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Corrupción, un baile que requiere de dos

  • Glosario del momento | Antonio Ayala Sánchez

Uno de los problemas que mayormente nos aquejan tiene que ver con el alto nivel de corrupción que impera en nuestro país. Un estudio de Transparencia Internacional, publicado a principios de este año, reveló que México —según la percepción de expertos— se ubica entre las naciones más corruptas del mundo y en el último puesto entre las que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Aunque ningún país está exento de esta mala práctica, este fenómeno se ha arraigado al grado de formar parte de la cultura de los mexicanos, que por desgracia han hecho suya la máxima que dice “el que no tranza no avanza”.

Generalmente solemos asociar este mal con la política o el ejercicio de la función pública, pues mayormente en este sector se da cuenta de sobornos, desvío de fondos públicos, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito, obstrucción de la justicia, colusión y nepotismo, entre otros actos cada vez más comunes.

Lo anterior viene a colación luego de que la Dirección de Tránsito y Vialidad del Estado dio a conocer que en lo que va del año 35 agentes de esta corporación han sido multados por actos de corrupción, de los cuales cinco fueron suspendidos ante la comprobación de hechos.

Oficialmente se informó que dichos elementos se vieron involucrados en actos que comprometían su ética profesional, aunque de ello no se supo nada hasta que fueron señalados por los agraviados, que son pocos los que se animan a denunciar estos hechos.

De acuerdo con Arturo Martínez Cruz, encargado de la Dirección de Tránsito, la población aún se resiste a denunciar estos actos ante las autoridades competentes (acusación formal), pero sí lo hace a través de redes sociales (denuncia informal), donde se exhiben numerosos casos de corrupción que involucran a agentes de Tránsito.

“En ocasiones estos actos no se denuncian por temor a grabar un video o audio de los hechos registrados, pero la ciudadanía debe saber que está en todo su derecho de grabar un acto de corrupción, porque es la manera en que se puede emitir una sanción hacia los elementos que lo cometan”, subrayó el funcionario estatal.

Entonces, yo me pregunto, ¿dónde queda la palabra del ciudadano? ¿Significa que sólo evidenciándolos a través de un audio o video se procederá en contra de algún servidor público?

Ciertamente, nuestro deber como ciudadanos es denunciar este tipo de ilícitos. Sin embargo, la mayoría de las personas cree que lo anterior es “pura pérdida de tiempo”, pues consideran que al final del día no habrá sanción ejemplar para los señalados.

La corrupción, que a México le cuesta anualmente alrededor de 347 mil millones de pesos —lo que significa el 9 por ciento del PIB nacional— ha provocado descrédito y desconfianza en las instituciones, que para recobrar su dignidad deberán atacar este fenómeno desde adentro. En el caso de Tránsito, que no solape la existencia de malos elementos, los que sean proclives a corromperse.

Lo anterior no será posible sin el apoyo de los ciudadanos, a quienes se ha exhortado a no formar parte de esta espiral que pareciera no tener fin, para que entre todos contribuyamos a erradicar las famosas “mordidas”.

Como bien dicen, la corrupción es un baile que requiere inevitablemente de dos actores: el corruptor y el corrupto.