imagotipo

Las flores amarillas de linda tarde

  • Tepetototl | Fernando Hernández Flores

San Lorenzo y San Patricio son los pueblos que unen a Joaquina Mendoza Durán y Ascanio Fonseca Fonseca. Una empresa extranjera llega al valle del municipio de Olanchito y Ascanio a la edad de 14 años entró a trabajar al campo bananero. Su salario es raquítico, sin embargo, aprendió de las conversaciones y comentarios que surgían en ese contexto rural.

Ascanio tiene su primera experiencia amorosa con una indígena de Macora, Dominga Arteaga, la Bola de Oro. La señorita lo hizo pasar a su casa a tomar una taza de café, pero ése fue el paso para que en un cuarto oscuro se diera el acercamiento. Con el paso de los días se citaban en el río y ambos disfrutaban de ese amorío salvaje. De esa aventura amorosa queda embarazada la Bola de Oro y no le comenta nada a Ascanio Fonseca. Minga se regresa a su pueblo a tener el chamaco y en el pueblo de San Lorenzo, corre la versión que Ascanio se revolcaba en el río con la Bola de Oro y la había dejado embarazada.

El joven Fonseca va madurando y se enamora de una bella flor de San Patricio, la hija de doña Bonifacia Mendoza y don Valentín Durán. Era hija única, porque los demás eran varones, la que más quería el papá. Don Valentín militaba en el Partido Liberal —rojo— y Ascanio en el Partido Nacional —azul—, desde ahí se dio una leve diferencia. El joven fue cortejando a su Joaquinita, llevándole una flor amarilla de Linda Tarde que cortaba a las orillas del río de San Lorenzo, cada vez que la veía. Ella iba guardando las flores en su almohada, mientras él se llevaba a su casa una flor similar, la cual también guardaba bajo el colchón. De ello atestiguó con el tiempo su hermana de Ascanio, Anita Fonseca, pero lo guardó en secreto.

La familia Fonseca es muy querida y respetada en San Lorenzo, igual la familia Durán de San Patricio. La Quina se va con Ascanio y se la lleva a vivir a San Lorenzo, los familiares de los Fonseca los apoyan. Hasta que el comandante Fulgencio Alvarado a través de un telegrama solicita la presencia del soldado Ascanio Fonseca. Como buen hondureño va a Olanchito y ahí dejará una huella imborrable entre sus compañeros, la gente de otros pueblos. Cumple una misión importante de llevar un telegrama de carácter urgente y en ese transitar se encuentra con la Minga y con su hijo Gabriel. Les menciona que está casado y tiene hijas en San Lorenzo.

Acostado en una hamaca, Ascanio aún vive con su hija consentida Marina Mendoza y tanto en las mañanas como en las tardes le dice: “Ya es hora de la asentadora Durana… Ya voy Chelíiin”, y se responde así mismo. Así le llama a su primera bebida de café.

El antropólogo Jorge Ramírez Lozano nos habla a través de Ascanio Fonseca, en su libro Las flores de linda tarde, una interesante novela con profundos sentimientos muy humanos. Bien lo comenta Alberto Mendoza, nieto de Ascanio: “Usted pertenece a otra generación, a la de los hombres que nacen para multiplicarse como las arenas del mar, es de esos arameos errantes destinados a dejar que su descendencia se esparza por todas las naciones; en pocas palabras: usted es de los benditos de este planeta”. Paxkatkatsini.

venandiz@hotmail.com

Twitter: @tepetototl