/ martes 19 de marzo de 2019

Ciencia y luz / La sociedad ante el colapso

La vida en la Tierra no morirá, sino que seguirá su camino para recuperarse y superar cualquier adversidad ocasionada por la humanidad

El colapso de la civilización actual en la vorágine del capitalismo ya no se puede detener. El destino catastrófico de la humanidad en vista del deterioro ambiental y las múltiples crisis ecológicas a nivel global (provocadas en gran parte por el “progreso” de la industria del capital) que afectan los ecosistemas resulta innegable. No obstante, la vida en la Tierra no morirá, sino que seguirá su camino para recuperarse y superar cualquier adversidad ocasionada por la humanidad, pero no será así para las sociedades que sucumbirán en mayor o menor medida a las transformaciones de los territorios que habitamos.

Para poder pensar de manera geopolítica y actuar de manera local, sostengo que es urgente comprender qué significa el colapso para alimentar el debate sobre lo que está ocurriendo y reconocer las posibles opciones para sobrevivir a lo que lxs zapatistas llamaron la Tormenta; es decir, el resultado de un diagnóstico crítico y bien fundamentado que ilustra la profundización de distintas crisis en el futuro inmediato.

En la obra de Taibo (Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo, Buenos Aires, Libros de Anarres, 2017) podemos rastrear algunas pistas analíticas que nos permitan comprender el contexto mundial actual. Para este autor, el colapso implica “un golpe muy fuerte que trastoca muchas relaciones, la irreversibilidad del proceso consiguiente, profundas alteraciones en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades básicas”. Los factores que atribuyen a ello son diversos: “el cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas, los problemas demográficos y una crisis social y financiera de hondura difícilmente rebajable”. Para acotar el concepto y evitar confusiones teóricas, Taibo aborda seis aristas para la comprensión del colapso.

Primero. No es lo mismo el colapso que la decadencia social; es decir, el colapso puede ser una forma radical de decadencia civilizatoria que se expresa por muchos sentidos y en diferentes grados, aunque esta no sea total. Esta acotación no es nueva. Existen algunas características de colapsos de civilizaciones en el pasado que vale la pena revisar para comprender el contexto actual. Sin embargo, la novedad es que el colapso actual por primera vez en la historia de la humanidad tiene alcances sistémicos.

Segundo. El colapso es un proceso; cada etapa que ocurre nos acerca a la orilla del abismo, pero hay un momento donde el hundimiento será irreversible. El problema es que se suele pensar que llegará en un momento y hora determinada, pero no es así. El colapso puede ser veloz o puede ser lento, quizá si es rápido produzca distintas reacciones de solidaridad o apoyo mutuo entre la gente, por ejemplo como sucedió en el pasado terremoto en México o en escenarios de tragedias similares donde la acción colectiva actúa casi de manera espontánea. Si el colapso se convierte en un proceso más lento es más peligroso, porque “la percepción de que las cosas van a peor genera, antes bien, una mecánica de defensa de los privilegios y propicia las respuestas autoritarias”. Lo más probable es que estemos viviendo ya etapas del colapso en este último sentido.

Tercero. El colapso se constituye de varios colapsos simultáneos; las crisis políticas, los escenarios de guerra, los fenómenos climáticos extremos, las invasiones territoriales, el agotamiento de recursos, la hambruna, entre otros, son consecuencias que preceden al colapso y se expresan con diferentes niveles de profundidad a partir de los contextos urbanos y rurales a nivel planetario.

Cuarto. La complejidad de las sociedades no podrá resolver el colapso; a pesar de que existe una idea más o menos establecida de que la acción de las élites mediante la ciencia o la ingeniería podrá ofrecer alguna solución para salvaguardar la vida humana, es probable que esto no sea así. Antes bien, las élites cuidarán sus intereses políticos y económicos y aunque deseen ofrecer soluciones, éstas requerirán de energía, la cual será escasa en un contexto cada vez más complejo para la producción de cualquier tipo de tecnología. Habrá que recordar que hemos llegado a picos de distintas energías no renovables, entre ellos el petrolero, energético más consumido en todo el orbe.

Quinto. Los códigos valorativos de la sociedad; este argumento supone pensar que el colapso que sintetiza la destrucción de las instituciones existentes que rigen la vida en sociedad acarreará la barbarie social. Pero, ¿no son las instituciones existentes el origen de la barbarie misma que hoy explota a los sectores populares en todo el mundo? Habría que poner en duda si todo lo que sucede en el contexto del postcolapso es negativo para la vida humana.

Sexto. El colapso no es una crisis, ni una catástrofe, ni se opone a resiliencia; aunque se suelen utilizar como sinónimos, no es muy adecuado hacerlo. La crisis más bien apunta a un proceso que puede ser superado porque tiende a enmarcar un periodo histórico. Por su parte, la catástrofe se vincula a procesos de extinción, pero es en realidad una proyección del colapso o de lo que podría suceder. Tampoco el concepto de colapso se contrapone a resiliencia. Si bien el colapso desestabiliza las relaciones, no acaba con la actividad de apoyo entre sujetos diversos.

Contrario a una posición a favor del crecimiento económico como modelo de bienestar social, Taibo defiende una postura política vinculada al decrecimiento de las sociedades como la única salida para postergar las expresiones más profundas del colapso. Por último, tomando en consideración que el capitalismo como sistema ha provocado el cambio climático, la magnitud del agotamiento de recursos estratégicos, el descongelamiento de los polos, la pérdida de bosques y selvas, la falta de agua potable, la expansión de enfermedades, las crisis de sistemas financieros, guerras y un entorno cada vez peor para las mujeres; sumado a la evidente incapacidad del capitalismo para autolimitarse (por ejemplo en el desmedido consumo de energía mundial o el afán de acumulación por despojo), el camino hacia el colapso parece ineludible si no actuamos ahora.

alberto.colinh@gmail.com

El colapso de la civilización actual en la vorágine del capitalismo ya no se puede detener. El destino catastrófico de la humanidad en vista del deterioro ambiental y las múltiples crisis ecológicas a nivel global (provocadas en gran parte por el “progreso” de la industria del capital) que afectan los ecosistemas resulta innegable. No obstante, la vida en la Tierra no morirá, sino que seguirá su camino para recuperarse y superar cualquier adversidad ocasionada por la humanidad, pero no será así para las sociedades que sucumbirán en mayor o menor medida a las transformaciones de los territorios que habitamos.

Para poder pensar de manera geopolítica y actuar de manera local, sostengo que es urgente comprender qué significa el colapso para alimentar el debate sobre lo que está ocurriendo y reconocer las posibles opciones para sobrevivir a lo que lxs zapatistas llamaron la Tormenta; es decir, el resultado de un diagnóstico crítico y bien fundamentado que ilustra la profundización de distintas crisis en el futuro inmediato.

En la obra de Taibo (Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo, Buenos Aires, Libros de Anarres, 2017) podemos rastrear algunas pistas analíticas que nos permitan comprender el contexto mundial actual. Para este autor, el colapso implica “un golpe muy fuerte que trastoca muchas relaciones, la irreversibilidad del proceso consiguiente, profundas alteraciones en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades básicas”. Los factores que atribuyen a ello son diversos: “el cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas, los problemas demográficos y una crisis social y financiera de hondura difícilmente rebajable”. Para acotar el concepto y evitar confusiones teóricas, Taibo aborda seis aristas para la comprensión del colapso.

Primero. No es lo mismo el colapso que la decadencia social; es decir, el colapso puede ser una forma radical de decadencia civilizatoria que se expresa por muchos sentidos y en diferentes grados, aunque esta no sea total. Esta acotación no es nueva. Existen algunas características de colapsos de civilizaciones en el pasado que vale la pena revisar para comprender el contexto actual. Sin embargo, la novedad es que el colapso actual por primera vez en la historia de la humanidad tiene alcances sistémicos.

Segundo. El colapso es un proceso; cada etapa que ocurre nos acerca a la orilla del abismo, pero hay un momento donde el hundimiento será irreversible. El problema es que se suele pensar que llegará en un momento y hora determinada, pero no es así. El colapso puede ser veloz o puede ser lento, quizá si es rápido produzca distintas reacciones de solidaridad o apoyo mutuo entre la gente, por ejemplo como sucedió en el pasado terremoto en México o en escenarios de tragedias similares donde la acción colectiva actúa casi de manera espontánea. Si el colapso se convierte en un proceso más lento es más peligroso, porque “la percepción de que las cosas van a peor genera, antes bien, una mecánica de defensa de los privilegios y propicia las respuestas autoritarias”. Lo más probable es que estemos viviendo ya etapas del colapso en este último sentido.

Tercero. El colapso se constituye de varios colapsos simultáneos; las crisis políticas, los escenarios de guerra, los fenómenos climáticos extremos, las invasiones territoriales, el agotamiento de recursos, la hambruna, entre otros, son consecuencias que preceden al colapso y se expresan con diferentes niveles de profundidad a partir de los contextos urbanos y rurales a nivel planetario.

Cuarto. La complejidad de las sociedades no podrá resolver el colapso; a pesar de que existe una idea más o menos establecida de que la acción de las élites mediante la ciencia o la ingeniería podrá ofrecer alguna solución para salvaguardar la vida humana, es probable que esto no sea así. Antes bien, las élites cuidarán sus intereses políticos y económicos y aunque deseen ofrecer soluciones, éstas requerirán de energía, la cual será escasa en un contexto cada vez más complejo para la producción de cualquier tipo de tecnología. Habrá que recordar que hemos llegado a picos de distintas energías no renovables, entre ellos el petrolero, energético más consumido en todo el orbe.

Quinto. Los códigos valorativos de la sociedad; este argumento supone pensar que el colapso que sintetiza la destrucción de las instituciones existentes que rigen la vida en sociedad acarreará la barbarie social. Pero, ¿no son las instituciones existentes el origen de la barbarie misma que hoy explota a los sectores populares en todo el mundo? Habría que poner en duda si todo lo que sucede en el contexto del postcolapso es negativo para la vida humana.

Sexto. El colapso no es una crisis, ni una catástrofe, ni se opone a resiliencia; aunque se suelen utilizar como sinónimos, no es muy adecuado hacerlo. La crisis más bien apunta a un proceso que puede ser superado porque tiende a enmarcar un periodo histórico. Por su parte, la catástrofe se vincula a procesos de extinción, pero es en realidad una proyección del colapso o de lo que podría suceder. Tampoco el concepto de colapso se contrapone a resiliencia. Si bien el colapso desestabiliza las relaciones, no acaba con la actividad de apoyo entre sujetos diversos.

Contrario a una posición a favor del crecimiento económico como modelo de bienestar social, Taibo defiende una postura política vinculada al decrecimiento de las sociedades como la única salida para postergar las expresiones más profundas del colapso. Por último, tomando en consideración que el capitalismo como sistema ha provocado el cambio climático, la magnitud del agotamiento de recursos estratégicos, el descongelamiento de los polos, la pérdida de bosques y selvas, la falta de agua potable, la expansión de enfermedades, las crisis de sistemas financieros, guerras y un entorno cada vez peor para las mujeres; sumado a la evidente incapacidad del capitalismo para autolimitarse (por ejemplo en el desmedido consumo de energía mundial o el afán de acumulación por despojo), el camino hacia el colapso parece ineludible si no actuamos ahora.

alberto.colinh@gmail.com

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