que fue el primero establecido en América para la educación superior y la investigación científica entre los indígenas. Durante los 50 años de su funcionamiento, el Colegio de Tlatelolco constituyó un establecimiento científico en el cual se cultivó preferentemente la medicina nahua y, al mismo tiempo, fue la escuela de ciencias políticas en que se preparaba a los hijos de los caciques para el gobierno de los pueblos indios”.

Bernardino de Sahagún fue el principal promotor de las actividades del Colegio de Tlatelolco. Sahagún nace en 1500 en la ciudad que después llevaría su nombre; de 1512 estudia en Salamanca; en 1524 se ordena sacerdote; en 1529 viaja a la Nueva España en compañía de otros veinte frailes; y muere en 1590 en el Convento de San Francisco el Grande. Alrededor de 1536 el fraile franciscano comienza su trabajo en Tepeapulco, con el encargo de elaborar una enciclopedia de la cultura náhuatl. El libro debía escribirse en ese idioma y sus autores serían los mismos indios bajo la dirección del fraile. Sahagún continuó la obra en el Colegio de Tlatelolco.

Sahagún comenzó a reunir indígenas prominentes, buenos conocedores de la cultura prehispánica y a recopilar todo lo que ellos le transmitían, incluyendo documentos pictóricos, amoxtli, que aportaban como pruebas de lo que informaban. En 1536 se incorpora al Colegio de Tlatelolco, continuando con su labor, en donde fue el principal promotor de las actividades de este centro. Entre muchas otras aportaciones de la institución, debe mencionarse el Herbario De la Cruz-Badiano, un manuscrito que data de 1552, el cual constituye el único texto médico completo elaborado directamente por dos investigadores nahuas, Martín de la Cruz y Juan Badiano, ambos profesores del Colegio.

Indudablemente, la obra cumbre de Sahagún es la Historia general de las cosas de la Nueva España, obra monumental que comprende 12 libros que tratan de los temas más diversos de la vida de los nahuas: mitología, literatura, sociología, historia, filosofía, así como un compendio de los conocimientos indígenas en botánica, sistemas de numeración, astronomía, astrología, medicina, farmacopea, comercio, artesanía, propiedades de animales, flores, metales y piedras.

La obra de Sahagún tiene un enorme valor como documento histórico imprescindible para acercarse a la comprensión de la ciencia indígena la cual, como se ha dicho, integraba el conocimiento en una forma inconmensurable con las formas en que se estructura la ciencia moderna.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.