/ viernes 16 de agosto de 2019

Editan Rayuela conmemorativa

Presentaron edición conmemorativa con textos de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Sergio Ramírez, Adolfo Bioy Casares y Mario Vargas Llosa

Publicada hace 56 años, Rayuela, de Julio Cortázar (1914-1984), refrenda su vigencia entre los nuevos lectores, tan fresca como La última cena de Leonardo da Vinci, señalaron los escritores Gonzalo Celorio, Rosa Beltrán y Eduardo Casar.

El pasado martes dieron a conocer una edición conmemorativa de la novela, compuesta por un glosario, un índice onomástico y textos de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Sergio Ramírez, Adolfo Bioy Casares y Mario Vargas Llosa.

Editada por Alfaguara, la Real Academia Española y la Asociación de la Lengua Española, en esta edición se incluye también una reproducción facsimilar del Cuaderno de bitácora, hecho por el propio Cortázar, algo que no había sucedido desde 1983.

“Mi problema sigue siendo, como debiste sentirlo al leer Rayuela, un problema metafísico, un desgarramiento continuo entre el monstruoso error de ser lo que somos como individuos y como pueblos en este siglo, y la entrevisión de un futuro en el que la sociedad humana culminaría por fin en ese arquetipo del que el socialismo da una visión práctica y la poesía una visión espiritual. Desde el momento en que tomé conciencia del hecho humano esencial, esa búsqueda representa mi compromiso y mi deber”, escribió en 1967 el autor.

Desde su aparición, la novela de Cortázar llamó la atención de lectores, críticos y escritores, como Jorge Luis Borges, quien aseguró: “Y en 1963 explotó la bomba. La publicación de Rayuela marcó la cumbre de la narrativa contemporánea en lengua castellana, por lo que tenía de revolucionaria y anticipativa. La tradición realista quedaba dinamitada”.

El autor de La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa, dijo: “El efecto de Rayuela cuando apareció, en 1963, en el mundo de lengua española, fue sísmico. Removió hasta los cimientos las convicciones o prejuicios que escritores y lectores teníamos sobre los medios y los fines del arte de narrar y extendió las fronteras del género hasta límites impensables”.

El Premio Nobel de Literatura afirmó que “gracias a Rayuela aprendimos que escribir era una manera genial de divertirse, que era posible explorar los secretos del mundo y del lenguaje pasándola muy bien, y que jugando, se podían sondear misteriosos estratos de la vida vedados al conocimiento racional, a la inteligencia lógica, simas de las experiencias a las que nadie puede asomarse sin riesgos graves, como la muerte y la locura”.

El escritor peruano-español no dudó en comentar que “Rayuela estimuló las audacias formales en los nuevos escritores hispanoamericanos como pocos libros anteriores o posteriores (…) rebosa vida por todos sus poros, es una explosión de frescura y movimiento, de exaltación e irreverencia juveniles, una resonante carcajada frente a aquellos escritores que, como solía decir Cortázar, se ponen cuello y corbata para escribir. Ha tenido incontables imitadores, pero ningún discípulo”.

En la presentación, los tres escritores mexicanos hablaron sobre sus peculiares experiencias con ese libro que, a pesar de tener 56 años, no ha envejecido. Por ejemplo, el director de la Academia Mexicana de la Lengua, Gonzalo Celorio, dijo que su vida se transformó radicalmente, tanto personal como profesionalmente. Pocos libros tienen ese poder de fascinación, ya que no sólo te hacen cambiar tus ideas sino tu vida misma, y curiosamente esto mismo le sucedió a muchos hombres y mujeres de mi generación, explicó.

Rosa Beltrán señaló que Julio Cortázar es uno de sus escritores predilectos, sobre todo en su faceta de cuentista.

En tanto, Eduardo Casar reconoció que Rayuela le hizo cambiar su modo de pensar y de leer. Me dolió en mi amor propio, porque tuve que leerlo acompañado de un Larousse ilustrado, debido a que los conocimientos del escritor argentino sobre arte, literatura y jazz son muy amplios, tomando en cuenta que antes yo leía a Conan Doyle y Dumas.

Oportunidad

La edición podría ayudar a que los jóvenes se acerquen por primera vez o relean una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana.

Publicada hace 56 años, Rayuela, de Julio Cortázar (1914-1984), refrenda su vigencia entre los nuevos lectores, tan fresca como La última cena de Leonardo da Vinci, señalaron los escritores Gonzalo Celorio, Rosa Beltrán y Eduardo Casar.

El pasado martes dieron a conocer una edición conmemorativa de la novela, compuesta por un glosario, un índice onomástico y textos de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Sergio Ramírez, Adolfo Bioy Casares y Mario Vargas Llosa.

Editada por Alfaguara, la Real Academia Española y la Asociación de la Lengua Española, en esta edición se incluye también una reproducción facsimilar del Cuaderno de bitácora, hecho por el propio Cortázar, algo que no había sucedido desde 1983.

“Mi problema sigue siendo, como debiste sentirlo al leer Rayuela, un problema metafísico, un desgarramiento continuo entre el monstruoso error de ser lo que somos como individuos y como pueblos en este siglo, y la entrevisión de un futuro en el que la sociedad humana culminaría por fin en ese arquetipo del que el socialismo da una visión práctica y la poesía una visión espiritual. Desde el momento en que tomé conciencia del hecho humano esencial, esa búsqueda representa mi compromiso y mi deber”, escribió en 1967 el autor.

Desde su aparición, la novela de Cortázar llamó la atención de lectores, críticos y escritores, como Jorge Luis Borges, quien aseguró: “Y en 1963 explotó la bomba. La publicación de Rayuela marcó la cumbre de la narrativa contemporánea en lengua castellana, por lo que tenía de revolucionaria y anticipativa. La tradición realista quedaba dinamitada”.

El autor de La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa, dijo: “El efecto de Rayuela cuando apareció, en 1963, en el mundo de lengua española, fue sísmico. Removió hasta los cimientos las convicciones o prejuicios que escritores y lectores teníamos sobre los medios y los fines del arte de narrar y extendió las fronteras del género hasta límites impensables”.

El Premio Nobel de Literatura afirmó que “gracias a Rayuela aprendimos que escribir era una manera genial de divertirse, que era posible explorar los secretos del mundo y del lenguaje pasándola muy bien, y que jugando, se podían sondear misteriosos estratos de la vida vedados al conocimiento racional, a la inteligencia lógica, simas de las experiencias a las que nadie puede asomarse sin riesgos graves, como la muerte y la locura”.

El escritor peruano-español no dudó en comentar que “Rayuela estimuló las audacias formales en los nuevos escritores hispanoamericanos como pocos libros anteriores o posteriores (…) rebosa vida por todos sus poros, es una explosión de frescura y movimiento, de exaltación e irreverencia juveniles, una resonante carcajada frente a aquellos escritores que, como solía decir Cortázar, se ponen cuello y corbata para escribir. Ha tenido incontables imitadores, pero ningún discípulo”.

En la presentación, los tres escritores mexicanos hablaron sobre sus peculiares experiencias con ese libro que, a pesar de tener 56 años, no ha envejecido. Por ejemplo, el director de la Academia Mexicana de la Lengua, Gonzalo Celorio, dijo que su vida se transformó radicalmente, tanto personal como profesionalmente. Pocos libros tienen ese poder de fascinación, ya que no sólo te hacen cambiar tus ideas sino tu vida misma, y curiosamente esto mismo le sucedió a muchos hombres y mujeres de mi generación, explicó.

Rosa Beltrán señaló que Julio Cortázar es uno de sus escritores predilectos, sobre todo en su faceta de cuentista.

En tanto, Eduardo Casar reconoció que Rayuela le hizo cambiar su modo de pensar y de leer. Me dolió en mi amor propio, porque tuve que leerlo acompañado de un Larousse ilustrado, debido a que los conocimientos del escritor argentino sobre arte, literatura y jazz son muy amplios, tomando en cuenta que antes yo leía a Conan Doyle y Dumas.

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