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Pobres migrantes; tan lejos de Dios y cercados por los racistas norteamericanos

  • Reynaldo Escobar

Después del triunfo electoral de Donald Trump (8 de noviembre pasado), la expectación por conocer su forma de gobernar al país más poderoso del mundo creció de manera exponencial, a tal grado que en México el presidente Enrique Peña Nieto se apresuró a nombrar como secretario de Relaciones Exteriores al doctor Luis Videgaray Caso, por su cercanía con el esposo de Ivanka Trump y porque en la lógica del presidente mexicano se abriría un canal de comunicación para suavizar los malos tratos que en campaña el candidato republicano despotricó en contra de los migrantes y de los mexicanos en general, acusando de ventajas injustificadas en la relación comercial México-Estados Unidos, y anticipando la ruptura del TLC; además de cerrar fronteras y repatriar a inmigrantes ilegales, al tiempo en que impuso nuevas cuotas arancelarias y anticipó sanciones a inversionistas norteamericanos que se negaran a repatriar sus capitales para abrir fuentes de empleo exclusivas para trabajadores norteamericanos.

Las groserías y desplantes de miembros del gabinete económico y comercial de Donald Trump con que recibieron al doctor Videgaray Caso y al secretario de Economía Ildefonso Guajardo, así como el inicio de la construcción del muro fronterizo y la insistencia de Trump en que de una u otra manera México pagaría por el muro, llegaron a tensar las relaciones diplomáticas entre ambos países; se canceló la visita de Peña Nieto al país del norte y las presiones de los grupos políticos, partidos políticos, personajes de la iniciativa privada, la jerarquía católica, artistas e intelectuales obligaron al presidente Peña Nieto a convocar a la unidad nacional para enfrentar con mayor fuerza las embestidas discursivas de Trump, desatando una auténtica cacería en contra de los migrantes, cuyas familias en total desamparo viven verdaderos dramas por la desintegración familiar, pérdida de sus empleos y encarcelamientos injustificados, que rompen los avances y acuerdos logrados con gobiernos anteriores que consintieron notables avances para la legalización del estatus migratorio, no sólo de mexicanos, sino de latinos y otros grupos étnicos que desde hace más de veinte años llegaron a establecerse en Norteamérica.

Y la expectación y buenos augurios que la oficina de prensa del gobierno mexicano difundió, con antelación al choque diplomático y a la cancelación de la visita de Peña a la Casa Blanca, se vino a tierra, propiciando que el gozo se fuera al pozo, al ver que los elogios del canciller mexicano a su homólogo norteamericano no alcanzaron su propósito; y por lo que se ve, continuamos de mal en peor, quedándonos con todos los agravios que los políticos norteamericanos han enderezado en contra de nuestro país. La rumorología es una actividad que se practica en todos los sectores sociales; y a mayor preparación y mejor  nivel de vida, los rumores llenos de malicia se multiplican por muchas lenguas especializadas en el descrédito, que destruyen a su paso la mejor reputación, sobre todo de la clase política mexicana que no resiste ni se sobrepone al descrédito, por falta de elementos para contrarrestar y destruir (si fueran falsas), las imputaciones calumniosas y vulgares de la mediocridad que caracteriza a quienes viven del rencor y la mentira.

A siete gobernadores que dejaron de serlo por el fin de su mandato ha sido fácil destruir su reputación por la falta de rendición de cuentas, honestidad y transparencia en que incurrieron durante su gestión; con irregularidades tan burdas que les permitieron desvíos de recursos públicos, enriquecimiento ilegítimo y corrupción e impunidad. Por esas razones, la convocatoria a la unidad nacional del presidente Enrique Peña Nieto no tuvo favorable respuesta, porque nadie quiere unirse y seguir tolerando la corrupción oficial; mientras sesenta millones de mexicanos padecen de pobreza extrema, desempleo y marginación; más dieciocho millones de mexicanos permanecen todavía trabajando en los Estados Unidos con la amenaza inminente y cotidiana de ser detenidos y deportados a sus lugares de origen, por la decisión política, inhumana y arbitraria del presidente Donald Trump.

La medida dictada por el presidente Enrique Peña Nieto a la Secretaría de Hacienda y Crédito a Público para entregar mil millones de pesos a los cincuenta Consulados mexicanos establecidos en territorio norteamericano, para financiar la defensa legal de los perseguidos migrantes, no remedia la enfermedad, puesto que sería lo mismo pretender curar el cáncer con una aspirina para esperar el milagro de la curación. El año pasado la hoy candidata del PAN Josefina Vázquez Mota, quien aspira a gobernar el Estado de México, recibió del gobierno mexicano (igual por decreto EPN) mil millones de pesos de subsidio para su fundación “Juntos Podemos”, que tendría el propósito de apoyar a migrantes mexicanos avecindados en territorio norteamericano; sin obligación de rendir cuentas; como si se tratara de recursos propios destinados “a fondos perdidos” y sin comprobación alguna. Pensándolo mal y atendiendo a la rumorología que la muchedumbre ha comenzado a esparcir, el costo de la campaña política para la gubernatura del Edomex es equivalente al costo del subsidio que con adecuada programación se le entregó a Vázquez Mota y a su fundación el año pasado. Con lo que quedaría pagado el favor que los rumorólogos de café le achacan a Vázquez Mota, por haber bajado la guardia al final de la campaña presidencial de 2012, que le permitió al final del proceso electoral recuperarse en las preferencias electorales a don Enrique Peña Nieto y ganar esa elección (sin querer, queriendo) con la ayuda de la candidata blanquiazul.