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Como dijo Beltrones: el régimen político está agotado

  • Reynaldo Escobar

Tradicionalmente en el viejo sistema político mexicano, en cada periodo gubernamental, ya sea el del gobierno federal, el de una entidad federativa o el de un municipio, se llamaba a colaborar a los hombres y mujeres de confianza del nuevo mandatario, y después a los hombres  que  por su capacidad, preparación y experiencia resultaban necesarios para el buen funcionamiento del gobierno. Independientemente del número de funcionarios públicos incorporados o ratificados para colaborar con “el que llegaba a mandar”, habría algunos (muy pocos)  a quienes les movía la idea de trabajar para “servir  al pueblo” o para fortalecer el estado democrático de derecho. Y otros más (que siempre han existido) que buscaban trabajo en el gobierno “sólo para robar”.

El poder no se comparte, afirma Maquiavelo, pero la responsabilidad de gobernar forzosa y necesariamente tiene que compartirse por el que manda. De tal forma que existe una corresponsabilidad a partir de que se acepta un empleo en el gobierno, en el que “el jefe debe predicar con el ejemplo” y, por consiguiente, si el jefe es honesto sus colaboradores estarán obligados a serlo; pero si el jefe resulta un ladrón, sus colaboradores también lo serán. Y que nadie se escude tratando de eludir su responsabilidad con el principio de “obediencia jerárquica”, porque en este caso no  aplica.

Por muchos años los mexicanos estuvimos acostumbrados a observar a los gobernantes, como los hombres “del gran poder”, cuyo quehacer público se fundaba en la Constitución Política de la República para elaborar su programa de gobierno sexenal o trianual, para lo cual el presidente de la República, el gobernador de un estado o el alcalde, además de su equipo de trabajo, nombraban un “operador político” que era el principal vocero del gobierno y quien a su vez cuidaba que las órdenes superiores se cumplieran, sin mayor discusión, pero procurando que estuvieran apegadas a la ley. De ahí que se acuñara la frase “todo dentro de la ley, y nadie por encima de la ley”, la cual ha servido para pronunciar discursos políticos, informes de gobierno o ruedas de prensa, en donde se reafirma el principio de Supremacía Constitucional y Estado de Derecho.

Lamentablemente, con la nueva generación de gobernadores se deshumanizó el ejercicio de la política y se perdió el sentido de pertenencia a un “equipo político”, creando en su lugar una cleptocracia que asociada al lema “Divide y vencerás” da como resultado el resquebrajamiento de un gobierno, el encarcelamiento de los gobernantes y la aparición de una lucha fratricida de “todos contra todos”, como la que se acaba de escenificar en la sala de los juicios orales de Pacho Viejo, Veracruz.