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Cine Diario / La gran muralla, de Zhang Yimou

  • Juan José González Mejía
  • en Cultura

En un santiamén, el director chino Zhang Yimou coloca su narración improbable en una línea de verosimilitud épica-fantástica cuyo andamiaje visual oscila entre lo espectacular y lo personal. Sin embargo, el hálito de esto último no logra cuajar ante el desvío de su discurso por la formalidad de las batallas mediante el CGI (Imagen Generada por Computadora).

La gran muralla es un filme bisagra en la nueva geopolítica. Ante la cerrazón del mercado chino a las películas estadounidenses que no les sean afines, Hollywood al parecer le ha apostado ahora a la coproducción, pero no sólo eso: a la complacencia temática.

Con la vehemencia estilística de Yimou, La gran muralla es una carta de amor a la historia y leyendas y tradiciones que han zurcido a ese país asiático. Así, el filme ubica su historia en tiempos de la invención de la pólvora (dinastía Song del Norte) cuando las  huestes de la Orden de los Sin Nombre tienen la misión vitalicia de proteger la Gran Muralla contra los invasores enemigos.

La irrupción de los aventureros occidentales William/ Matt Damon y Tovar/ Pedro Pascal, mercenarios de la pólvora, permite que el nervio narrativo del filme estalle y se convierta en una pirotecnia preciosista de Yimou, alejada de la conocida vena de introspección que el director de Sorgo rojo/ 1987 y Héroe/ 2002 inyecta a sus puestas en escena.

Los personajes no son sometidos al rigor estético, parecen meros artefactos de recitar diálogos y vehículos para ilustrar las acciones. Incluso, lo que más parece un ajuste de edición final –el rol confuso de Williem Dafoe– se convierte en una apresurada sobriedad más de forma que de fondo.

Ni las criaturas contra las que se enfrentan los guerreros, ni las coreografías reveladoras, ni los despliegues de tradiciones ancestrales (el funeral del general de la orden) son suficientes para salvar un filme complaciente y nada severo en su formalidad histórica.

Damon no logra compaginar su personaje con el de la diva Tian Jing, la comandante y luego general de la Orden. Todo funciona en razón de una cosa: lograr posicionarse en el extenso mercado chino, que los números avalan puesto que el solo día del estreno el filme recaudó el costo de la película. Esperemos que no la conviertan en una trilogía…

*Colaborador