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¿Fiestas patrias en desuso?

  • Rebecca Arenas

La inseguridad y el desánimo generalizado de la población auguran este año una celebración muy austera de nuestra Independencia. Al creciente temor de las familias de acudir a espacios públicos hay que  añadir el enojo de la gente hacia el presidente de la República, protagonista estelar del festejo, con el emblemático grito de Independencia.

La falta de entusiasmo de los mexicanos deviene de la percepción generalizada de que no hay nada que celebrar: Pobreza, desigualdad, corrupción, impunidad; violencia delincuencial, desempleo, bajos salarios, corrupción, impunidad. La repetición es deliberada, porque nada escoce más en el ánimo ciudadano que la corrupción pública y privada que vemos sigue floreciendo cada día, junto con el nauseabundo flagelo de la impunidad, el mayor incentivo para seguir delinquiendo.

Ambos han devastado el ánimo nacional, han roto el tejido social, han generado, incluso, que navegue a la deriva el amor patrio, asociándolo con el protagonismo de un Ejecutivo a punto de concluir con más pena que gloria su mandato, a quien se le culpa injustamente de todo cuanto ocurre en el país, cuando todos sabemos que no sería capaz de producir tanto mal; y ante la falta de verdadero arrastre de alguno de los posibles candidatos, que esperanzara a los mexicanos por tener lo que al mandatario actual le falta, para convocarnos a recobrar el rumbo. La eterna esperanza del mexicano promedio, que se queja y consuela festejando con amigos.

No se trata de que haya menos fervor patrio, o de que la gente quiera menos a su único país, lo que ocurre es que hay un automático rechazo a “engordarle el caldo” al presidente de la República, a los gobernadores y hasta a los presidentes municipales. El diálogo ciudadanía-gobierno es inexistente, cada cuál va por distinto carril y jamás confluyen; y esta distancia está amagando con lo poco que queda de identidad, valores y conciencia de nación.

Ante este panorama ha crecido, sobre todo en redes sociales, una iniciativa para que las personas hartas de la violencia que sacude al país “dejen solas” a las autoridades y no asistan a los festejos, y mejor celebren en casa. En Internet ya se cuentan varios blogs y páginas en las que se llama a los ciudadanos a boicotear la festividad patriótica.

No faltará en los próximos años quien proponga se termine el Grito de Independencia por el Ejecutivo federal y que las circunstancias permitan que la ciudadanía festeje públicamente una independencia nacional, sin autoridades que las presidan.

Se dice con frecuencia, y es verdad, que México es mucho más grande que sus problemas, y sus inevitables villanos. Yo coincido plenamente, creo que en tiempos de vacas gordas y también de vacas flacas, como los actuales, el amor por la patria no tiene parangón, pero no se tiene que manifestar coreando a quien no nos merece respeto, porque tampoco se lo merecemos. Habrá que festejar con nuestros familiares y amigos para no perder la tradición ni olvidar nuestro origen ni identidad nacional.

Las fiestas patrias son muy importantes cuando se celebran entre familiares y amigos que comparten el respeto hacia nuestro país y sus principios. ¡Viva México, señoras y señores!

 

rayarenas@gmail.com