/ martes 5 de marzo de 2019

Ciencia y luz / El quehacer científico y su invisible inequidad

Si el conocimiento científico es una creación de la humanidad que se compone casi por igual tanto de hombres como de mujeres

¿De cuántas ideas brillantes se pierde la humanidad debido a la falta de equidad de género en la ciencia?

Lynn Margulis fue una brillante bióloga evolucionista que generó la teoría de la endosimbiosis, la cual explica el origen de porqué algunas células tienen núcleo. Pero para muchos, esto no es tan relevante como decir que fue la esposa de Carl Sagan, el astrobiólogo mejor conocido por la serie televisiva Cosmos.

Así como Lyyn, también la química Marie Lavoissier y la matemática Mileva Maric han quedado invisibles para la historia debido a los reflectores de sus respectivas parejas: Antonie Lavoissier –declarado el padre de la química moderna– y Albert Einstein, que ni siquiera necesita presentación.

Foto: Cortesía


La brecha de género

Al pensar en los seres humanos que son reconocidos mundialmente por su legado científico, ¿Quiénes se te vienen a la mente? ¿Cuántos son hombres y cuántos son mujeres? La exclusión e invisibilidad de las mujeres en la ciencia es una cuestión histórica. Lamentablemente en pleno siglo XXI sigue existiendo una enorme brecha de género.

Se esperaría que, si la población mundial está compuesta en un 50.5% por hombres y un 49.5% por mujeres, esta proporción se reflejara en las actividades de los sectores productivos, como es el caso del ámbito científico; sin embargo, sólo el 30% de las personas que se dedican a la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres, según la Organización de las Naciones Unidas.

En el caso de México, de los más de 25 mil investigadores registrados en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), sólo un poco más de 9 mil o el 36.2 % son mujeres –así lo detalla un estudio estadístico del Foro Consultivo Científico y Tecnológico en 2016–.

Foto: Cortesía


La brecha salarial

La brecha salarial de género en nuestro país es inadmisible. El informe del Instituto Nacional de las Mujeres de 2016, calcula que un hombre con estudios de maestría y doctorado gana 35.1% más que una mujer con el mismo grado académico.

Noemí Waksman, mexicana y doctora en ciencias químicas, manifiesta que si analizáramos la manera en la que han sido culturalmente diseñados los roles de género, entenderíamos porqué el saber científico es un espacio donde las mujeres no han tenido un fácil acceso.

La ciencia, como actividad humana, se encuentra relacionada con los sujetos que la hacen, con su realidad biológica, sociocultural, política e histórica.

Pareciera que la actividad científica que demanda dedicación de tiempo completo, largas jornadas de trabajo y horarios extendidos está pensada para ser ejercida sólo desde las necesidades masculinas. En un estudio de la filósofa Diana Maffía se describe cómo es que muchas mujeres científicas retrasan su maternidad u optan por no tener hijos, y si son madres se dan a la tarea de hacer equilibrios heroicos a costa del tiempo personal, o incluso abandonan la carrera científica.

“Eso no es para ti”

El sexo hace referencia a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, mientras que el género es una construcción social que diferencia roles, responsabilidades y oportunidades de hombres y mujeres en un contexto determinado. Lourdes Fernández, investigadora de la relación entre ciencia y género, declara que los estereotipos de género consideran a las chicas como idóneas para las ciencias “blandas” y a los chicos para las ciencias “duras”. El estudio estadístico mencionado anteriormente sobre el SNI también reveló que hay más investigadores hombres en ciencias exactas e ingenierías (cerca del 40%) y hay más investigadoras en ciencias sociales y humanísticas (aproximadamente el 50%).

En una charla Julieta Fierro comentó que, siendo niña, su madre le dijo que ella no podía estudiar matemáticas como sus hermanos varones.

Ella terminó siendo una reconocida astrónoma y divulgadora de la ciencia, pero ¿cuántas mujeres en su niñez no habrán escuchado palabras desalentadoras que las alejaron de una carrera científica? Como es sabido el Premio Nobel es considerado la máxima distinción mundial por los hallazgos y contribuciones en los campos de literatura, paz, y ciencia; respecto a las categorías científicas (economía, física, química y medicina) se han premiado a 1226 científicos de los cuales sólo 24 han sido mujeres.

Si el máximo galardón de la humanidad exhibe un machismo vergonzoso, qué podemos esperar de los programas nacionales de educación y, más aún, de lo que ocurre en cada aula del mundo. Si el conocimiento científico es una creación de la humanidad que se compone casi por igual tanto de hombres como de mujeres, ¿qué pasaría si existiera equidad de género en el ámbito científico? ¿De qué manera esto impactaría en el curso de la ciencia, tecnología e innovación? ¿Cuántas ideas brillantes estamos dejando ir por el prejuicio, la ignorancia y el miedo?

citaguilera@uv.mx

Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana.

¿De cuántas ideas brillantes se pierde la humanidad debido a la falta de equidad de género en la ciencia?

Lynn Margulis fue una brillante bióloga evolucionista que generó la teoría de la endosimbiosis, la cual explica el origen de porqué algunas células tienen núcleo. Pero para muchos, esto no es tan relevante como decir que fue la esposa de Carl Sagan, el astrobiólogo mejor conocido por la serie televisiva Cosmos.

Así como Lyyn, también la química Marie Lavoissier y la matemática Mileva Maric han quedado invisibles para la historia debido a los reflectores de sus respectivas parejas: Antonie Lavoissier –declarado el padre de la química moderna– y Albert Einstein, que ni siquiera necesita presentación.

Foto: Cortesía


La brecha de género

Al pensar en los seres humanos que son reconocidos mundialmente por su legado científico, ¿Quiénes se te vienen a la mente? ¿Cuántos son hombres y cuántos son mujeres? La exclusión e invisibilidad de las mujeres en la ciencia es una cuestión histórica. Lamentablemente en pleno siglo XXI sigue existiendo una enorme brecha de género.

Se esperaría que, si la población mundial está compuesta en un 50.5% por hombres y un 49.5% por mujeres, esta proporción se reflejara en las actividades de los sectores productivos, como es el caso del ámbito científico; sin embargo, sólo el 30% de las personas que se dedican a la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres, según la Organización de las Naciones Unidas.

En el caso de México, de los más de 25 mil investigadores registrados en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), sólo un poco más de 9 mil o el 36.2 % son mujeres –así lo detalla un estudio estadístico del Foro Consultivo Científico y Tecnológico en 2016–.

Foto: Cortesía


La brecha salarial

La brecha salarial de género en nuestro país es inadmisible. El informe del Instituto Nacional de las Mujeres de 2016, calcula que un hombre con estudios de maestría y doctorado gana 35.1% más que una mujer con el mismo grado académico.

Noemí Waksman, mexicana y doctora en ciencias químicas, manifiesta que si analizáramos la manera en la que han sido culturalmente diseñados los roles de género, entenderíamos porqué el saber científico es un espacio donde las mujeres no han tenido un fácil acceso.

La ciencia, como actividad humana, se encuentra relacionada con los sujetos que la hacen, con su realidad biológica, sociocultural, política e histórica.

Pareciera que la actividad científica que demanda dedicación de tiempo completo, largas jornadas de trabajo y horarios extendidos está pensada para ser ejercida sólo desde las necesidades masculinas. En un estudio de la filósofa Diana Maffía se describe cómo es que muchas mujeres científicas retrasan su maternidad u optan por no tener hijos, y si son madres se dan a la tarea de hacer equilibrios heroicos a costa del tiempo personal, o incluso abandonan la carrera científica.

“Eso no es para ti”

El sexo hace referencia a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, mientras que el género es una construcción social que diferencia roles, responsabilidades y oportunidades de hombres y mujeres en un contexto determinado. Lourdes Fernández, investigadora de la relación entre ciencia y género, declara que los estereotipos de género consideran a las chicas como idóneas para las ciencias “blandas” y a los chicos para las ciencias “duras”. El estudio estadístico mencionado anteriormente sobre el SNI también reveló que hay más investigadores hombres en ciencias exactas e ingenierías (cerca del 40%) y hay más investigadoras en ciencias sociales y humanísticas (aproximadamente el 50%).

En una charla Julieta Fierro comentó que, siendo niña, su madre le dijo que ella no podía estudiar matemáticas como sus hermanos varones.

Ella terminó siendo una reconocida astrónoma y divulgadora de la ciencia, pero ¿cuántas mujeres en su niñez no habrán escuchado palabras desalentadoras que las alejaron de una carrera científica? Como es sabido el Premio Nobel es considerado la máxima distinción mundial por los hallazgos y contribuciones en los campos de literatura, paz, y ciencia; respecto a las categorías científicas (economía, física, química y medicina) se han premiado a 1226 científicos de los cuales sólo 24 han sido mujeres.

Si el máximo galardón de la humanidad exhibe un machismo vergonzoso, qué podemos esperar de los programas nacionales de educación y, más aún, de lo que ocurre en cada aula del mundo. Si el conocimiento científico es una creación de la humanidad que se compone casi por igual tanto de hombres como de mujeres, ¿qué pasaría si existiera equidad de género en el ámbito científico? ¿De qué manera esto impactaría en el curso de la ciencia, tecnología e innovación? ¿Cuántas ideas brillantes estamos dejando ir por el prejuicio, la ignorancia y el miedo?

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