imagotipo

Traiciones políticas, que se pagan pero no se premian

  • Reynaldo Escobar

En la política y en la guerra, es como en el amor; todo se vale, menos la traición. Los historiadores consignan “una cadena de traiciones” de Morelos a Santa Ana, de Benito Juárez y los miembros de su gabinete, del general Porfirio Díaz a don Francisco Ignacio Madero, y quienes formaron parte de sus gabinetes; de Carranza, Zapata, Obregón, Villa, el general  Plutarco Elías Calles, el ex presidente general Lázaro Cárdenas y etcétera, etcétera, etcétera. Hasta llegar a nuestros días del nuevo milenio, cuya más reciente traición que conmovió a México , fue el asesinato a mansalva del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, a manos de un desconocido Mario Aburto Martínez, quien sin duda fue seleccionado, entrenado y avituallado para cumplir el proditorio crimen, que según vox populi, sirvió para corregir la “equivocación” de los dueños del poder público que vieron peligrar sus intereses, al descubrir la verdadera personalidad y el pensamiento revolucionario y popular del malogrado Luis Donaldo Colosio. Producto de la traición y del complot en el que participaron miembros de su equipo de campaña, facilitando a él o a los sicarios (porque a pesar del tiempo transcurrido no se sabe con certeza cuantos le dispararon al candidato del PRI) y quitando del camino a Luis Donaldo, pudo ser sustituido por el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, tristemente célebre ex presidente de México.

Del doctor Zedillo, se recuerda el error de diciembre cuya culpa fue reconocida por el Secretario de Hacienda Jaime Serra Puche, excluyendo al señor Presidente de toda responsabilidad sobre la quiebra económica más grande y dolorosa que tuvo que pagar el pueblo mexicano; también fue señalado el doctor Zedillo, de traidor al equipo político del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, de quien se distanció, renegó y encarceló al más querido de sus hermanos (por ser el mayor) Raul Salinas de Gortari, atribuyéndole el crimen de José Francisco Ruiz Massieu; y así podríamos seguir escudriñando en las traiciones y venganzas sanguinarias que la historia de México consigna, en cada cambio de la dirección política, que se produce cada sexenio con el alumbramiento del nuevo Tlatoani, que se convierte en el todo poderoso, únicamente por el plazo improrrogable de seis años que dura como titular del Poder Ejecutivo Federal, poder absoluto que prevalece por encima de los otros poderes del Estado, el legislativo y el Judicial; y ni se diga la preeminencia  del titular del Ejecutivo, por encima de los altos funcionarios del gabinete ampliado y organismos autónomos, de los partidos políticos, de los gobernadores y alcaldes y de toda la burocracia nacional; pero el encanto  termina en el momento en que el sucesor rinde protesta para el relevo presidencial y entonces el ex mandamás que deja su cargo debe retirarse a la vida privada y cerrar la boca por él resto de su vida si no quiere sufrir las consecuencias por haber violado esa ley no escrita pero vigente y presente a lo largo de la historia de México, desde su independencia.

Caro han pagado quienes han intentado el ejercicio de un poder transexenal, pues en el peor de los casos, han pagado con su vida y en el menor de los casos, la sanción ha sido el exilio o la prisión domiciliaria, como la que purga en su domicilio de San Gerónimo en la Ciudad de México, el ex presidente Luis Echeverría Alvarez. La Constitución Federal  protege a los Presidentes de México estableciendo que solo por traición a la patria se puede llevar a juicio al titular del Ejecutivo Federal; pero también por delitos de “lesa humanidad”, que es el caso por el que condenó a Echeverría a permanecer privado de su libertad y en lugar de la cárcel, encerrado en su domicilio.

Hay dos ex presidentes de la República, que sin respetar la regla no escrita del silencio y el ostracismo, se han atrevido a seguir hablando y militando en campañas políticas y para su suerte ¿buena o mala? Tanto don Vicente Fox Quesada, como don Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, ahí están, metidos  y obsesionado en lograr reflectores para ellos y votos para los candidatos de sus preferencias o de sus conveniencias. Fox ya habló en favor del candidato del PRI, Meade Kuribreña; y Calderón en favor de la ex primera dama Margarita Zavala Gómez del Campo de Calderón, quien coincidentemente es su esposa. Para ambos ex presidentes, los abucheos, las caricaturas, los memes y burlas en redes sociales, no se han hecho esperar, y esperemos que le bajen volumen a su música, para evitar que en los momentos más caldeados de quienes participan en este proceso electoral, padezcan consecuencias mayores.

Por lo que toca al presidente Enrique Peña Nieto, se le nota aplicado en la preparación para la transmisión de poderes al término del sexenio que le ha tocado presidir; y no solo cuidando la administración pública de la que es el principal responsable; sino también, cuidando el proceso electoral, para garantizar a los mexicanos, que quien logre la mayoría de votos el próximo primero de julio, será reconocido por las instancias oficiales competentes, como el próximo Presidente de México y lo mismo se hará con los aspirantes a gobernadores, a senadores de la República, y a diputados federales y locales cuya elección coincide con la federal. El cuidado de los intereses políticos del presidente Peña Nieto, por ahora está bien resguardados por él mismo y por quienes han sido sus más cercanos colaboradores. Pero ¿qué sucederá? Cuando el licenciado Enrique Peña Nieto haya dejado la Presidencia de la República y tenga que respetar las leyes no escritas del silencio y del ostracismo, tendrá que ser a través de los cuadros políticos que él formó, incluyendo al candidato del PRI doctor José Antonio Meade Kuribreña, y personalidades como Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Miranda, Eruviel Ávila, Aurelio Nuño, Luis Videgaray Caso y otros tantos que continuarán en la función pública y con el sello del político de Atlacomulco, estarán obligados a proteger la imagen y los atributos personales de quien para entonces ya sería el ex presidente de la República, licenciado Enrique Peña Nieto. No hacerlo por quienes fueron beneficiarios del peñismo, sería considerado como un acto de traición al vínculo y si se quiere a la amistad que se estableció al amparo del poder; pues ese vínculo, no se rompe tan fácilmente y tendrán que apechugar lo que suceda en la contienda política y aún después, aquellos que fueron convidados y partícipes de los momentos de gloria que ha vivido bajo la conducción de don Enrique, todo el gobierno de Peña Nieto.

Y ojalá que estuviéramos equivocados en el siguiente colofón, pero nunca faltan traidores rodeando a un poderoso, para que al menor descuido le clave la daga en la espalda; basta recordar la forma en que masacraron al Gran Julio César , los miembros del Senado Romano y la frase que los historiadores atribuyeron al Emperador de Roma, cuando identificó a uno de sus agresores, antes favorecido, todavía con las manos ensangrentadas por la puñalada que le propinó, espetándole en agonía: ¿Tú también Bruto?; frase que sintetiza la sorpresa por la gran traición de Marco Junio Bruto, que ha venido repitiéndose invariablemente en las esferas del poder y en los círculos políticos de todo nivel y de todo el mundo.